Esta es una historia que tiene todos los condimentos: emoción, valentía, aprendizaje, angustias y alegrías. “Irme fue la mejor decisión que tomé en mi vida. Nunca es fácil, pero tienen que ser valientes y lo recomiendo”, comparte Lucas Vallejo, un joven nacido y criado en el conurbano bonaerense que admite que “nunca había visto una oveja ni de cerca”, y que conoció la esquila de casualidad cuando se fue de mochilero al Sur junto a Daniel, uno de sus 13 hermanos.
No sospechaba que ese oficio le iba a permitir conocer el mundo, desde Chile a Nueva Zelanda y Europa, con un paso estelar por Italia y España.
Recomendaciones y apuntes en otra linda historia de AgroExportados, “argentinos vinculados al campo y la ruralidad por el mundo”.

-¿Qué te acordás de la infancia en Florencio Varela?
-En casa éramos muchos. Somos 13 hermanos, 8 mujeres y 7 varones, más dos primos que se criaron con nosotros. Mamá manejaba la casa, el viejo laburaba todo el tiempo. Íbamos al colegio, hacía la tarea y después, fútbol o escondidas en la calle. De chico tenía algo de relación con el campo porque mi mamá es de Tucumán y los veranos que podíamos íbamos al campo de Monte Redondo (un pueblo a unos 150 kilómetros al sur de la capital provincial). Disfrutábamos de la conexión con la naturaleza.
-¿Qué edad tenías cuando te fuiste con tu hermano de mochileros al Sur? ¿Por qué se fueron?
-Cuando nos fuimos con Dani a mochilear, yo tenía 19 años y él 21. Estaba cansado de la rutina, vivir en una ciudad como Buenos Aires no es fácil y no quería seguir con lo mismo. Mi hermano quiso irse conmigo y le metimos. Fue la mejor decisión que tomé en mi vida.
-¿Salieron pensando que algo de todo lo que pasó después era posible?
-No… nuestro plan era llegar hasta el Fin del Mundo (Ushuaia) de mochileros, pero jamás pensamos en trabajar en la esquila y menos en ser esquiladores. Nunca había visto una oveja de cerca.

-¿Cómo, por qué y en qué momento decidieron irse a Nueva Zelanda?
-Nuestro primer contacto con la esquila fue en Coyhaique, en la Patagonia chilena. Estábamos buscando un voluntariado y escuchamos de una mujer que necesitaba gente para esquilar. Mi hermano la llamó y la convenció, porque no sabíamos nada de esquila. Resultó ser que esta mujer era neozelandesa. Ella nos enseñó mucho sobre cómo trabajar en un galpón de esquila y siempre nos contaba cómo era la vida en su país. Una noche, cenando y hablando, le dijimos: “¡Nosotros vamos a ir a Nueva Zelanda!”. Se lo dijimos sin pensar que lo lograríamos.
-Y un día, lo lograron.
-Sí, ya con algo de experiencia, un muchacho nos hizo el enganche con una empresa de allá, hicimos la visa, compramos los pasajes y nos mandamos. La verdad, no teníamos mucha idea de qué iba a pasar.

-¿Dónde se instalaron en Nueva Zelanda y cómo es el campo allá?
-Dormíamos en una habitación con mi hermano, en un campamento de la empresa que nos contrató, y convivíamos con nuestros compañeros. El clima allí es casi como la Patagonia, solo que durante el día hace un poco más de calor. La gente es muy amable, la comida es buena y los lugares son preciosos, tanto los pueblos como las ciudades y sus paisajes.
-¿Cómo es la dinámica de trabajo?
-En Nueva Zelanda todas las tardes ponen en una pizarra los nombres de los grupos que salen a trabajar, el nombre del lugar donde uno irá a trabajar, la hora de salida y el número de patente de la combi en la que tenés que ir. El horario de salida está calculado para que llegues al galpón alrededor de las 6:30, para que tengas tiempo de preparar tu puesto de esquila y a las 7 comenzar a esquilar. Se hacen 4 rounds (o cuartos) diarios de esquila, cada uno de dos horas, y entre medio tenés 3 descansos. Así, arrancás a las 7 y terminás a las 17. En los descansos siempre nos sirven comida. Se trabaja todos los días, pero siempre hay días como los de lluvia, que se moja la lana y no se esquila.

-Este año decidiste separarte de tu hermano por unos meses y recorrer otros países esquilando. ¿Por dónde anduviste? ¿Cómo fue esa experiencia?
-Sí, es difícil en un principio largarse solo, pero no es la primera vez que nos separamos. Cuando mochileamos, e incluso trabajando en Chile, hubo veces que ya lo habíamos hecho. En este caso, que me fui a Europa, llegar no fue fácil. Mi primer país fue Italia y no entendía mucho el idioma, no conocía a nadie y tuve una mala experiencia trabajando para alguien que me pagaba poco y me hacía trabajar mucho. Pero bueno, es mejor que nada. Luego conocí una pareja de españoles que también esquilaban y me recomendaron irme a Cerdeña, donde la paga es mejor y se trabaja más relajado. Luego de recorrer un poco Italia, me fui con ellos a Cataluña unos días y luego a la isla de Cerdeña.
-¿Y cómo te fue? ¿Qué balance hacés?
-Aquí también trabajé para alguien que, a la hora de pagarme, me hizo varios descuentos sin sentido (me estaba robando) y luego llegué a una cuadrilla donde todo fue mejor, o al menos estuve con buena gente que me trató bien y me pagó como corresponde. Fue una experiencia muy linda, pude conocer otras culturas, idiomas y paisajes. Es algo que recomiendo, nunca será fácil, pero tenés que ser valiente.

-¿Qué es lo que más te gusta de lo que hacés hoy?
-Me gusta la idea de cada día mejorar tanto en velocidad como en calidad de esquila, para el día de mañana llegar a Open (N. de la R.: sería como el mundial de esquiladores) y poder competir con los de alto nivel.
-¿Qué similitudes y diferencias encontraste en la esquila de los países en donde estuviste?
-Nueva Zelanda, Chile y Europa tienen diferencias a la hora de esquilar. Diferentes horarios, ovejas, comidas y sistemas de esquila. En Chile vas con tu cuadrilla a la estancia y te quedás en una casa hasta terminar los animales. Normalmente se trabajaba doce horas, nueve de esquila y tres de descansos intercalados. Se esquila mucho Merino, Corriedale y Suffolk en galpones grandes, clásicos y antiguos, con una prensa manual de las de antes, una “cancha” larga donde se posicionan los esquiladores, corrales para las ovejas y una mesa donde se deja caer el vellón para desbordarlo.

-¿Y en Nueva Zelanda?
-La cosa es diferente. Se trabajan diez horas, ocho de esquila y dos de descanso, con cuartos de dos horas y en medio tenés los descansos. Las comidas siempre las pone el jefe, pero si querés puedes llevarte algo. Se esquilan más razas carniceras como la romney y texel, entre otras. Los galpones son más modernos y todos cuentan con prensas hidráulicas. Las comidas son siempre pensadas para darte energía: por las mañanas, mucho bacon, huevo y cereales. Por las tardes, pasta y carne. Y al final, cosas más dulces como galletas o bizcochos.
-Nos queda Europa. ¿Cómo es la esquila allá?
-En Europa cambia mucho según el país y el lugar, pero mayormente es al aire libre o en galpones grandes donde meten sus ovejas y uno debe armar su puesto. Mayormente son productores o pastores de pocas ovejas, por eso el día de esquilar es muy importante para ellos y suelen invitar amigos, parientes y conocidos para que los ayuden. Es como una fiesta porque desde temprano empiezan con cerveza; luego, a la hora de almorzar, tienen la costumbre de servir primero una entrada de fiambres, después una buena pasta y por último asado y ensaladas. Se esquilan razas lecheras como sardas (la más tradicional e importante en Europa), Lacaune, Assaf, pero también hay ovinos de carne y, en algunos lugares, de lana.

-Decime dos o tres claves para una buena esquila.
-Tres cosas sumamente importantes para una buena esquila son comer bien, dormir bien y afilar bien.
-Participaste junto con tu hermano hace unos meses del Mundial de Esquila. ¿Qué destacás de esa experiencia?
-El mundial fue algo asombroso. Al principio era de no creer, me sentía una estrella de rock. Los ganadores fueron mayormente los locales, pero en el podio podías ver de Australia, Inglaterra, Escocia, Suiza, Isla Cook, Sudáfrica, Gales. Se competía por esquila a tijera, máquina y woolhandling (vellonero), pero yo, a pesar de quedar entre los del medio, ya me sentía un ganador por la experiencia vivida. Obvio, ahora quiero seguir mejorando y quién sabe, algún día llegar a los primeros lugares. Otra cosa linda fue haberlo compartido con mi hermano.

-¿Cómo se ve Argentina desde allá?
-Argentina siempre es reconocida por su buena carne, el buen fútbol, la pampa, la Patagonia, Tierra del Fuego, el tango y muchas cosas más, pero lo que muchos me dicen, y que me duele un poco escucharlo, es el problema económico que se está viviendo.
-¿Tenés pensado volver a instalarte en Argentina o Chile o todavía no?
-Siempre están las ganas de volver y quedarse en casa, pero es claro que afuera es donde se hace la diferencia. Por lo pronto, no tengo decidido quedarme, pero la vida es incierta.
-¿Qué fue lo que más te sorprendió de Nueva Zelanda como país?
-Me sorprendió la infraestructura, todo funciona bien, los paisajes y lo buena que es la gente, sobre todo cuando sos de afuera. Es un país precioso y con gente muy bonita.

-¿Extrañás algo de la vida en Argentina?
-Extraño mucho a mis amigos, la familia, caminar por el barrio, sentarme en la vereda y charlar de la vida con algún vecino… cuando estás lejos extrañás todo.
-¿Qué comidas extrañás?
-Las facturas, las empanadas, las pizzas, los guisos de mi vieja, los asados en casa y las achuras, que son mis favoritas.
-¿Qué comida incorporaste que antes no comías en Argentina y conociste allá?
-El queso, los caracoles (se come mucho en Cerdeña) y los mariscos.
-De lo que has conocido, ¿qué lugar recomendarías para un argentino que quiera ir para allá de turista?
-De Chile recomiendo mucho la Patagonia, en especial Puerto Natales. De Nueva Zelanda se podría decir que todos sus pueblos son bonitos, pero la ciudad de Queenstown me gustó mucho. Y de Europa, Le Montet en Francia, Figueras en Cataluña y en Italia es bonito Roma por su historia y las playas de Cerdeña.

-¿Qué le recomendarías a alguien que, como vos, esté pensando en ir a hacer una experiencia afuera? ¿Por dónde empezar?
-Les recomiendo hacerlo, animarse, vencer los miedos y la incertidumbre. Empezar fijándose una meta, luego el camino te va a ir sorprendiendo, tener en cuenta que nada es fácil y disfrutar de las pequeñas cosas. También recomiendo ir con calma y sin tantas ansias, que eso te estresa y no te deja disfrutar.
-¿Cómo imaginás el futuro? ¿Proyectás volver?
-El futuro imagino que será mejor, siempre intento hacer todo pensando en mañana hacerlo mejor. Volver siempre vuelvo, pero solo unos meses y me voy, no puedo estar mucho tiempo quieto, soy así, me gusta explorar. Así que a futuro espero poder conocer más y más.




