La industria frigorífica que abastece al mercado interno enfrenta un escenario cada vez más complejo: plantas que trabajan con una elevada capacidad ociosa, costos que siguen creciendo y un consumidor que no logra convalidar mayores precios para la carne.
Así lo planteó la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CAINCA), que puso el foco en las plantas de la provincia de Buenos Aires orientadas al consumo interno. Según el relevamiento difundido por la entidad, de 71 empresas analizadas, la utilización de la capacidad instalada no llega al 70%, lo que implica que alrededor del 31% permanece ociosa.
“Es indispensable tomar medidas”, reclamó CAINCA, al advertir que “el uso de la capacidad instalada de las plantas que abastecen el consumo interno ni siquiera alcanza el 70%”.

La situación combina una baja utilización de las instalaciones con estructuras de costos cada vez más pesadas. La entidad señaló que la industria enfrenta incrementos en servicios y tarifas, entre ellos energía, salud, seguros y tasas, mientras que los volúmenes procesados no permiten aprovechar plenamente la estructura instalada.
“La industria lucha por mantenerse a flote en un contexto de costos crecientes y sin perspectivas de aumentar sus volúmenes de producción en el corto plazo”, sostuvo CAINCA. Y vinculó esa situación con la pérdida de poder de compra del consumidor, que sigue percibiendo que la carne tiene un precio elevado.

El problema, según la cámara, no pasa solamente por producir más. Una planta frigorífica necesita mantener habilitaciones, controles sanitarios y condiciones específicas de funcionamiento aun cuando trabaje por debajo de su capacidad. Por eso, cuando cae el volumen faenado, los costos fijos pesan todavía más sobre cada kilo producido.
“En este escenario, nuestras estructuras de costos distan de ser eficientes, pues los precios relativos de la economía aún no se han acomodado”, planteó la entidad, que tomó el costo de la energía como uno de los ejemplos más claros de esta situación.
El diagnóstico de CAINCA también pone sobre la mesa una dificultad estructural: la industria frigorífica tiene una capacidad instalada que no guarda relación con los volúmenes actuales de producción. El problema se vuelve todavía más evidente en las plantas destinadas al consumo interno, donde la demanda no consigue absorber una mayor producción.
La cámara sostuvo, además, que esta problemática no puede resolverse solamente a partir de la competencia entre empresas ni por la dinámica de la oferta de hacienda. “A lo largo de diversas gestiones políticas, con enfoques heterogéneos, este problema estructural sigue sin resolverse”, señaló.
Para CAINCA, la salida requiere un plan que permita adecuar la capacidad operativa de las plantas y, al mismo tiempo, sostener los estándares sanitarios. “No podemos asumir que mantener múltiples estándares sanitarios nos permitirá sostener un crecimiento genuino en el volumen de producción”, advirtió.





