El paisajismo ganó protagonismo en Casa FOA 2026, con propuestas que pusieron a la naturaleza en primer plano y exploraron distintas formas de integrarla a la arquitectura. Los pastizales, la vegetación autóctona, la recuperación de ambientes naturales y la transformación de espacios deteriorados marcaron el recorrido por una muestra que, bajo el concepto de la alquimia, invitó a repensar los lugares que habitamos.
La exposición se desarrolla en el Palacio Molina, una antigua fábrica de Alpargatas ubicada en el barrio porteño de Barracas. De Raíz estuvo presente en la muestra con un recorrido por los espacios de paisajismo y entrevistas a los profesionales que participaron en su diseño.
En ese escenario industrial, los proyectos propusieron recuperar referencias del territorio, trabajar con la vegetación como parte del diseño y establecer un diálogo entre la historia de las construcciones y los nuevos usos de los espacios.
Mirá las entrevistas:
Uno de los proyectos destacados fue el de Tomás Nadares, responsable del espacio 8, denominado Tramas del tiempo, que recibió el premio al Mejor Espacio Exterior.
La propuesta combinó vegetación, agua, mobiliario y materiales para construir un ambiente en el que los elementos naturales y las intervenciones de diseño se complementan. El naranja tuvo un papel central en la composición, en contraste con el verde de las plantas y el ladrillo de la construcción. Un estanque integrado a una mesa funcionó como punto focal del espacio.
La recuperación de paisajes que formaron parte del territorio porteño apareció en la propuesta de Mike Outdoor Living, en el espacio 17, destinado a la expansión del bar. Allí, el paisajismo estuvo a cargo de Agustina Agüita de Gogoland, con una intervención inspirada en los antiguos humedales del Bajo Barracas. El proyecto incorporó un bañado transitable y vegetación asociada a esos ambientes, entre ella pastizales, ceibos y sauces.
La propuesta recuperó la memoria de un paisaje que quedó relegado por las transformaciones urbanas y lo llevó a una exposición dedicada al diseño contemporáneo. En lugar de limitarse a sumar plantas como recurso decorativo, el proyecto buscó recrear características de un ambiente natural y acercarlas a quienes recorren la muestra.

En el espacio exterior 18, Guadalupe Diez trabajó sobre un sector conocido como la fosa, un área deteriorada que había sufrido problemas de inundación.
La intervención recuperó parte de la vegetación que ya existía en el lugar, entre ella totoras, musgos y gramíneas, y la combinó con nuevos elementos de diseño. El contraste entre las plantas, las superficies envejecidas y las estructuras doradas dio lugar a una propuesta que puso en valor las huellas del tiempo sin ocultar la historia del espacio.
La integración de la naturaleza también llegó a los ambientes de trabajo. En el espacio 26, Intro Arquitectura desarrolló un coworking que buscó incorporar elementos naturales a un entorno laboral. La vegetación distribuida en distintos niveles formó parte de una propuesta vinculada con el diseño biofílico, una corriente que promueve la incorporación de la naturaleza a los espacios construidos para mejorar la experiencia de quienes los utilizan.
En el espacio 29, correspondiente a la heladería, Nisen Arquitectura trabajó junto con el paisajista Eduardo Stafforini para integrar el ambiente gastronómico con el exterior.
La propuesta incluyó una estructura vidriada, un deck y una composición vegetal con herbáceas, aromáticas y frutales, además de esculturas. La vegetación contribuyó a extender el espacio más allá del interior y a generar un entorno de encuentro.
La relación entre el paisaje y la identidad bonaerense tuvo una expresión particular en el espacio 31, una instalación artística exterior desarrollada por Mariela De Maio y Guillermo Patiño. Bajo el nombre Campo, Poética de la escala, la intervención vinculó la historia industrial del edificio con referencias a la obra del arquitecto Francisco Salamone y al paisaje de la llanura pampeana.

Un mural de grandes dimensiones, que representa un atardecer en el campo, se articuló con pastizales y esculturas de vidrio. La propuesta combinó arte y vegetación para trasladar al ámbito urbano una imagen asociada al territorio bonaerense. Los pastizales dejaron de ser un elemento secundario para convertirse en parte de una composición que recupera la identidad del paisaje rural.
En el recorrido también apareció la historia del edificio como fuente de inspiración. En el espacio 15, destinado a los baños públicos, el estudio Giménez Familia de Arquitectos trabajó sobre la memoria de la antigua fábrica de Alpargatas. La propuesta incorporó referencias a los hilos y materiales asociados a la producción textil, transformados en tramas y biombos, mientras que las columnas de hormigón conservaron su presencia como parte de la identidad industrial de la construcción.

Las propuestas de Casa FOA 2026 muestran distintas maneras de incorporar la naturaleza al diseño contemporáneo. La recreación de humedales, el uso de pastizales, la recuperación de plantas existentes y la integración de vegetación en espacios interiores y exteriores dan cuenta de una mirada que busca ir más allá de la función ornamental de las plantas.
En una muestra centrada en la transformación y resignificación de los espacios, el paisajismo encontró un lugar destacado. Las intervenciones pusieron en diálogo la vegetación con la arquitectura, el arte y la historia, y mostraron cómo los paisajes locales pueden convertirse en una fuente de inspiración para diseñar nuevos ambientes sin perder de vista la identidad del territorio.






