Martín de la Serna, uno de los históricos referentes de los productores autoconvocados, está a las puertas de cumplir 80 años y sigue presentándose de la misma manera que hace casi dos décadas. No es una formalidad. Para él, aquella identidad nacida al calor del conflicto por la Resolución 125 en 2008 no perdió vigencia porque, según sostiene, muchas de las razones que impulsaron aquella protesta siguen presentes.
De hecho, mientras se preparaba para participar de un reconocimiento durante a Armando Zavala, otro de los símbolos de aquella generación de productores movilizados, De la Serna tenía la cabeza puesta en una preocupación mucho más actual: el agua. O, mejor dicho, la falta de obras para enfrentar una eventual nueva crecida en la cuenca del Salado y la llegada de caudales desde el Río Quinto.
“Mi preocupación hoy es el tema del agua, el famoso Niño agravado, que no se habla, no sé por qué, pero si los meteorólogos no son todos locos, están diciendo que el segundo semestre del año puede ser una cuestión grave”, advirtió el productor de Bragado a Bichos de Campo.
La escena tiene algo de continuidad histórica. El hombre que hace casi veinte años cortaba rutas y organizaba asambleas sigue hablando de abandono estatal, de reclamos que no encuentran respuestas y de productores que sienten que deben movilizarse para que los escuchen.
Antes de eso, sin embargo, quiso detenerse en el homenaje a Zavala, a quien definió como “un hombre muy luchador”. Recordó que, incluso después de sufrir la muerte de su esposa y el robo de una camioneta, siguió recorriendo caminos y participando de los reclamos del sector. “Contento porque le hacemos un reconocimiento bien merecido”, resumió.
Pero rápidamente volvió a su principal obsesión.
“Estamos hablando del Río Quinto, que viene desbordado, y se llama a guarismos de entre 200 a 600 milímetros. No se está previendo absolutamente nada”, cuestionó.
Según explicó, en noviembre mantuvieron una reunión de una hora y media con el secretario de Agricultura Sergio Iraeta, pero asegura que no obtuvieron respuestas. “Cero”, resumió con desilusión.
Para De la Serna, el problema excede las disputas partidarias y alcanza tanto al gobierno nacional como al provincial. “Acá hay una corresponsabilidad, tanto de provincia como de Nación. Yo no voy a hablar mal del gobierno porque no es un tema político, nunca lo usé al tema político. Acá es un tema tanto de provincia como de Nación”, afirmó.
Su reclamo se concentra especialmente en el fideicomiso destinado a obras hídricas, cuyos fondos, asegura, permanecen inmovilizados. “Nación tiene un fideicomiso que tiene la plata depositada para obra hídrica y no se destraba. Y provincia le tira la pelota a Nación. Durante 30 años no hicieron nada, y tuvieron 25 años el mismo color político de Nación y provincia y no hicieron nada”, disparó.
En su visión, la falta de infraestructura es la explicación de un problema que periódicamente vuelve a golpear a la región. “Lo único que hicieron fue comprar penes de madera. Y mientras tanto nosotros nos inundamos”, lanzó con crudeza.
Mirá la entrevista completa con Martín De la Serna:
El enojo no se detiene en los niveles superiores del Estado. También apunta hacia la gestión municipal de Bragado, donde asegura haber presentado notas ante el Concejo Deliberante para conocer qué medidas se están tomando frente a una eventual emergencia hídrica. “Presenté una carta en el Concejo Deliberante diciendo qué previsiones están tomando a futuro con respecto al tema del agua”, relató.
En paralelo, cuestionó el estado de los caminos rurales y el destino de los recursos recaudados.“Si aumenta la tasa y la plata va para otro lado, la derivan para otro lado. El campo siempre lo mismo, somos los terratenientes, los HDP y la mar en coche. Y a vos te cuesta sembrar una enormidad y tenés una inversión infernal”, protestó.
La indignación lo lleva incluso a hacer cuentas sobre el aporte histórico del sector. “Hemos invertido 300.000 millones de dólares del campo que no fueron a caminos, no fueron a salud, no fueron a infraestructura, no fueron a ningún lado”, aseguró.
En la zona de Bragado, explicó, los estudios y proyectos existen desde hace años, pero las obras nunca terminan de ejecutarse. De inmediato aclara que el problema no afecta únicamente a los establecimientos agropecuarios. “No se trata del productor únicamente, sino también del ciudadano común del pueblo, que también se puede inundar, y no están previendo absolutamente nada”, sostuvo.
La pelea por el agua es apenas el último capítulo de una trayectoria larga. Antes de radicarse en Bragado, De la Serna produjo en Ayacucho. Allí perdió su campo durante la crisis del Banco General de Negocios, una experiencia que todavía recuerda con amargura. “Lo tuve que vender antes para pagar el banco. Del 40% pagué el 75% del valor total. Y esas cosas no se dicen”, recordó.
Aquellos años también fueron los de Armando Zavala y el movimiento de productores autoconvocados frenando remates rurales.“El loco del megáfono, pero paró varios remates”, evocó.
Su actividad fue cambiando con los años. Tuvo tambo, hizo agricultura y mantuvo rotaciones. También sufrió cuatro campañas consecutivas malas.
“Yo tengo una mochila. La mochila es de mis tatarabuelos que vinieron al país hace muchísimos años atrás, donde fundaron prácticamente un país, y yo no puedo aflojar en función de ellos”, explicó. La continuidad familiar aparece en una hija apasionada por los caballos y en cinco nietos que, según cuenta, “andan a full”.
Pero si algo mantiene intacto es el espíritu de los autoconvocados. “Las cosas no cambiaron. Muchas cosas no cambiaron”, respondió cuando se le preguntó si aquella figura nacida en 2008 sigue vigente.
Y enseguida volvió sobre una interpretación que mantiene desde entonces. Según dijo, la verdadera victoria frente a la Resolución 125 no fue económica sino institucional: “La 125 es un código aduanero de un gobierno militar aplicado en democracia. Lo que se ganó por el voto no positivo de Cobos fue la democracia. El campo más o menos sigue igual, pero le ganamos a la democracia”, afirmó.
Incluso reveló una anécdota de aquellos días frente al Congreso. Según contó, recibió un llamado para mantener una reunión separada con funcionarios, pero rechazó la propuesta. “Nos querían dividir. Y les dije que no. Nosotros estamos con la Mesa de Enlace. No nos van a dividir”, rememoró.
Casi veinte años después de aquellos días de asambleas y rutas cortadas, De la Serna sigue parado sobre la misma idea, la de la organización de base y la persistencia en los reclamos. Cambió el escenario. Ya no se discuten retenciones móviles ni la Resolución 125. Ahora el fantasma es el agua y las obras pendientes de la cuenca del Salado.




