Con un breve fallo, a más de dos años de que el caso ingresara a su tribunal, la Corte Suprema de Justicia decidió finalmente dejar firme la polémica decisión en torno a las aplicaciones con agroquímicos en el municipio santafesino de Sastre y Ortiz.
Tal como había decidido un juez rafaelino en 2018, de ahora en más no se podrá avanzar por tierra a más de 1000 metros de distancia del tejido urbano y, por aire, a más de 3000. La causa, que había sido iniciada por un grupo de vecinos a raíz del caso de una niña con tratamiento oncológico, acaba de ver cerrarse su última puerta. El punto final para una larga historia que, ahora, servirá de antecedente para otros litigios ambientales.

Hasta 2018, en la pequeña localidad de Sastre y Ortiz, en el centro-oeste santafesino, se podían aplicar agroquímicos hasta a 100 metros de distancia de las viviendas. Ya había entonces algunos reclamos vecinales para ampliar la franja de exclusión, pero el caso de Zoe Giraudo, una niña bajo tratamiento oncológico, ayudó a darles forma para llegar a la Justicia.
La primera presentación fue un amparo colectivo que llegó a los tribunales de San Jorge, de la mano de la Defensoría del Pueblo. El fallo en primera instancia fijó un límite de 1000 metros para aplicaciones terrestres y de 1500 para las aéreas.
Desde entonces, el que tomó la posta fue el propio municipio, que intentó sortear la decisión judicial con una ordenanza propia, en la que establecía 200 metros para aplicaciones terrestres y 3000 para las aéreas. No pudo evitar que el juicio siguiera su curso y que, en septiembre del 2020, el juez Duilio Hail, de Rafaela, finalmente decidiera dejar firme el pedido de los denunciantes.
Con el revés en primera y segunda instancia, el municipio, apoyado además por asociaciones de productores, decidió ir a la Corte santafesina con un recurso de inconstitucionalidad. Pero tampoco allí tuvo suerte.
La línea que prevaleció en los tribunales fue la del “principio precautorio”, que exige adoptar medidas protectoras ante un riesgo de daño grave o irreversible al ambiente o a la salud, aun cuando no exista certeza científica absoluta. Es lo que ocurre con las aplicaciones de agroquímicos, apuntadas por los vecinos de Sastre y Ortiz por su impacto sobre la salud: sin la certeza plena de que así ocurra, la Justicia optó por sostener la prohibición ante un riesgo mucho mayor.
Agotadas las instancias en Santa Fe, y con el auspicio del estudio jurídico Rondina, en 2024 el municipio acudió directamente a la Corte Suprema de Justicia de la Nación en 2024. Y recién ahora, hace unas semanas, el máximo tribunal se expidió al respecto.
“El recurso extraordinario, cuya denegación origina la presente queja, no cumple con el requisito de fundamentación autónoma (art. 15 ley 48). Por ello, se desestima la queja”, publicó la Corte el pasado 13 de agosto, señalando que no revisará las sentencias anteriores porque no se justifica su intervención.
El fallo fue firmado por sólo dos de los 3 jueces que integran el cuerpo, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, ya que el propio Ricardo Lorenzetti había pedido la excusación de la causa unos pocos días antes de darse a conocer la decisión. La que, por cierto, demoró 2 años en llegar.
Junto a los votos de Rosatti y Rosenkrantz figura también el de los conjueces Walter Carnota, Alberto Dalla Vía y Luis María Rabbi Baldi Cabanillas.
Con ese escueto comunicado, entonces, se cierra la última instancia posible para revertir la decisión en este caso y queda firme la prohibición de aplicar agroquímicos en el límite urbano de Sastre y Ortiz, con uno de los topes más altos fijados hasta entonces: 1000 metros para las terrestres y 3000 para las aéreas.
Lo más importante, sin embargo, es la puerta que abre más allá de ese pueblo de 6000 habitantes en el interior santafesino. Aunque la Corte Suprema no fijó una doctrina propia ni se expidió sobre la validez de los límites establecidos, sí dejó sobre la mesa un antecedente muy complejo para la producción, que puede ser invocado en casos similares.
En efecto, dejó asentado que un amparo colectivo permitió a la Justicia desplazar una ordenanza municipal y que, aun cuando hay incertidumbre científica y faltan pruebas concluyentes, el principio precautorio es suficiente para tomar decisiones contundentes. Sastre y Ortiz será, de ahora en más, una postal a la cual mirar en conflictos futuros.






¿El “peor de los resultados”? ¿Incertidumbre y falta de evidencias? A ver si el redactor se pone a usar roundup en su jardin y luego nos cuenta. Ustedes no tienen vergüenza,.
Maquinas de impedir, como si en este país sobrase la plata, se la pasan mirando a Europa, no ven que allá se siembra hasta el último metro?
Es hora de que los cuatro gremios agropecuarios hagan algo por la Patria convocando a un paro agropecuario muy fuerte. La cantidad de has que podrían quedar afuera son monstruosas, si esto se difunde a otras localidades. Ni Europa ni EEUU convalidan semejante estupidez.
Excelente, vivo en el campo, toda mí familia también. De 15 integrantes 4 con distintos tipos de enfermedades crónicas graves, debido a la exposición a los pesticidas. Todavía no se entiende y no se quiere entender el problema ni sus consecuencias. Quiero un campo fuerte, productivo pero no a cualquier precio.
Matias a veces sos un copado otras veces alta momia. Te parece a vos que con la evidencia científica que hay, nacional e Internacional, está mal este fallo? Bañemonos en agroquímicos entonces, ya que son tan inofensivos! Como si el sector no tuviera la capacidad de generar soluciones para bordes urbanos sin fumigaciones.
Hay que recordar que dejar una franja no significa perder una zona productiva. Significa que en esa zona se debe producir con otro enfoque.
Incluso las franjas, en las que el suelo seguramente se va a regenerar, pueden traer beneficios al cultivo tradicional cercano, como mayor presencia de polinizadores e insectos depredadores de plagas.
Se puede hacer ganadería con pasturas que no sean tan exigentes en agroquímicos y tener otra fuente de ingresos independiente de la producción de granos, por dar un ejemplo.
Además, con la cantidad evidencia científica que asocia la exposición diaria a pequeñas cantidades de agroquímicos con mayor incidencia de enfermedades crónicas como el cáncer en los pueblos rodeados de zonas con alta productividad agrícola, es preferible que restrinjan su uso a una cierta cantidad de metros de los pueblos a que finalmente logren su prohibición absoluta.
Que buena noticia. Entre tantas injusticia de este poder al fin una buena entre tantas. Ojalá cunda el ejemplo de Sastre. Cuando la evidencia científica da para prohibir un sistema drogadependiente y enfermante al menos la justicia saca cara para esta nigaja de mil metros.