La producción porcina argentina sigue creciendo, pero sin una expansión significativa de la capacidad instalada. El aumento de la productividad permite sostener el avance de la actividad, aunque detrás de esos números aparece una preocupación concreta: las nuevas inversiones están prácticamente frenadas.
Así lo explicó Agustín Tocagni, de Ingacot, empresa familiar dedicada a la producción porcina. “Hoy las inversiones están paradas, no se están concretando nuevos desembolsos en incrementar la capacidad de producción porque no hay un contexto sectorial que posibilite la inversión, no se dan las condiciones necesarias”.

El empresario destacó que el incremento en la faena, que este año es de 11%, y de la producción de carne “tiene que ver con la mayor eficiencia de los planteos productivos y el agregado de valor de los granos debido a su buena relación con los precios de la carne, no porque la carne tenga valores altos, sino porque el maíz y la soja tuvieron precios convenientes para la actividad”.
Uno de los principales obstáculos para que haya nuevas inversiones es el IVA que se cobra cuando se hacen esos desembolsos y el que se paga cuando se vende carne. La carne porcina tributa una alícuota de 10,5%, mientras que, al comprar instalaciones y equipamiento, el IVA promedio puede ubicarse cerca del 18%. Esa diferencia genera un saldo técnico que demora años en recuperarse.

“Venimos con IVA del 10,5%, con lo cual, cuando invertís, tenés un IVA promedio del 18%, que te cuesta un montón de años recuperarlo”, explicó Tocagni. El empresario estimó que los saldos de IVA vinculados a inversiones acumulados por el sector superan los 20.000 millones de pesos.
A eso se suma la falta de financiamiento de largo plazo. “Las líneas de crédito son de corto plazo, en dólares, para una producción que compra granos en dólares y vende en pesos”, cuestionó. Y comparó: “En Estados Unidos y Brasil este tipo de producciones se financian con por lo menos cinco años y con uno de gracia mínimo. Esa foto hoy no está”.

Por eso, el crecimiento actual se explica principalmente por una mayor productividad de las estructuras existentes. Tocagni señaló que establecimientos que producían unos 3.000 kilos por madre al año están llegando a unos 4.000 kilos. Hay más carne, pero no nuevas granjas en la magnitud necesaria para acompañar el potencial del negocio.
En Ingacot tienen un proyecto concreto. La empresa cuenta con 6.000 madres en producción en San Carlos de Bolívar y tiene un plan para llegar a 8.500 en los próximos tres años. “Lo podemos concretar, pero si se dan las condiciones que señalé”, sostuvo.

Incorporar esas 2.500 madres demandaría una inversión cercana a 20 millones de dólares. La magnitud del capital necesario explica la dependencia del crédito. “Para poner una madre en producción se deben invertir 7.000 dólares. Entonces, la inversión en 10.000 madres suma 70 millones de dólares”, ejemplificó.
El escenario se volvió, además, más ajustado por los costos. El precio del capón ronda los 2.370 pesos por kilo producido y, aunque el negocio continúa siendo positivo, Tocagni advirtió por la suba reciente del maíz, el expeller y la harina de soja. “Era positiva, hoy es una rentabilidad ajustada”, resumió.
Para el empresario, el potencial sigue intacto y la actividad puede generar empleo y valor agregado en el interior. “El cerdo es súper estratégico porque se genera arraigo, trabajo en las zonas rurales y, en vez de fletear maíz y soja a los puertos, se genera una dinámica económica y social impresionante en el interior”, sostuvo.
Otro desafío es la exportación. Tocagni consideró fundamental avanzar con el protocolo sanitario con China, especialmente por el valor que podrían alcanzar allí las menudencias. “Hoy estamos vendiendo menudencias a Costa de Marfil en 500 dólares cuando las podríamos vender en China en 2.000 dólares”, señaló.
El sector, entonces, tiene proyectos y productores dispuestos a invertir. Lo que falta, según Tocagni, son las condiciones para que esos proyectos puedan concretarse.




