La avicultura argentina tiene condiciones para seguir creciendo, pero sostener la rentabilidad exige cada vez más eficiencia. Así lo planteó Fernando Marso, de Las Camelias, una de las principales empresas del sector, que faena unos 290.000 pollos diarios entre dos plantas propias y un establecimiento donde trabaja a fazón. La firma se prepara para ampliar su capacidad productiva y aguarda una decisión de China que podría mejorar sustancialmente los ingresos por exportaciones.
“Hoy en el mercado argentino el precio está bien, hay rentabilidad, pero cada vez es un poco menor”, resumió Marso a Bichos de Campo durante la exposición Sial de París. Entre los principales problemas mencionó los costos energéticos, la presión impositiva y los aumentos de insumos y logística. El gas y la electricidad tuvieron un fuerte impacto durante el invierno, cuando las tarifas fueron más elevadas, mientras que la suba de los combustibles también repercutió en el transporte.
Las Camelias tiene su planta principal en San José y otra en San Justo, ambas en Entre Ríos. Su estructura abarca toda la cadena productiva, desde la genética y los reproductores hasta la crianza y la faena. Más del 30% de las granjas son propias y el resto corresponde a un sistema de integración que involucra a unas 220 familias dedicadas a la crianza de pollos.

La empresa destina entre el 75% y el 80% de su producción al mercado interno y el resto a la exportación. En el negocio local encuentra actualmente mejores condiciones comerciales, favorecidas también por la suba de la carne vacuna. El consumo de pollo ronda los 50 kilos por habitante al año, un volumen que confirma la importancia de esta proteína en la dieta argentina.
Sin embargo, los mercados externos siguen siendo estratégicos para colocar distintos cortes y aprovechar las diferencias de precios. Chile volvió a abrirse para la producción argentina, mientras que la firma también opera con destinos como Singapur, Vietnam, Sudáfrica y Brasil. En Perú encuentra una alternativa interesante para los corazones de pollo.
El mercado que podría cambiar las cuentas es China. Según Marso, Argentina ya está en condiciones de exportar y solo resta la aprobación del país asiático. El interés se concentra en las garras y las alas, productos que allí alcanzan valores muy superiores a los que pueden obtenerse en otros destinos.
“China paga 2800 dólares la tonelada de alas de pollo cuando Vietnam o Singapur están pagando 1600 dólares. En el caso de las garras China paga 3800/4000 dólares mientras que otros destinos apenas 700 dólares por tonelada” explicó Marsó. Por eso, la eventual habilitación no necesariamente aumentaría el volumen exportado, pero sí podría mejorar la facturación y la rentabilidad.
“Hoy es mejor negocio vender en el mercado interno”, señaló Marso, aunque destacó que la diversificación de destinos resulta necesaria para colocar los distintos productos y cumplir los compromisos comerciales asumidos.
En paralelo, Las Camelias avanza con inversiones para acompañar el crecimiento. En noviembre prevé poner en marcha un túnel de frío en San Justo, una obra que permitirá aumentar un 20% la capacidad de faena. La ampliación del frío es clave para sostener el ritmo productivo y, según adelantó, serán necesarias nuevas inversiones de ese tipo para continuar expandiendo la planta.
Pese a los costos y las dificultades para mejorar los márgenes, Marso mantiene una perspectiva optimista sobre el sector. “Todo el futuro”, respondió cuando se le preguntó qué posibilidades le ve a la avicultura argentina. Y fundamentó esa visión en la disponibilidad de agua, cereales, condiciones climáticas y energía, además de una ubicación geográfica alejada de muchos de los conflictos internacionales.
“Es una industria que tiene para seguir creciendo. Cuanto más eficiente, mejor”, concluyó.





