La capacidad exportadora de maíz por parte de Brasil se viene reduciendo de manera significativa a la par de un aumento progresivo de la producción del cereal.
Detrás de ese fenómeno aparece un cambio estructural: la demanda interna viene compitiendo fuerte con el programa exportador, especialmente la destinada a la elaboración de bioetanol.
“El contraste se ve con claridad: el consumo industrial de maíz en Brasil pasaría de 19 a 37 millones de toneladas en tan solo cuatro años y, mirado contra el promedio de los últimos cinco años, el consumo interno total de la 2026/27 crecería un 42%, en tanto las exportaciones caerían más de un 10%”, destaca un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario.
Los técnicos de la entidad rosarina estiman, en base a proyecciones del USDA, que en 2026/27 Brasil podría destinar un 31% de la producción nacional de maíz a usos industriales. Si esa proyección se cumple, el gigante sudamericano entonces habrá logrado triplicar el uso industrial del cereal en apenas un lustro. Impresionante.
El contraste con el caso argentino es marcado, porque en 2025/26, según el balance de oferta y demanda de la Bolsa de Comercio de Rosario, el uso industrial de maíz se habría ubicado en una proporción equivalente al 6,6% de la cosecha nacional.
En caso de que se apruebe la nueva ley de biocombustibles que se está tratando en el Congreso (y todo indica que así será), la Argentina podría aspirar a incrementar el uso interno de maíz con fines industriales.
La industria argentina de bioetanol, que además del biocombustible elabora burlanda de maíz, tiene proyectos de inversión en carpeta por varios miles de millones de dólares en el nuevo marco regulatorio establecido por la ley de biocombustibles presente en el Poder Legislativo.






