La demanda mundial de carne vacuna ofrece oportunidades para la Argentina, pero aprovecharlas exige resolver una ecuación cada vez más compleja para la industria frigorífica: la hacienda cuesta valores récord, las tarifas energéticas se dispararon y la capacidad instalada supera ampliamente la disponibilidad de animales. Ese es el escenario que describió Juan Manuel Beltrán, del frigorífico cordobés Bustos y Beltrán, durante la feria SIAL de París, donde también destacó la apertura de China como un paso clave para integrar el negocio.
“Hoy un poco el desafío de la industria es lograr la integración, lograr la sostenibilidad del negocio. En momentos donde el costo de la hacienda está en precios récord para la industria, también termina siendo un costo récord de la materia prima”, explicó. Por eso, sostuvo, resulta fundamental acceder a la mayor cantidad posible de mercados para aprovechar cada parte del animal y mejorar la rentabilidad.
La empresa consiguió la habilitación para exportar a China, un destino que considera estratégico y comenzó a hacer las primeras ventas hace pocas semanas.
Allí busca desarrollar clientes para distintos productos, desde carne deshuesada hasta huesos y cortes de animales terminados a grano. En las próximas semanas profundizará esos contactos durante una feria en Shanghai.
Esta nueva opción comercial favorece la concreción de negocios y la integración de la media res y en contexto de fuerte suba de costos que reducen la competitividad.
Una de las estrategias a las que se apuesta para reducir costos es aumentar la productividad. Con esa perspectiva, la empresa estudia para 2027 una inversión significativa destinada a ampliar su capacidad de desposte, incorporar túneles de congelado y construir nuevos depósitos. El objetivo es agregar valor, consolidar los mercados externos y aprovechar mejor una demanda internacional que sigue ofreciendo oportunidades, aunque con márgenes industriales cada vez más estrechos.
Bustos y Beltrán también opera en Estados Unidos, donde vende carne para industria y trabaja para desarrollar clientes interesados en cortes de mayor valor. Beltrán espera que se renueve el año próximo la cuota de 80.000 toneladas que permite sostener ese mercado. A su vez, la compañía participa en negocios con la Unión Europea, Emiratos Árabes, Hong Kong, Uruguay, Brasil y países africanos.
“La carne argentina es muy buscada, es la preferida por los europeos”, afirmó. Sin embargo, advirtió que los compradores exigen cada vez más calidad, trazabilidad, confiabilidad y regularidad en las entregas. No alcanza con ofrecer un buen producto: también hay que garantizar un abastecimiento continuo y homogéneo, especialmente cuando se trata de carne enfriada.
En ese frente, el reglamento europeo contra la deforestación aparece como una preocupación central de los importadores ante su entrada en aplicación prevista para enero de 2027. Beltrán consideró que Argentina está bien posicionada por la proporción de su producción ganadera basada en pasturas, pero remarcó que los productores deben inscribirse en los sistemas de trazabilidad para garantizar el cumplimiento de las exigencias.
También destacó la oportunidad que representa el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, aunque lamentó que todavía no se haya acordado entre los países del bloque cómo distribuir la cuota entre los exportadores. “Hoy, lamentablemente, ese beneficio lo está capitalizando el importador europeo porque la cuota la tienen ellos”, señaló.
La situación productiva local es otro de los condicionantes. Bustos y Beltrán tiene capacidad para faenar 12.000 animales mensuales, pero actualmente procesa unos 9.000. Es decir, trabaja con alrededor de un 25% de capacidad ociosa, en un contexto en el que la oferta de hacienda no alcanza para abastecer toda la estructura industrial instalada.
A esa dificultad se suma el aumento de los costos fijos. “Los números están muy ajustados. Hoy hay que ser muy eficientes y evaluar cada mercado, cada costo, cada negocio de la forma más profunda para evitar pérdidas y sacar rentabilidad”, describió.
El problema es que los gastos de personal y energía pesan cada vez más cuando baja la actividad. “Si faenás 100 o faenás 80, los costos laborales son los mismos, y los costos energéticos vienen creciendo de una manera que asusta”, advirtió.
Pese a las dificultades del presente, Beltrán observa un horizonte favorable para la ganadería. La retención de animales, el aumento de los kilos por cabeza y una mayor previsibilidad podrían traducirse en una oferta más abundante a futuro. “Hoy estamos en una situación diferente, donde se puede proyectar, y creo que es un buen momento para la ganadería argentina, un excelente momento para apostar y seguir invirtiendo”, evaluó.




