Arsenio Saihueque es un experimentado esquilador e instructor originario de la Patagonia argentina, cuya evolución va desde el aprendizaje de técnicas tradicionales con tijeras manuales hasta la especialización en métodos mecánicos y la creación de sistemas de esquila para especies como el guanaco y la llama. Su tesón y curiosidad lo llevaron a competir y representar al país en competencias mundiales.
Arsenio es inquieto, le encanta que le pregunten sobre su actividad y tiene mucho para contar. En sus palabras danza la pasión por lo que hace. Pasa de las condiciones de vida en el campo, el desgaste físico del oficio, la crisis que enfrenta la profesión debido a los bajos salarios, y la falta de apoyo gremial, porque no han sido impedimentos para que él siga eligiendo esta tarea y trascendiendo límites.
Nació en Gobernador Costa, un pueblo ubicado al sur de la Patagonia en la precordillera de Chubut, emplazado sobre la Ruta 40. Creció en el campo de sus abuelos, en una época donde, según relata, “la vida era muy difícil debido a los climas extremos”.
“Antes nevaba mucho desde abril hasta septiembre, acumulándose más de un metro de nieve, lo que provocaba la muerte de muchos animales e inundaciones posteriores”, recuerda Arsenio.

Se formó como esquilador de manera natural, porque “en el campo nacés y te criás viendo el ciclo de la oveja”, remarca. Sus padres y abuelos le enseñaron el oficio utilizando tijeras manuales, que fueron las primeras herramientas que conoció. A los 16 años comenzó a salir a trabajar fuera de su casa, aprendiendo un poco de cada esquilador con el que compartió en el camino de su larga trayectoria.
En 2004 eran 10 las provincias adheridas al programa nacional Prolana y Arsenio fue convocado por Nación para dictar cursos como instructor de esquila. Fiel custodio de la transición tecnológica y metodológica de la esquila en Argentina, empezó con la tijera manual, específicamente la marca Vigornia, pero luego adoptó la tijera mecánica, que permite sacar más animales en turnos de dos horas y cuarto.
“He cambiado tres métodos: antiguamente se esquilaba con la oveja maneada (atada de las patas). En los años 90, a través de cursos del INTA, aprendí el sistema desmaneado (suelto) o sistema australiano (Tally Hi), que es mejor para el animal y reduce el desgaste físico del esquilador. En 2015, aprendí el método más reciente con un instructor sudafricano en la estancia La Lochiel de Camarones, denominado New Pattern“, repasa.
Como esquilador profesional, Saihueque destaca los desafíos de un oficio de gran desgaste físico, que se puede realizar plenamente hasta los 45 años debido al esfuerzo de estar agachado durante horas. Además, especifica los problemas económicos y sociales de una baja remuneración, considerando que “el pago es malo y hay demasiados intermediarios entre el dueño del equipo y el esquilador”. También menciona las duras condiciones de las campañas, donde muchas veces “deben dormir bajo un camión o un monte y bañarse cada 15 días”.
En su juventud realizaba campañas de hasta seis meses, recorriendo Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Eso lo introdujo cada vez más en este mundo.
También le llegó el momento de innovar. Fue pionero en crear un sistema para esquilar guanacos y llamas. Observó que el método tradicional de voltear un guanaco entre cuatro personas estresaba demasiado al animal. Por eso, desarrolló un sistema para voltear y esquilar al guanaco en solitario, el cual diseñó primero en un cuaderno y luego perfeccionó en la práctica.

A partir de su destreza técnica, desarrolló sistemas innovadores para el manejo de grandes animales que fueron patentados por el programa Prolana, lo que le permitió recorrer el norte del país enseñando estas técnicas. El punto de partida fue la estancia de los hermanos Mazquiarán, en Río Mayo, quienes esquilaban guanacos para exportar su lana a Francia. Allí, Arsenio se propuso terminar con el estrés que sufrían los animales en el sistema tradicional, que requería de cuatro personas para voltearlos.
Tras diez días de práctica intensa, diseñó un método para realizar la tarea en solitario: “De tanto voltear guanaco solo, saqué el sistema”, recuerda sobre esta técnica que permite obtener una fibra excepcional, de entre 13 y 14 micrones, ideal para la confección de indumentaria de alta calidad. Si bien en Chubut la actividad disminuyó porque varios criaderos soltaron a sus animales debido a regulaciones de fauna, el método fue adaptado con éxito por el programa nacional para la esquila de llamas en el norte argentino.

Al haber saltado la tranquera de su campo, salido del horizonte geográfico de su tierra y recorrido el país, Arsenio fue por más. Logró una gran trayectoria internacional participando en campeonatos mundiales en países como Nueva Zelanda, Escocia y Francia, financiando sus viajes mediante el esfuerzo personal y patrocinadores locales. Sobre esto, el profesional resalta “el honor” de representar a su país.
“He representado a Argentina en Nueva Zelanda –mi primer viaje internacional-Francia (2019) y Escocia (2023), donde viajé solo y competí en la categoría de tijera manual”, relata.
Gran parte de estos viajes fueron financiados por él mismo, buscando sponsors en su pueblo o con ayuda del Ministerio de la Producción de la provincia, ya que no suele haber acompañamiento estatal constante. “Todo depende de cada uno, si te querés profesionalizar tenés que hacer cursos y te vas relacionando con instructores que vienen de otros países”, resalta.

“Si sos bueno te ven, se generan las oportunidades para ir a los mundiales”, continúa el esquilador que asegura que “cuando me invitan nunca digo no. A veces no sé dónde quedan esos países, pero voy”.
Además, suele ser invitado para los campeonatos de Chile, donde desde hace cuatro años participa como jurado tras forjar un estrecho vínculo con el equipo trasandino durante el mundial de Francia. Ese salto al escenario internacional comenzó en 2016, cuando fue “descubierto” por un instructor sudafricano que vino a Chubut a dictar capacitaciones. Este instructor, que era el manager del equipo de Sudáfrica, junto al australiano Peter Blackm, vieron en él las condiciones para competir al más alto nivel.
Arsenio reflexiona sobre la profesionalización del oficio en otros países: “Allá es como un partido de fútbol, tienen director técnico. A nosotros nos falta mucha experiencia y toma de decisiones”.

Mientras que en otras potencias laneras la esquila es un deporte nacional con grandes estructuras, en Argentina la actividad competitiva interna ha decaído. “El programa Prolana antes organizaba torneos provinciales y nacionales, estos se dejaron de hacer por el alto costo que implicaba la logística y los premios”, cuenta.
Esta falta de apoyo se siente especialmente en los mundiales. Mientras que delegaciones de otros países viajan con equipos de 10 o 15 personas, los representantes argentinos suelen ser apenas uno o dos, costeándose casi todo por su cuenta. La determinación de Saihueque es tal que, en su último viaje a Escocia, se animó a ir completamente solo, guiándose únicamente con su teléfono celular para llegar a destino y competir en la categoría de tijera manual.

Luego de su rico recorrido, actualmente, Arsenio se dedica a la enseñanza en escuelas primarias y destaca “la importancia de la educación temprana, utilizando juegos y herramientas de madera para transmitir esta cultura a los niños”.
Utilizando una técnica que vio en Nueva Zelanda, enseña a los niños a esquilar usando peluches y tijeras de madera, para luego mostrarles la esquila real con animales. Su objetivo es revalorizar el oficio y motivar a los más chicos a profesionalizarse.
“Con la esquila uno hace mucha amistad, me invitaron a un campeonato de chicos de la escuela en nueva Zelanda”, cuenta. Ahí pudo ver que la competencia se replicaba con los peluches. Le llamó tanto la atención que a veces con el celular y otras con un traductor de Chile, pudo hacer preguntas sobre lo que le inquietaba para aprender.
De esa experiencia, le llamó la atención que “allá a los niños no se les compra juguetes, lo primero son los peluches y las tijeras de madera para aprender la esquila, y hay muchas mujeres en las campañas de esquila también”.
“Yo acá consigo dos animales, máquina y tijera manual; les hablo, les paso videos y llevo peluches y tijeras de madera. Todos se prenden”, asegura.

Para Arsenio, la esquila es un oficio apasionante que abre las puertas al mundo, ya que permite trabajar y viajar durante todo el año siguiendo los ciclos productivos de diferentes países. Con la sabiduría que le dio su largo recorrido, hoy está abocado a la creación de un museo en su casa de Gobernador Costa, donde planea exhibir las herramientas y recuerdos de sus andanzas.
Este espacio no solo será un refugio para sus memorias de los mundiales en Nueva Zelanda, Francia y Escocia, sino también un lugar para poner en valor la cultura del trabajo rural que lo hizo grande y que heredó de su familia.




