Colaboración de Pablo María Larcade, del Estudio Tailhade – Bouquet – Ovejero
En las últimas semanas, la agenda económica y laboral se llenó de siglas y debates legales. El Fondo de Asistencia Laboral (FAL) generó ríos de tinta entre laboralistas y contadores. Sin embargo, para quien gestiona un establecimiento agropecuario, la pregunta de fondo no es jurídica, sino de caja: ¿esto es un impuesto más o una herramienta para no descalzarse en medio de una campaña?
Para entender el FAL en el campo hay que salir de la discusión impositiva tradicional y mirar el balance con anteojos de tesorería y riesgo operativo.
Lo primero: ¿Por qué NO representa un gasto nuevo para el productor?

Pablo Larcade
Existe la falsa sensación de que el FAL es una nueva alícuota que se suma al costo del personal. No es así.
La normativa reasigna el esquema de contribuciones patronales existentes (SIPA). Para las PyMEs agropecuarias con certificado vigente, la contribución se fija en el 2,5% de la masa salarial. La clave está en que este porcentaje no es un costo extra, sino una redistribución del Formulario 931: lo que antes iba en su totalidad a la bolsa común de la recaudación estatal, ahora se redirige a una cuenta con objeto específico a nombre de tu propia empresa.
En criollo: el cheque mensual a la AFIP/ARCA no aumenta por el FAL, pero una porción de ese dinero empieza a acumularse a tu favor.
La verdadera “vuelta de rosca”: Previsibilidad en la economía real del campo. En el agro sabemos gestionar la volatilidad del clima y los precios de los commodities. Pero hay un riesgo implícito en el balance patronal al que pocos le ponen número hasta que explota: el pasivo contingente por antigüedad del personal.
Pongamos un caso habitual de la actividad:
- Un establecimiento tiene un encargado o puestero con 12 años de antigüedad.
- Por reestructuración, cambio en el esquema de alquileres o venta del campo, se debe liquidar la relación laboral.
- Una indemnización por esa cantidad de años representa un monto equivalente a varios meses de masa salarial junta.
Si esa contingencia ocurre en pleno calce de compras de insumos, pago de arrendamientos o contratación de cosecha, la liquidez de la empresa cruje. El productor se ve obligado a malvender granos, postergar inversiones o endeudarse a tasas de mercado para cubrir el pago de un solo día.
Ahora aparecen cuatro ventajas financieras del fondo
- Transforma un “golpe de caja” en una reserva escalonada: En lugar de afrontar una erogación masiva e imprevista de 100 pesois, el fondo va acumulando la reserva mes a mes dentro del costo operativo habitual.
- Patrimonio inembargable y separado: Los fondos acumulados en el FAL están blindados contra contingencias comerciales o impositivas de la empresa.
- Inversión contra la inflación: El dinero no queda inmovilizado en una caja de ahorro. Es administrado mediante Fondos Comunes de Inversión o Fideicomisos autorizados por la CNV, lo que permite conservar el valor real de la reserva a lo largo del tiempo.
- Eficiencia fiscal: Los rendimientos generados no tributan Ganancias ni IVA, y los aportes siguen siendo deducibles de la base imponible.
El valor del asesoramiento en la elección del vehículo Un punto poco debatido es que el empleador tiene la facultad de elegir la Entidad Habilitada donde colocar esa reserva. Dejar que la asignación ocurra “de oficio” por omisión implica perder el control sobre el perfil de inversión de esos recursos.
Como profesionales en ciencias económicas, nuestro rol va más allá de presentar la declaración jurada a término. El verdadero valor agregado está en ayudar al productor a entender que esta reforma no es un trámite burocrático más, sino una oportunidad para transformar un pasivo laboral incierto en un seguro de liquidez para la empresa agropecuaria.




