En medio de un panorama complicado para la ganadería patagónica, atravesada por una sequía histórica, problemas sanitarios y mercados que no siempre acompañan, Ronald Mac Donald mantiene una mirada más bien serena.
El administrador de las estancias cordilleranas de la Compañía de Tierras del Sud Argentino (CTSA), el histórico grupo ligado a Benetton, reconoce las dificultades pero insiste en que la producción en el sur siempre ha sido un ejercicio de adaptación.
“Creo que el productor agropatagónico ha tenido a lo largo de la historia siempre una capacidad de adaptación, porque han cambiado muchas cosas”, explicó durante una charla con Bichos de Campo en la reciente Exposición Rural de Bariloche.
Mac Donald administra los establecimientos que la compañía posee en la franja cordillerana comprendida entre Bariloche y Esquel. Allí, en cuatro estancias —Pichanileufú, El Maitén, Leleque y Montoso— la empresa desarrolla principalmente ganadería bovina y forestación, aunque su historia productiva está íntimamente ligada al ovino.
La Compañía de Tierras del Sud Argentino es uno de los mayores propietarios rurales del país y maneja más de 900 mil hectáreas en Argentina, muchas de ellas en la Patagonia, donde combina distintos sistemas productivos que incluyen ganadería, forestación y algunas experiencias agrícolas.
En ese contexto, la situación actual del ovino aparece cargada de desafíos. El propio Mac Donald reconoce que se acumulan varios factores adversos. Pero al mismo tiempo advierte que el diagnóstico no es tan lineal como a veces se plantea.
“Si uno lo analiza desde el punto de vista comercial, los valores de la lana y los valores de la carne no son malos”, sostuvo. Según explicó, el problema radica muchas veces en la dinámica productiva de la región, y la Patagonia es un sistema marcadamente estacional.
“Como la Patagonia siempre es zafra, las cosas se producen una vez al año. Entonces se producen cuellos de botella logísticos o de oferta y demanda. Cuando hay oferta baja la demanda sube, pero nosotros no podemos sostener el mercado de provisión todo el año por una cuestión climática”, describió.
Ese carácter estacional obliga a los productores a convivir con picos de oferta que presionan sobre los precios o generan dificultades logísticas para colocar la producción. Para Mac Donald, parte de la solución podría pasar por repensar los esquemas comerciales tradicionales. “Hay que buscar la factibilidad de ser un poquito menos estructurado y buscar más mercados, buscar salidas a los productos en los momentos en que no se producen”, planteó.
La adaptación, insiste, ha sido históricamente la clave para producir en un ambiente tan exigente. “No es fácil, pero indudablemente hay que adaptarse, porque uno no puede cambiar los precios y por lo general tampoco puede cambiar las condiciones climáticas”, resumió.
Y justamente el clima es hoy el principal problema. Este verano dejó una de las sequías más duras que recuerdan los productores de la región. “Hace treinta y cuatro años que estoy en la zona y no la he visto nunca”, dijo Mac Donald. La gravedad de la situación no se limita al deterioro del pastizal natural, base del sistema ganadero patagónico.
“No solamente está en juego el recurso forrajero natural, sino el agua”, advirtió. Y aclaró: “El agua para los animales, para la gente, para todo”.
Mirá la entrevista con Ronald Mac Donald:
En ese escenario, el manejo productivo se vuelve más delicado. Los establecimientos deben ajustar cargas, medir el estado de los pastizales y, en algunos casos, modificar esquemas productivos para atravesar la emergencia.
“Se va trabajando en ajuste de carga, en mediciones de pastizales para ver qué cantidad de carga se puede hacer, en el manejo forrajero, buscar alternativas”, explicó.
Entre esas alternativas aparecen desde cambios de categorías animales hasta estrategias puntuales de suplementación o racionamiento. Todo depende, aclara, de las condiciones del campo y también de lo que permita el mercado.
Pero más allá de la coyuntura, Mac Donald insiste en que el negocio ovino no está condenado. “El mercado no es malo”, repitió.
El diagnóstico cambia cuando se cruza el alambrado hacia la ganadería bovina. Allí, el contexto general del país muestra una situación más favorable para los criadores, con precios firmes y una demanda relativamente sostenida.
En la Patagonia, sin embargo, las condiciones varían según la ubicación. “La zona en la que estamos nosotros está en el límite de lo que apunta más hacia el norte que hacia el sur”, explicó.
Esa ubicación intermedia condiciona el valor de los terneros, ya que los centros de engorde se encuentran mayoritariamente hacia el norte del país.
“Un ternero no vale lo mismo acá que lo que vale en Santa Cruz, porque los centros de engorde están más al norte y los centros de consumo vuelven para el sur”, señaló.
Aun así, el panorama general es positivo. “En líneas generales el precio es sostenido, con una demanda estable. La ganadería vacuna está en un buen momento”, evaluó.
En los campos de la cordillera chubutense y rionegrina la actividad bovina se concentra principalmente en la cría. Con el tiempo, muchos establecimientos abandonaron las etapas de recría o engorde por los costos que implicaban.
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Sin embargo, el actual escenario de precios vuelve a abrir algunas posibilidades.
“Este es un año que los precios por ahí permiten pensar quizá en una recría a través de la agricultura con riego, con determinado tipo de alimento, como puede ser una remolacha forrajera”, explicó.
La recría en la región, de hecho, nunca desapareció del todo. “De hecho está, y en la zona del norte se hace”, aclaró.
En el caso de los campos que administra, ubicados en zonas más marginales desde el punto de vista climático, la empresa está evaluando alternativas de agricultura intensiva bajo riego para complementar los sistemas ganaderos.
La idea es justamente mitigar los efectos de las sequías y generar reservas forrajeras que permitan sostener los rodeos en años difíciles.




