El frigorífico Rioplatense aportó 500 kilos de carne vacuna para servir a los importadores europeos durante la estratégica exposición SIAL de París. Pero detrás de ese embarque hubo algo más que una muestra de la calidad del producto argentino: la necesidad de demostrar que la carne cumple con los requisitos de trazabilidad del reglamento europeo contra la deforestación.
Según explicó Stanley Hogg, directivo de la empresa, los compradores ya están pidiendo esa información para las operaciones comerciales que se concretan actualmente, incluso antes de que las exigencias entren plenamente en vigencia.
“Lo que tuvimos presente en este embarque es que se verifique que la carne que se estaba enviando acá al evento de SIAL de París cumpla con los requisitos de la Unión Europea respecto del tema de la deforestación”, contó Hogg.

La carne servida durante el evento del Argentine Beef provino de novillos terminados a grano, de unos 550 kilos, engordados en establecimientos propios del frigorífico y en corrales de terceros que trabajan para la compañía. La elección de esos animales no fue casual: además de mostrar un producto de calidad, el objetivo era garantizar que la hacienda estuviera respaldada por la información requerida por las autoridades europeas.
La exigencia ya empezó a trasladarse a las compras. “Los importadores quieren anticiparse a la entrada en vigencia y que la carne que compran pueda cumplir con esa exigencia ya desde ahora”, señaló el directivo. Por eso, el desafío para la cadena no pasa solamente por adaptar los embarques que se realicen cuando el reglamento sea plenamente operativo, sino por asegurar desde ahora que los animales y los establecimientos de origen puedan acreditar el cumplimiento de las condiciones ambientales.
El reglamento europeo exige identificar los establecimientos de producción y verificar que los productos alcanzados no provengan de tierras deforestadas después del 31 de diciembre de 2020. Para cumplir con ese esquema, los productores deben aportar, entre otros datos, los polígonos geográficos de sus campos, que permiten ubicar con precisión los establecimientos de origen de la hacienda.
Hogg explicó que en estos días se preveía una actualización de esos polígonos para corregir errores de trazado o delimitaciones que incluían ríos y zonas protegidas. Ese procedimiento permitiría reincorporar establecimientos que, por problemas en la información cargada, estaban quedando afuera de los embarques destinados a Europa.
“Creo que van a permitir que contemos con la cantidad de establecimientos necesarios para cumplir con los requisitos de la Unión Europea”, evaluó. Sin embargo, advirtió que algunos campos podrían quedar excluidos si no logran resolver esas deficiencias. Por eso, la industria espera que las producciones destinadas a embarques de noviembre ya cumplan con todos los requisitos.
“No son requisitos complejos, pero el productor tiene que registrar el polígono y verificar que esté bien trazado”, resumió Hogg. También resulta indispensable asegurar la trazabilidad de la hacienda y comprobar que no provenga de establecimientos de cría que hayan estado afectados por la deforestación.

El directivo consideró que la Argentina cuenta con condiciones para competir en los principales mercados internacionales gracias a sus sistemas de producción, la genética y la posibilidad de ofrecer animales pesados con buena terminación y marmoleo.
Los novillos de unos 550 kilos utilizados para el evento parisino son un ejemplo de esa estrategia, que busca responder a las exigencias de los compradores de carne de mayor calidad.
“Estamos en condiciones de competir de igual a igual” con proveedores como Estados Unidos y Australia, sostuvo. También destacó el dinamismo que observa en Europa, donde la industria argentina espera ganar oportunidades ante la eventual salida temporal de Brasil de ese mercado. A eso se suma el interés por Estados Unidos, que tuvo un papel relevante para las exportaciones argentinas durante este año, y la importancia de China, aunque señaló que el país viene atrasado en el cumplimiento de su cupo de exportación.
En ese escenario, la trazabilidad ambiental empieza a ser una condición comercial concreta. Los 500 kilos que el Rioplatense llevó a París sirvieron para mostrar carne argentina, pero también para exhibir una adaptación que la industria considera necesaria para sostener y ampliar su presencia en Europa.




