En Estancia Clarín, ubicada en el este de Formosa y sobre la frontera con Paraguay, la ganadería tiene un objetivo definido: producir vientres productivos, adaptados a las condiciones del norte y capaces de generar más terneros. Ese criterio atraviesa el trabajo de selección genética que Laura De Hertelendi lleva adelante junto con su familia desde hace décadas.
“Yo soy criadora de alma, mi obsesión es tener vientres productivos y lograr muchos y cada vez mejores terneros, y mientras tanto seguir mejorando la genética de nuestro rodeo”, define esta productora del norte argentino.

De Hertelendi es contundente cuando habla de los criterios de selección. Para ella, el valor de un animal no está solamente en su aspecto o en su genética, sino fundamentalmente en su capacidad de producir dentro del sistema. “La vaca que no produce, no importa que se venda, se tiene que ir. Ese es el concepto básico”, resumió.
Eso explica el remate Origen Formosa, cuya quinta edición se realizará el 28 de octubre y que este año estará concentrada exclusivamente en Brangus colorado. La subasta estará a cargo de la firma Colombo y Magliano y en el remate se ofrecerán hembras de distintas categorías, entre terneras recriadas, vaquillonas para servicio y vaquillonas y vacas preñadas, con el objetivo principal de poblar y mejorar rodeos comerciales.

“Cuando nosotros comercializamos ganado, no vendemos un reproductor, vendemos nuestro rodeo y su historia”, dijo la ganadera, al explicar que detrás de cada hembra hay generaciones de selección por productividad y adaptación. La oferta de la próxima subasta rondará los 1.000 vientres y estará integrada por animales provenientes de tres establecimientos.
Para la productora, el desafío de la ganadería argentina pasa justamente por aumentar la producción de terneros y no simplemente por buscar vacas cada vez más grandes. “Hay que producir más terneros, hay que lograr más eficiencia de la vaca”, sostuvo. En su visión, genética, alimentación, sanidad y manejo deben avanzar juntos y terminar siendo medidos por resultados productivos.

En Estancia Clarín, ese planteo se desarrolla sobre unas 16.000 hectáreas, de las cuales alrededor de 5.500 corresponden a pasturas. El campo es mayormente natural y tiene una característica propia del ambiente formoseño: sectores altos y zonas bajas que pueden permanecer encharcadas.
El principal recurso implantado es el pangola, mientras que en los bajos comenzaron a incorporar tangola, una especie que se adapta a ambientes con exceso de agua. “El pangola se da más en las alturas, en lo que es campo alto, y el tangola sería para campos encharcados”, explicó.

La implantación tampoco responde al esquema tradicional de una pastura de la región pampeana. Ambos pastos se multiplican por muda. En Clarín primero preparan semilleros y luego utilizan la parte aérea de las plantas para multiplicarlas en los distintos ambientes. “No es como en la Pampa Húmeda, allá uno tira una semilla y sabe que en tantos días va a brotar”, describió.
El pangola, además, es una pastura de larga duración. “Tenemos pangoles de 60 años, son perennes y responden al manejo”, señaló. Según De Hertelendi, dependiendo del manejo, el pangola puede duplicar o triplicar la producción del campo natural.
La carga ronda los 250 a 260 kilos por hectárea y las pasturas se utilizan estratégicamente para las categorías más exigentes, especialmente la recría. Allí aparece otro de los puntos centrales del planteo: lograr una buena recría para que las futuras madres lleguen rápido al servicio.
“Una vaca que se recría mal, que entró mal a su primer servicio, tiene una vida a los tumbos o falla”, explicó. En Clarín apuntan a preñar las vaquillonas a los 18 meses, porque llegar antes al primer servicio también tiene un impacto económico sobre el sistema.

Con este manejo, el establecimiento mantiene una producción de entre 75% y 80% de ternero logrado sobre el rodeo completo. Para la criadora, esa es la medida que finalmente permite saber si la selección genética y el manejo están cumpliendo su objetivo.
Pero el sistema productivo de Clarín tiene, además, una dificultad que excede a la producción: la inseguridad rural. La estancia posee varios kilómetros de frontera sobre el río Paraguay y unas 3.000 hectáreas permanecen actualmente vacías debido al riesgo que implica mantener hacienda en esa zona.
“Si tenés hacienda expuesta, la frontera es muy peligrosa”, advirtió De Hertelendi. Recordó incluso un enfrentamiento ocurrido cerca del establecimiento, en el que murieron dos personas que habían ingresado para carnear animales.

La situación, según explicó, también dificulta poblar los campos y conseguir personal dispuesto a vivir allí. “Es un problema de soberanía también, es un problema laboral también, porque la gente tiene miedo. Es muy difícil poblar hoy esos lugares”, afirmó.
Para la productora, la solución no pasa por que los productores asuman tareas de seguridad, sino por una mayor presencia estatal en la frontera. “Yo soy productora, no soy policía”, aclaró. Y pidió que el sector periodístico y las entidades gremiales eleven el reclamo por un problema que, según sostuvo, ya afecta tanto al patrimonio como a la calidad de vida de quienes producen en el norte argentino.





