Las lecturas en torno a la crisis vitivinícola son por demás variadas. Quizá, las más completas, o mejor informadas, son las que se escuchan desde dentro del sector -tanto del primario como del industrial- donde los dardos apuntan no sólo a los cambios en el consumo, sino también a otro factor clave: los altos costos productivos.
Es una variable que muchas veces la política evita señalar, pero que los propios actores ponen en relieve. Lo cierto es que el precio de la energía, la mano de obra y los insumos ha crecido muy por encima de las ventas, lo que, sumado a la presión fiscal y el costo de la inversión, complejiza el panorama sectorial.
“¿De qué se trata esta crisis?” fue una de las preguntas que repitió Bichos de Campo en el encuentro organizado por la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) en Mendoza, a propósito del comienzo de la vendimia 2026. Y uno de los que recogió el guante fue José Alberto Zuccardi, un histórico productor y bodeguero, dueño de la firma homónima.

“Es una crisis compleja porque tiene una pata muy importante, la financiera”, explicó Zuccardi, que ve réplicas de ello tanto en las dificultades atravesadas por el sector bodeguero -donde grandes firmas han arrojado balances negativos y quiebras- como también en el consecuente derrame hacia el sector primario, naturalmente el eslabón más débil de la cadena.
En ese sentido, el ex presidente de la Coviar opina que “hay un sufrimiento innecesario en el sector”, pues como es una crisis explicada fundamentalmente por el aumento de costos -entre muchos otros factores-, puede trabajarse en iniciativas que apunten a revertirlo. Las bajas impositivas y el acceso al crédito son ejemplos de ello.
“Es indispensable que se vuelva a políticas financieras que acompañen a los sectores productivos”, expresó.
Así y todo, para este referente, que forma parte del sector desde 1976, la actual no es una crisis terminal, o al menos no la más compleja en la historia vitivinícola. “Siempre los procesos de sobrestock con una limitación financiera han sido los peores, pero esta no es la peor crisis”, explicó.
Probablemente ese título aún le corresponda a lo sucedido en la década del ochenta, cuando un tercio de los viñedos desaparecieron, la superficie bajó de 330.000 hectáreas a 220.000 en 10 años, y el sector tuvo que reconvertirse por completo.
La salida de esa gran crisis, sin embargo, dejó algunas enseñanzas y fórmulas a las que la vitivinicultura echa mano cuando la soga aprieta. A fin de cuentas, desde los años noventa en adelante, el cooperativismo cobró fuerza en el sector, los productores y el vino argentino se relanzó como un producto de alta calidad y prestigio global.
“Hemos pasado por muchas crisis, y hemos salido fortalecidos de cada una de ellas. Vamos a salir más fuerte de esta crisis”, expresó Zuccardi, que igualmente no descarta que eso se corresponda con bajas en los niveles de producción y hasta incluso -como se viene viendo- mayores procesos de concentración, con cierre de viñedos menos productivos o más chicos.
Nuevamente, insiste el referente, todo dependerá de la pata financiera. “El vino argentino tiene una muy buena imagen y potencial para crecer. En la medida en que vayamos a una estructura acorde y a una a una política productiva donde el sector financiero esté al servicio de la producción, esta actividad crecerá. En la medida en que eso no ocurra, esta actividad seguirá sufriendo”, auguró.
Lejos de ser una cooperativa como las muchas que hay en el sector -y que hoy controlan no menos de un tercio del mercado-, el caso de la bodega Zuccardi ilustra un modelo asociativo particular que, en contextos de crisis, es igual de efectivo.
“En mi empresa, somos productores que nos integramos para poder seguir siendo productores y para desarrollar marcas”, explicó el dueño de la firma, que hoy integra a viñateros chicos y medianos bajo una única etiqueta que garantiza una gran red de distribución y, por ende, rentabilidad.
Esa es una de las soluciones sobre la que insisten regularmente las voces autorizadas del sector. “A la vitivinicultura hay que verla como un conjunto. Es importante que el productor no se desprenda de sus uvas, sino que participe hasta la última etapa que es la comercialización”, concluyó Zuccardi.




