En Esperanza, Santa Fe, la Escuela de Agricultura, Ganadería y Granja de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) instaló un sistema de riego por goteo subterráneo en cinco hectáreas destinadas a la producción forrajera de su tambo. La experiencia busca comprobar hasta qué punto esta tecnología, mucho más asociada a los cultivos agrícolas intensivos, puede convertirse también en una herramienta para la lechería, ayudando a sostener la producción de pasto durante los períodos de altas temperaturas y escasas precipitaciones.
La iniciativa tiene una particularidad. No se trata de una demostración comercial ni de una tecnología que la universidad quiera promocionar sin antes conocer sus resultados. La Escuela Granja decidió convertir una parcela de su propio establecimiento en un campo experimental para medir rendimientos, comparar alternativas de instalación y, sobre todo, obtener información que permita determinar si el riego subterráneo puede resultar económicamente viable para los pequeños y medianos productores lecheros.
El sistema ya fue instalado y la experiencia está en marcha. La inauguración formal se realizará el próximo martes 10 de noviembre, a las 11, en el predio educativo de Esperanza, donde se presentará oficialmente una obra que fue financiada con recursos propios de la Escuela y de las facultades de Ciencias Agrarias y Ciencias Veterinarias de la UNL.
“Este sistema de riego es un ensayo para ir evaluando distintas alternativas de riego y costos diferentes”, explicó Rodrigo Benítez, director de la Escuela de Agricultura, Ganadería y Granja. La intención, según planteó, es acercar información científica a productores y empresarios para demostrar que el riego también puede tener un lugar en los tambos.

“Desde la EAGG, las facultades y la UNL nos interesa acercar información científica sobre esta técnica para poder mostrar a productores y empresarios que regar un tambo es posible, que hoy es una práctica de agricultura pero tranquilamente puede ser una práctica de lechería que permite mejorar la productividad y abaratar costos”, señaló.
La apuesta tiene detrás una preocupación bastante conocida por quienes producen leche. En los establecimientos donde la alimentación de las vacas depende de pasturas, verdeos y silajes producidos en el propio campo, un período prolongado sin lluvias puede alterar toda la planificación. Cuando cae la disponibilidad de forraje, el productor debe recurrir a reservas o salir a comprar alimentos, con el consiguiente impacto sobre los costos de producción.
Por eso, la posibilidad de sostener una oferta de materia seca más estable durante todo el año es uno de los principales atractivos de la experiencia.
La tecnología elegida es el riego por goteo subsuperficial, conocido también por sus siglas RGS. A diferencia de los equipos convencionales que distribuyen agua sobre la superficie del terreno, este sistema utiliza líneas de goteo enterradas que permiten entregar el recurso directamente en la zona de desarrollo de las raíces.
Roberto Marano, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNL, explicó que el objetivo es mejorar la productividad en períodos de altas temperaturas y falta de lluvias.

“La idea del riego tecnificado es mejorar la productividad en periodos de altas temperaturas y falta de lluvias, como los años pasados, permite aplicar agua cuando se requiere en un momento preciso y con alta eficiencia”, describió.
Para montar la instalación hubo que resolver primero una cuestión básica. En el sector elegido para el ensayo no existía disponibilidad de energía eléctrica, por lo que se construyó una red de media tensión de 650 metros para alimentar el equipamiento.
También se realizó una perforación propia en el Acuífero Puelche, desde donde se obtiene el agua que alimenta el circuito. La infraestructura cuenta con una electrobomba centrífuga capaz de entregar un caudal de 10.000 litros por hora, con la presión necesaria para abastecer las cinco hectáreas.
El sistema funciona de manera automatizada y es completamente independiente de las aguadas que ya utiliza la Escuela. De esta manera, el proyecto dispone de una fuente de agua y de una infraestructura específica para el ensayo.
La experiencia tiene una explicación productiva que remite a lo ocurrido durante los últimos años. Entre 2020 y 2023, una sequía extraordinaria, asociada al fenómeno climático La Niña, provocó importantes pérdidas de productividad en distintas regiones agrícolas del país.
En los tambos, el impacto se sintió especialmente en la disponibilidad de alimentos. En algunos lotes no se pudo cosechar suficiente maíz para confeccionar silajes y los cultivos de alfalfa registraron una menor producción de materia seca.
El problema es que la alimentación constituye uno de los pilares de la producción lechera. Cuando falta pasto o no alcanza el silo elaborado en el propio establecimiento, las consecuencias terminan trasladándose a la producción de leche y a los números del negocio.
La UNL advierte que, si bien existen experiencias de este tipo en otras provincias, especialmente en Córdoba, la tecnología todavía no fue validada en los sistemas tamberos de la cuenca lechera santafesina. Esa es precisamente la brecha de conocimiento que la Escuela Granja pretende empezar a cubrir.
“Si bien no es novedoso el sistema porque ya hay experiencias, sobre todo en la provincia de Córdoba, el objetivo del riego subterráneo es demostrar a pequeños y medianos productores que tiene muchos beneficios, que se puede regar en tambos para mejorar la productividad y contar con praderas verdes de alimento para animales”, sostuvo Benítez.
El director también destacó que disponer de más forraje producido en el propio establecimiento puede ayudar a reducir las compras de alimentos externos, uno de los gastos que más condicionan el resultado económico de los tambos cuando las condiciones climáticas se complican.
El lote elegido para la experiencia ya cuenta con una pastura implantada de cuatro especies. Sin embargo, la idea es que el ensayo no quede limitado a una única alternativa forrajera.Según explicó Marano, también se podrán incorporar cultivos como el maíz, destinado a la confección de silajes, y realizar pruebas con diferentes especies y esquemas productivos.
La investigación contempla además una comparación de distintos espaciamientos entre las líneas de goteo enterradas. Es decir, los investigadores no solamente buscarán determinar cuánto produce una pastura bajo riego, sino también qué configuración del sistema ofrece los mejores resultados en relación con la inversión necesaria.
Para eso se diseñó un esquema estadístico que permitirá recoger información y comparar los resultados de manera rigurosa. La intención es que las conclusiones no dependan de una observación aislada, sino que puedan respaldarse en datos de productividad, eficiencia y costos.
“Para recoger información precisa se realizó un diseño estadístico que brindará información científicamente comprobada”, explicó Marano.
El docente agregó que la información que surja del lote tendrá una utilidad concreta para quienes eventualmente quieran incorporar esta tecnología a sus establecimientos. “A futuro, permitirá a los productores incorporar tecnología a un costo razonable y por eso se genera información a partir de este lote para recoger datos”, señaló.
El proyecto tiene, además, una dimensión educativa que forma parte de la identidad de la Escuela Granja. En su desarrollo participan docentes de la propia institución, investigadores de las facultades de Ciencias Agrarias y Ciencias Veterinarias y estudiantes de las distintas instituciones.
La idea es que el sistema no sea solamente una infraestructura productiva instalada en el tambo, sino también un espacio de aprendizaje e investigación donde confluyan conocimientos de distintas disciplinas.
La Escuela ya cuenta con antecedentes en el desarrollo de sistemas automatizados de riego. Tiempo atrás impulsó una experiencia destinada a sus sectores didácticos de huerta y vivero, en la que participaron docentes y estudiantes de cuarto año de la carrera de Técnico en Producción Agropecuaria.




