Durante la tarde de este jueves, la Comisión Provincial del Té (Coproté) se reunió en la localidad misionera de Campo Viera para acordar los precios de referencia de cara a la zafra 2026/27, que está próxima a comenzar con las cosechas pautadas a partir de octubre.
Este año, el “precio garantía” del brote de té puesto en secadero, es decir el que percibe el productor primario que lo entrega a la industria, se fijó en 110 pesos, mientras que el del té elaborado no tipificado, el que sale del secadero, en 715 pesos.
Desde la comisión se jactan de haber concertado “por sexto año consecutivo” un precio dentro del sector. Pero no es un sentimiento que compartan los colonos, que percibirán casi la mitad de exigido y aseguran que las cifras “son indignantes”

“Nuestra asociación fue la única que se opuso a lo acordar. Yo me abstuve de votar y firmé el acta en disconformidad”, explicó a Bichos de Campo Karina Gural, productora de yerba mate y té de Campo Viera, y representante de la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones (APAM) en la discusión sectorial.
Karina ve la historia repetirse, porque del mismo modo que ocurre con la yerba, señala que el precio que se pretende pagar por los brotes de té entregados a los secaderos no alcanza siquiera a cubrir los costos que hoy tienen los colonos.
De hecho, los 110 pesos por kilo dispuestos en la reunión de comisión representan apenas un 10% de incremento del precio fijado el año pasado. Inicialmente, para la zafra 2025/26 se había acordado unos 95 pesos, que terminó ajustándose a 100. Ahora, teniendo en cuenta la inflación acumulada, de un 22,7% entre diciembre de 2025 y julio de 2026, el nuevo valor no sostiene siquiera el poder adquisitivo.
“Este año entendíamos que, por lo menos, la industria tenía que tener en cuenta la inflación. Pensábamos que si iniciábamos en más o menos 130 pesos la zafra estaría medianamente encaminada”, señaló Gutal, a quien ya no sorprende ser testigo de una historia repetida: el año pasado, se habían sentado sobre la mesa con una oferta de 130 pesos y obtuvieron 95; ahora, lo hicieron con una de 200 pesos y obtuvieron 110.
“Nosotros nos plantamos porque el precio no representa el costo real que tenemos, que es de cerca de 200 pesos por kilo. El valor fijado está muy por debajo y no da para trabajar. Hace años que venimos con esta situación”, lamentó.

Con costos en su mayoría dolarizados y en aumento -sobre todo en lo que respecta a insumos y combustible- y la necesidad de afrontar también el pago de impuestos, los colonos advierten que están hace varias campañas descuidando la producción. Y la razón es muy sencilla: no alcanza para subsistir y encima invertir.
“Con ese precio nosotros cosechamos, pero le estamos sacando lo último que tiene la planta. No le estamos dando el alimento e insumos que necesita para que dé la calidad que corresponde. Eso es lo que la industria no entiende”, apuntó la productora, que incluso empieza a percibirlo en su chacra, donde los teales “no dan los rindes que deberían dar por hectárea”.
“Si esto sigue durante muchos años, las plantaciones van a ir decayendo”, desliza, y usa una comparación muy sencilla para ilustrarlo: “No podés comer sólo lechuga todos los días porque no llegás a ningún lado”.
Tampoco el sector primario cuenta con herramientas suficientes para ejercer presión en la negociación, por el hecho de que, en su mayoría, son pequeños y medianos productores que necesitan seguir trabajando para sobrevivir.
“El productor, aunque le paguen ese precio, igual va a cosechar. Yo misma tengo que cosechar porque, si no, ¿de qué voy a vivir?” señaló la referente.
Y agregó: “Trabajar vamos a trabajar, porque es lo único que tenemos. Vivimos del trabajo”. En su caso, que hace más de 30 años que se dedica a la actividad, sabe que una de las formas de esquivar el quebranto es trabajar ella misma junto a su marido la chacra, porque no pueden darse el “lujo” de contratar mano de obra.

Con unas 30.000 hectáreas distribuidas en todo su territorio, Misiones concentra casi la totalidad de la producción tealera argentina, que, tras el proceso de industrialización, suele exportarse mayoritariamente a Estados Unidos, ya que aquí hay poco consumo interno para absorberlo.
Pero las últimas campañas hubo sobrestock y, a la difícil situación en las chacras se le sumó la caída de las exportaciones, por lo que desde la industria alegan que, de por sí no hay demasiado margen para pagar precios elevados al productor. Según señalan, necesitan casi 5 kilos de brote verde para obtener un kilo seco y que, por ende, les quedan no más de 220 para cubrir la elaboración, energía, mano de obra, financiamiento y obtener margen.
Todo ello, teniendo en cuenta que paguen efectivamente el “precio de garantía” de 110 pesos. De hecho, para asegurarse que ese compromiso -de por sí demasiado bajo- se cumpla, desde la provincia anunciaron medidas de fomento y beneficios específicos para la industria, a los que sólo podrán acceder si respetan el pago a las chacras.
“La idea del gobierno fue darles ayuda a las industrias para que puedan llegar a un precio con el que nosotros podamos trabajar. Pero la industria ya se llevó muchísimos beneficios y ayuda del gobierno y no volcó prácticamente nada hacia la producción”, responden los pequeños productores.
Para los secaderos se dispuso una bonificación del 20% de la tarifa eléctrica entre noviembre y abril, además de cubrir el 100% de la potencia mínima contratada durante los meses en que permanezcan inactivos. Las industrias que compran directamente energía a Cammesa también recibirán una bonificación del 20% sobre el costo de su transporte, mientras que los exportadores podrán acceder a créditos de hasta 200.000 dólares -a una tasa fija anual del 2,5%-, y a un reintegro del 30% del flete hasta el puerto.
El paquete contempla además el descuento de cheques diferidos de entre 30 y 90 días con la tasa completamente bonificada para las operaciones realizadas al precio de garantía, lo que permite que a los productores se le pague a mayor plazo. Para los prestadores de servicios, además, se habilitará un fondo rotatorio de hasta 10 millones de pesos por beneficiario, a una tasa del 10%.
A los productores bancarizados de hasta ocho hectáreas se les permitirá financiar la compra de fertilizantes a una tasa subsidiada del 16,5%, con un máximo de 2 millones de pesos por productor y hasta cubrir un fondo global de 1000 millones. Sin dudas, en la repartija fueron el eslabón que menos obtuvo.
“Las industrias se están quedando con todo. No quieren compartir. Siempre es la materia prima del pequeño productor, la hoja verde, la que tiene que absorber todos los aumentos, mientras las industrias siguen creciendo gigantemente. Evidentemente, mal no les va”, expresó la dirigente de APAM, que lamenta que todo se reduce a un mismo diagnóstico: “Falta una política agropecuaria”.
De cara a la próxima reunión, fijada para el mes de noviembre, desde la asociación sostienen que el reclamo se mantiene inalterable. “Nosotros seguimos plantados en los 200 pesos. La industria podrá pagar lo que quiera, pero desde la asociación no aceptamos de ninguna manera llegar a un acuerdo para iniciar la zafra con esos precios irrisorios que ofrecieron”, afirmó Gural.





