La empresa avícola Calisa, perteneciente al Grupo Motta, puso en marcha una nueva planta procesadora de aves en General Racedo, Entre Ríos, que demandó una inversión de 45 millones de dólares y que, una vez que alcance su máxima capacidad operativa, le permitirá cuadruplicar su volumen de producción. La apuesta responde a una lectura optimista sobre el futuro del negocio avícola, tanto en el mercado interno como en el internacional.
Así lo contó Augusto Motta, referente de la compañía, quien explicó que el proyecto comenzó a gestarse en 2018 y atravesó distintas dificultades que demoraron su concreción, entre ellas la pandemia, los brotes de influenza aviar y los vaivenes económicos y políticos del país. Finalmente, la nueva instalación comenzó a funcionar el 31 de agosto pasado y actualmente atraviesa una etapa de estabilización productiva.
La inversión fue financiada en partes prácticamente iguales: cerca del 50% provino de la reinversión de utilidades de los propietarios, la familia Motta, mientras que el resto se cubrió con créditos de bancos nacionales y financiamiento internacional.

El salto productivo que permitirá esta instalación es significativo. Calisa procesa actualmente alrededor de 2 millones de aves mensuales y la nueva planta tiene capacidad potencial para llevar ese volumen hasta los 8 millones. En una primera etapa, la puesta en funcionamiento permitió incrementar un 35% la capacidad productiva de la empresa en la línea de pollos.
Sin embargo, alcanzar ese techo llevará tiempo y requerirá inversiones adicionales en distintos eslabones de la cadena. Motta explicó que, para abastecer la nueva capacidad, será necesario ampliar la infraestructura de granjas integradas, los metros cuadrados de alojamiento de aves, las plantas de alimentos balanceados y la capacidad de acopio.
La nueva planta estará dedicada exclusivamente al procesamiento de pollos, mientras que las instalaciones anteriores mantienen una producción que combina pollos parrilleros y gallinas ponedoras. Calisa es la única empresa del sector que combina ambas producciones: carne de pollo y huevos. La empresa también cuenta con una planta de termoprocesados, donde actualmente produce unas 500 toneladas mensuales, de las cuales la mitad corresponde a productos cocidos. Se trata de alimentos listos para consumir que abastecen, entre otros clientes, a cadenas como Subway y Burger King.
En paralelo a la puesta en marcha de la inversión, Calisa consiguió adherirse al Régimen de Incentivo a las Nuevas Inversiones (RINI) de Entre Ríos, una herramienta impulsada por el gobierno provincial junto al Consejo Federal de Inversiones. El beneficio contempla eventuales exenciones fiscales durante 15 años, vinculadas al crecimiento productivo que consiga demostrar la empresa, incluyendo ventajas en Ingresos Brutos y costos energéticos.
Motta aclaró que no se trata de un subsidio ni de un aporte para financiar la construcción de la planta, ya que el proyecto estaba en marcha desde 2018. El régimen funciona como un incentivo asociado al incremento de la actividad. Desde el comienzo de la iniciativa hasta su puesta en funcionamiento, la empresa aumentó un 42% su plantilla laboral, incorporando unas 260 personas. Además, la nueva planta generó 60 puestos de trabajo adicionales.
Detrás de semejante desembolso hay una apuesta de largo plazo por el negocio avícola. “Consideramos que es un sector privilegiado, un sector que mirando hacia adelante potencialmente tiene un crecimiento muy significativo”, sostuvo Motta.
El empresario destacó que el consumo mundial de carne de pollo continúa expandiéndose, impulsado por la demanda de proteínas y por las oportunidades que abre la menor tasa de crecimiento de la producción y el consumo de carne vacuna en distintas regiones. Mencionó particularmente el avance del consumo en países de África y Asia, además de las posibilidades comerciales que podrían abrirse con el nuevo acuerdo entre Argentina y Estados Unidos. También señaló que la compañía busca recuperar y profundizar sus vínculos comerciales con Canadá, mercado con el que mantiene contactos desde 2014.
“El mundo está ávido de materia avícola, de carne y de alimentos referentes a nuestro sector. Es muy promisorio lo que vemos”, afirmó. Para Calisa, la nueva planta no solamente representa más capacidad de faena y procesamiento, sino también una plataforma tecnológica para desarrollar nuevos alimentos y aprovechar las oportunidades que aparezcan en los mercados internacionales.
La apuesta, de todos modos, no se limita a construir capacidad industrial: el desafío será acompañar ese crecimiento con más producción primaria, nuevos galpones y una mayor integración de toda la cadena avícola.





