Un tractor llegó a un campo de Pigüé dentro de una caja de madera. Dos productores la abrieron, le colocaron las ruedas, pusieron en marcha el motor y poco después lo sacaron a trabajar con una pala frontal. El video terminó circulando por TikTok y llamó la atención por una escena que hasta hace poco hubiera resultado bastante difícil de imaginar en el campo argentino. Comprar un tractor y recibirlo directamente en el establecimiento, sin pasar por una concesionaria tradicional, empieza a ser una alternativa concreta para algunos productores.
Detrás de ese caso hay un negocio que busca crecer a caballo de una diferencia de precios que se volvió cada vez más difícil de ignorar. Los tractores fabricados en China ya llegan al mercado argentino con valores que pueden ubicarse muy por debajo de los de las marcas tradicionales. Pero ahora algunos importadores están ofreciendo dar un paso más y saltear incluso a las concesionarias que comercializan esas marcas chinas en el país.
El mecanismo es relativamente sencillo. El productor elige el tractor y lo compra directamente a una fábrica del exterior. Queda registrado como importador y una empresa intermediaria se ocupa de buena parte de la operación, desde el contacto con el fabricante hasta el flete internacional, los trámites aduaneros y la entrega del equipo en el campo.
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“Nosotros somos un intermediario”, explicó a Bichos de Campo Santiago Loria, cofundador de Savex Argentina, una de las empresas que comenzó a ofrecer este servicio. La diferencia, según explicó, es que el tractor no lo compra Savex para revenderlo después en Argentina. “El tractor lo compra el productor”, señaló. La empresa gestiona la importación, mientras la operación comercial queda directamente entre el fabricante y el usuario final.
Ese detalle es el que permite achicar todavía más el precio. Si un productor compra un tractor chino a través de una concesionaria local, existe un eslabón comercial entre la fábrica y quien finalmente utiliza la máquina. En la modalidad de importación directa, ese paso desaparece.
“Entre comprar un tractor chino acá a una concesionaria o importarlo directamente hay mucha diferencia de dinero”, afirmó Loria. La empresa también consolida cargas de distintos clientes, por lo que quien importa una sola unidad no necesariamente debe afrontar el costo de un contenedor completo. Paga por el espacio que ocupa su tractor dentro de una carga compartida.
La diferencia no parte solamente de ese mecanismo. Según explicó Loria, un tractor chino ya puede costar aproximadamente la mitad de uno de las marcas tradicionales, mientras que la compra directa a fábrica permite reducir todavía más el valor final. En los casos más extremos, quienes participan de este nuevo circuito hablan de diferencias que pueden llegar al 60% frente a una alternativa convencional, aunque se trata de valores que dependen del modelo, la potencia, los accesorios y la comparación concreta que se haga.
La posibilidad de importar directamente tampoco requiere, según explicó el empresario, que el productor se convierta en un especialista en comercio exterior. Para hacerlo debe estar inscripto como responsable inscripto y realizar el trámite correspondiente ante ARCA para quedar habilitado como importador. Loria sostuvo que ese procedimiento puede resolverse en unos 15 o 20 días y que la propia empresa puede asistir al cliente en caso de que su contador no lo haga.
Después empieza la espera. Entre el primer pago y la llegada de la maquinaria al campo calculan unos tres meses, período durante el cual el comprador puede seguir el recorrido de la carga hasta su liberación en la Argentina.

El resultado es una modalidad que se parece cada vez más a una compra a distancia, aunque el producto tenga varias toneladas y termine trabajando en un lote. El productor elige el modelo, define la potencia y los accesorios, paga directamente al fabricante y recibe la máquina en su establecimiento.
En el caso que se hizo viral en las redes sociales, el tractor llegó a Pigüé en una caja de madera. Cuando se trata de una sola unidad dentro de una carga consolidada, llega de esa manera y el comprador debe colocar los neumáticos. Cuando se importan dos o tres unidades y se completa un contenedor, los equipos llegan directamente dentro de él, con los neumáticos desinflados.
La oferta tampoco se limita a los tractores chicos. Savex asegura haber trabajado con equipos desde 50 hasta 220 HP, algunos con pala frontal y otros con distintos accesorios. El segmento de 90 y 100 HP es, según Loria, el que concentra mayor demanda.
La empresa comenzó promocionando especialmente tractores de la marca china Tavol y afirma haber vendido más de veinte unidades durante el último año directamente a productores agropecuarios. Pero el mecanismo no está atado a una marca determinada. Si un productor encuentra otro fabricante en China y quiere traer ese equipo, también puede contratar la gestión de la importación.

Ese punto es importante porque muestra que el negocio que empieza a aparecer no depende necesariamente de construir una red comercial propia en la Argentina. El intermediario funciona como una puerta de entrada al mercado chino para productores que hasta ahora no tenían conocimientos de importación o no querían ocuparse personalmente de la operación.
El desafío aparece después de que el tractor llega al campo. La pregunta que naturalmente surge es quién responde cuando una máquina importada directamente tiene una falla o necesita un repuesto.
Desde Savex aseguran que los fabricantes ofrecen garantía por un determinado período de uso o por un año y que la relación con la fábrica continúa después de la compra. En caso de necesitar un repuesto, sostienen que pueden solicitarlo directamente al fabricante y enviarlo por vía aérea cuando se trata de piezas que lo permiten. Loria aseguró que la empresa también se ocupa de canalizar los reclamos de los productores.

Es un esquema muy diferente al de la maquinaria tradicional, donde la concesionaria no solamente vende la máquina sino que también forma parte de la estructura de servicio técnico, repuestos y garantía.
Por ahora, este canal directo todavía es pequeño frente al mercado general de maquinaria agrícola. Pero aparece al mismo tiempo que crece la presencia de equipos de origen chino en la Argentina. Los tractores chinos ya no son una rareza ni una oferta marginal y comenzaron a ganar espacio tanto a través de importadores y concesionarias locales como mediante operaciones directas realizadas por los propios usuarios.
El fenómeno ya empieza a aparecer en los números del mercado. Entre enero y septiembre se patentaron 758 tractores dentro del grupo de “Otros”, frente a apenas 320 en el mismo período de 2025. Es un salto del 136,9% y significa que esas marcas, donde tienen un peso decisivo los fabricantes chinos, ya explican el 19% de los patentamientos acumulados. En septiembre fueron 113 unidades, casi el doble que las 57 registradas un año atrás.
El dato tiene una salvedad importante porque no todos los tractores importados quedan reflejados en los patentamientos, especialmente los equipos chicos y medianos que no necesariamente deben circular por rutas. Pero incluso con esa cautela, el cambio de participación resulta difícil de ignorar. Mientras John Deere, New Holland, Case, Pauny, Massey Ferguson y Valtra retroceden en el acumulado, las marcas agrupadas en “Otros” más que duplicaron su volumen en apenas un año.
Esos números todavía no permiten saber cuántos tractores chinos llegaron por una concesionaria y cuántos lo hicieron mediante importaciones directas. Pero sí muestran que existe una demanda creciente por equipos que están entrando por fuera del puñado de marcas que históricamente dominaron el negocio. Y cuanto más amplia se vuelve esa oferta, más espacio aparece para un nuevo negocio alrededor de ella. Son empresas que no necesitan tener una concesionaria, un stock permanente de máquinas ni una red tradicional de vendedores, sino que pueden conectar al productor argentino con una fábrica del otro lado del mundo y resolver por el camino la parte de la operación que el usuario no sabe hacer.
Son dos caminos distintos para llegar al mismo producto. En uno, el productor entra a una concesionaria, negocia con un vendedor y recibe el respaldo de una estructura comercial instalada en el país. En el otro, se convierte en importador, compra directamente en China y contrata a un tercero para resolver la parte del negocio que no conoce.
La diferencia de precio es el argumento central. También lo es la facilidad con la que hoy pueden resolverse trámites y operaciones que durante mucho tiempo estuvieron reservados a empresas especializadas en comercio exterior.
El tractor de Pigüé, dentro de aquella caja de madera, terminó funcionando como una demostración bastante gráfica de ese cambio. No solamente porque una máquina agrícola fabricada a miles de kilómetros llegó directamente a un campo bonaerense. También porque detrás de esa caja empieza a aparecer una nueva forma de comprar maquinaria, con el productor ocupando un lugar que hasta ahora estaba reservado a los importadores y concesionarios.




