Solo un político muy berreta puede hacer lo que hizo en las últimas horas el diputado Bertie Benegas Lynch, que se supone era uno de los más ilustrados hombres del arco libertario y además fuente de consulta cotidiana del presidente Javier Milei.
En sus redes sociales, haciéndose el picante, el diputado nacional por La Libertad Avanza publicó un video muy agresivo contra los profesionales de las ciencias agronómicas que, en la Provincia de Buenos Aires, han presentado una iniciativa para comenzar a enfrentar el problema más crítico que tiene la agricultura argentina. Con un desprecio inusitado, en ese video el ideólogo libertario, tilda a los agrónomos como “parásitos” cercanos a las ideas comunistas solamente porque pretenden impulsar una ley de cuidado de los suelos agrícolas.
Algunas autoridades del COLEGIO PROFESIONAL DE INGENIEROS AGRÓNOMOS, como mucha otra gente de espiritu saqueador, deben abandonar prácticas indecentes de intentar hacer negocios a través del estado via leyes injustas. pic.twitter.com/dGideoh5tT
— Bertie Benegas Lynch (@NYGBertie) June 11, 2026
“Estos tipos pretenden, vía Estado, obligar a establecimientos rurales privados a certificar prácticas sostenibles de mejoramiento de suelos de sus campos”, se sorprende el político amigo de Milei, denunciando esta avanzada quasi soviética sobre la propiedad privada y la gente de bien.
Según esta posición, debería ser el mercado y no la política pública la que aporte soluciones frente al deterioro de los suelos. Según esta visión, la estricta defensa de la propiedad privada (como si los autos de cada uno no debieran respetar igual los semáforos de las calles que son de todos) es la política más ecologista de todas.
Está más que claro que Benegas Lynch piensa diferente de los agrónomos que impulsan que, al estilo de países sencillos como Uruguay, el Estado intervenga con alguna política de cuidado de los suelos agrícolas. En la vecina orilla, por ejemplo, se obliga a los productores a mantener los suelos siempre cubiertos, (¡atrás Satanás!), lo que refuerza las rotaciones, incorpora los cultivos de servicio, reduce la carga de químicos para barbecho, y todo un montón de servicios ecosistémicos adicionales que son las que pregona ahora Aapresid con su “agricultura siempre verde”.
Bertie está en su derecho de pensar que estas no son las mejores política a aplicar. Puede pensar diferente.
Lo que no debería hacer, como legislador nacional que vive con un salario muy abultado que sale “de la nuestra”, es insultar a quienes honestamente plantean un problema concreto y visible en todo el interior productivo: el deterioro de los suelos en la Argentina es un dato, no un relato, avalado por decenas de investigadores y técnicos, agrónomos y productores conscientes, que caminan y transitan los campos.
Todos ellos hablan de una pérdida de materia orgánica acelerada. Todos ellos sufren la compactación. Todos ellos saben que las cuentas de los productores serán cada vez más caras en el rubro de la fertilización, porque este modelo agrícola se lleva más nutrientes de los que repone.

Quizás Bertie (así, en inglés y chasqueando la lengua, como salpicando alcurnia) no conozca ni se preocupe de la salud de los suelos porque siente olor a lluvia únicamente en los momentos en que recibe la renta de los campos propios que alquila para que otros lo produzcan. Quizás sea solo un rentista y por eso no presienta el dramatismo de lotes que se van achicando. Mientras a la nuestra le sume la suya, bienvenido sea. Pero vale recordarle al libertario algunas cosas:
- No todos los propietarios de campos tienen una conciencia ambiental y son los menos los que se preocupan realmente por la salud de sus suelos. Para empezar porque el 70% de la agricultura pampeana se hace sobre lotes arrendados.
- La inmensa mayoría de esos contratos son por apenas un año de plazo, lo cual indicaría que son muy pocos los propietarios que exigen a sus arrendatarios hacer planteos con rotaciones sustentables que inevitablemente deberían llevar de tres a cinco años.
- Además son muy pocos los casos en que los dueños de los campos son solidarios con quienes les alquilan, pues no van a porcentaje ni en las ganancias ni en las pérdidas. En general cobran sumas fijas en quintales por hectárea.
- Si no se preocupan por el arrendatario (con este esquema han desaparecido la mitad de los productores desde el retorno de la democracia), entonces es mucho mas inusual que resignan un margen de su rentabilidad para pagar certificaciones de campos o planes de recuperación de los suelos.
- Por la persistencia de los derechos de exportación y de un esquema fiscal regresivo, la presión fiscal efectiva sobre una hectárea agrícola de la región pampeana implica -según las mediciones recurrentes de FADA- que los diferentes estamentos del Estado se apropien casi siempre de más de 60 pesos de cada 100 pesos que quedan de ganancia. Eso incrementa notablemente la presión sobre el sistema.
Bertie se ha dedicado a sembrar territorios mucho más difíciles del pensamiento y las ideas: se cultivó únicamente a él mismo. Y por eso quizás desconozca todos estos detalles. Quizás él piense que la “rentabilidad” es el principal problema de los productores de granos y de los rentistas que les alquilan los predios. Pero se equivoca: para cualquiera que quiere el campo con honestidad, por lejos el principal problema de la agricultura actual debería ser el acelerado proceso de deterioro de su principal recurso y soporte, el suelo.
Porque una cosa está ligada a la otra y es más, si seguimos como hasta ahora en este rumbo de descuido, lo más probable es que ese soporte que genera riqueza en la Argentina no dé para mucho más. Y pobre Bertie, acaso verá como cae su propia renta por la paulatina caída de los rendimientos que le ofrecerán estos sustratos cada vez más agotados y carentes de los nutrientes indispensables. Y por la fortísima suba de los costos por la necesidad de reponerle fertilizantes.
Como bien escribió alguna vez el tipo que quizás más sabe sobre esta problemáticas en la Argentina, el ex director del INTA Suelos Roberto Casas, la fiesta de las retenciones y la exacción de recursos al agro todos estos años en la Argentina la terminó pagando el suelo. Yo le añado que también el festival lo garpó el tejido rural del interior, que quedó tan echo pomada como el suelo.
Bertie no tiene por qué saber de todo esto. Después de todo él está para cosas muchísimo más relevantes. Pero acaso le pueda preguntar el diputado a su hermano Joaquín, que conoce un poco más del tema porque desarrolla la actividad agropecuaria efectivamente en la zona de La Paz, Entre Ríos. Quizás le pueda consultar incluso sobre la legislación de esa provincia, que donde el Estado soviético estimula a los productores que hacen un manejo sustentable de los suelos frágiles de ese territorio plagado de lomas y pendientes. Quizás hasta pueda enterarse de lo que es una terraza y qué sirve para otras cosas además de tomarse un drink.

Además Joaquín Benegas Lynch, por el imperio de mentes preocupadas y conscientes como la de Karina Milei, es además el actual presidente de la Comisión de Agricultura del Honorable Senado de La Nación. Se supone que allí el tema de preservar el principal recurso de la economía argentina se discute todos los días.
Quizás incluso Bertie pueda bajarse del pedestal de esa soberbia pedorra de los que creen saber de todo y citar a su despacho en el Congreso a los agrónomos bonaerenses que empujan esta iniciativa, y acompañarlos por alguna recorrida de campos. Le aseguró que son buena gente y no irán ondeando banderas rojas.
Quizás el diputado, en su sapiencia, pueda mejorar ese proyecto o cambiarlo por alguna otra iniciativa más contemplativa de los intereses de las “señoras de Barrio Norte” que por obra y gracia de la ley de herencia disponen todavía de miles de hectáreas productivas, que ellas no producen pero disfrutan.
Quizás pueda ponerse a trabajar Bertie, porque el problema del deterioro de los suelos es realmente grave y mucho del futuro de este país se juega en esa partida. Por eso debería comprometer, en realidad, toda la clase política.
Lo que no puede hacer este diputado irresponsable es insultar. Sobre todo porque esa pedantería miserable lo único que hace es invalidar cualquier discusión en torno al problema. Eso evidentemente Bertie lo aprendió de su amigo Javier, el fenómeno mundial de la puteada paralizante: Si yo te insulto divido aguas, y entonces las posiciones parecen irreconciliables. Y nadie finalmente hace nada para resolver el problema que nos aqueja.
Qué idiota me pareció este diputado libertario, supuestamente ilustrado, en este video dedicado a denigrar a los únicos agrónomos que -equivocados o no- pusieron el asunto más grave de la agricultura argentina sobre la mesa.
Pero se entiende: lo más valioso que hizo hasta ahora el gobierno de Milei en materia de cuidado de los suelos fue mandar a subasta el edificio del INTA en la calle Cerviño, donde allá lejos y hace tiempo nació el Instituto de Suelos, y donde se juntaban los mejores hombres de la agronomía para discutir las primeras políticas públicas que apuntaban justamente a cuidar los suelos. En ese remate, los libertarios recaudaron 18 millones de dólares que ni siquiera volvieron al INTA para investigar sobre este aspecto. Se los fumaron en rentas generales, quizás pagar sueldos de senadores y diputados como los Benegas Lynch, que tanto bien le hacen a nuestra república.
El tramo más desagradable del discurso estigmatizante de Bertie en ese videíto para las redes sociales es cuando cita a Pappo, recordando aquel momento en que el guitarrista mandó a un DJ que tocaba discos a que se busque un trabajo honesto. El ideólogo libertario le recomendó lo mismo a agrónomos de enorme talla profesional que plantearon esta discusión sobre el cuidado de los suelos.
Yo no puedo dejar de hacer lo mismo, convencido de que Pappo en esta discusión estaría de acuerdo en lo importante. “Vos Benegas Lynch, buscate un laburo honesto”, le diría.
Porque eso de legislar para el bien común, que es para lo que te pagamos, evidentemente te queda grande.





Lo q tendría q explicar Benegas “el libertario” es p q este gobierno afectó el uso de fertilzantes en 3 campañas consecutivas, con la universalización del impuesto país a esos insumos. Son libertarios selectivos.
Quièn más interesado debería estar para mantener el suelo de sus tierras, es precisamente, su dueño.
Es el mismo dueño quién impone las condiciones a su arrendatario.
Si el dueño no se preocupa. La solución no existe. Cada uno hace lo que quiere con su propiedad.
Por supuesto que un campo con suelo degradado, espantará arrendatarios dispuestos a pagar alquileres altos.
Existe mucho biri biri y una subestimación hacia los propietarios. ¿ Creen que son tontos ?
Estamos hablando de los “Messi” del negocio. Los rentistas pasivos son los más beneficiados en el negocio agrícola. No invierten, ni arriegan NADA. Y si se quitaran las retencioens a la soja, los alquileres aumentarían axponencialmente, pués la demanda se volverá SALVAJE