Argentina podrá colocar casi 3.000 toneladas adicionales de azúcar crudo en Estados Unidos bajo condiciones arancelarias preferenciales, luego de que el gobierno norteamericano decidiera ampliar de manera extraordinaria el cupo asignado al país. La razón de esto surge de una quita que Washington le aplicó a Brasil, en el marco de tironeos comerciales entre ambos países.
La novedad quedó oficializada este miércoles en el Boletín Oficial, a través de la Resolución 187/2026, en la que se dispuso la distribución de 2.782,987 toneladas entre los adjudicatarios argentinos, que se suman a las 44.164,999 que ya habían sido repartidas para el ciclo 2026/2027. De esta forma, la cuota asignada a la Argentina pasa de 46.260 a 49.175 toneladas y, luego del ajuste que se realiza por el grado de polarización del azúcar, el volumen efectivo disponible asciende a 46.947,986 toneladas.
Cabe aclarar que este mecanismo no es nuevo. Estados Unidos abre todos los años un contingente para el ingreso de azúcar crudo argentino, dentro del cual se pagan aranceles considerablemente menores que los que rigen para los embarques que superan ese límite. Lo excepcional esta vez es la ampliación y, sobre todo, su procedencia: la propia resolución de la cartera de Agricultura aclara que fue “producto de una quita efectuada” a Brasil.

Esa historia comenzó en julio pasado, cuando la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) distribuyó entre sus proveedores buena parte del contingente correspondiente al año fiscal 2027, que comenzará el próximo 1° de octubre. De un total de 1.117.195 toneladas comprometidas ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), adjudicó inicialmente 1.061.202 y dejó otras 55.993 toneladas pendientes de definición.
Brasil, que en el ciclo anterior tenía asignadas 155.993 toneladas, recibió esta vez solo 100.000. Es decir que perdió el volumen exacto que estaba en suspenso, que supone nada menos que el 36% de su acceso preferencial habitual.
El golpe resulta relativamente pequeño si se lo mira en términos de volumen, ya que Brasil es el principal exportador mundial de azúcar y sus ventas externas rondan varias decenas de millones de toneladas anuales. Pero adquiere otra dimensión por las condiciones de acceso al mercado estadounidense: mientras el azúcar que ingresa dentro de la cuota paga un arancel cercano a 14,60 dólares por tonelada, fuera de ella esa carga puede trepar hasta alrededor de 338,60 dólares.
Durante algunas semanas quedó abierta la posibilidad de que esas toneladas regresaran a manos brasileñas. Según información reportada desde Washington, el subsecretario de Agricultura estadounidense, Stephen Vaden, señaló durante un encuentro de la industria azucarera que todavía debía definirse el destino de ese volumen y vinculó la decisión con las propuestas comerciales que recibiera su país. Las alternativas eran devolver total o parcialmente la cuota a Brasil o repartirla entre otros proveedores.
Finalmente ocurrió lo segundo. El 23 de septiembre, USTR anunció que las 55.993 toneladas restantes serían distribuidas entre distintos países. Argentina recibió 2.915 toneladas de ese paquete, que son precisamente las que ahora Agricultura incorporó formalmente a su cupo.
Lo que Washington nunca explicó oficialmente es qué concesión concreta esperaba de Brasil para restituirle esas toneladas. Por eso no puede afirmarse a ciencia cierta que la quita haya respondido a un único conflicto comercial.
Hay, sin embargo, un antecedente que permite inferir el contexto y tiene que ver con la fricción entre ambos países por el etanol. Sucede que Estados Unidos cuestiona el arancel de 18% que Brasil aplica a ese biocombustible, y en junio incluyó expresamente el acceso de su etanol al mercado brasileño entre las prácticas cuestionadas bajo la Sección 301 de su legislación comercial.
Brasil, por su parte, reconoció que había propuesto negociar ambos mercados en conjunto: discutir el acceso del etanol estadounidense a cambio de revisar las restricciones que enfrenta su azúcar en Estados Unidos. Según el gobierno brasileño, Washington nunca respondió a esa propuesta.




