La región chilena de Magallanes despidió a Percy Rolando García Saldivia, uno de los nombres más reconocidos de la esquila regional, quien falleció el jueves 27 de agosto de 2026, a los 66 años. Su trayectoria estuvo ligada a una actividad que forma parte de la identidad productiva de la Patagonia chilena y a una tarea solidaria que lo llevó a desafiar los límites de la resistencia física.
García no fue solamente un esquilador reconocido. También fue concejal de Laguna Blanca, recibió el reconocimiento de Esquilador Destacado de la comuna y se convirtió en un referente para quienes encontraron en su historia una forma de acercarse a la vida rural y a las tradiciones ganaderas de Magallanes.
Durante décadas, el esquilador magallánico acercó el oficio a nuevas generaciones y convirtió su trabajo en una herramienta de colaboración. En 1999 esquiló durante 65 horas consecutivas y alcanzó 1.300 ovinos para reunir fondos destinados a las Jornadas por el Niño Impedido. Su historia familiar, sus enseñanzas y su compromiso con la comunidad quedan como parte de la memoria ganadera de la región.

En 2023, Percy García fue entrevistado en el programa Patagonia Rural, donde compartió recuerdos de sus comienzos y de una vida vinculada a la esquila desde la infancia.
Comenzó a participar en el oficio a los 11 años. La tradición familiar fue su primera escuela: su abuelo había sido esquilador y su padre trabajaba junto a Amado García, un trabajador reconocido en esa actividad.
Su relato permite comprender que la esquila no se aprende únicamente a través de la técnica. También se transmite mediante la observación, la experiencia compartida y los conocimientos que pasan de una generación a otra.

Los primeros años estuvieron marcados por las exigencias físicas del trabajo. Las largas jornadas, la postura y los movimientos repetitivos le provocaron dolores en la espalda, los brazos y las piernas. Sin embargo, García recordaba esas dificultades como parte del proceso de aprendizaje y de una trayectoria que logró sostener a lo largo del tiempo.
Uno de los aspectos más valiosos de sus testimonios es la mirada que tenía sobre el cuidado del cuerpo y la manera de trabajar. A los esquiladores que recién comenzaban les aconsejaba “no intentar alcanzar grandes cantidades de animales de inmediato”. Explicaba que un trabajador podía “empezar esquilando 150 ovejas en un año y llegar a 200 al siguiente, siempre que el crecimiento se produjera de manera gradual”.
La recomendación no estaba dirigida solamente a mejorar el rendimiento, sino a preservar la salud y la continuidad en el oficio. “Las ovejas van a seguir caminando y nosotros bajo tierra”, expresaba.

Con esa frase, García transmitía a sus compañeros más jóvenes una enseñanza sobre los límites del esfuerzo. En un trabajo donde la resistencia física y la productividad tienen un peso importante, defendía la necesidad de no desgastarse de manera innecesaria.
Su experiencia le había enseñado que la esquila requiere ritmo, conocimiento y constancia. No se trata únicamente de cuánto se puede hacer en una jornada, sino de cómo sostener el trabajo a lo largo de los años.
El compromiso de Percy García con las Jornadas por la Rehabilitación en Magallanes, impulsadas por el Club de Leones Cruz del Sur, comenzó a mediados de la década de 1990 y se extendió durante aproximadamente diez años.
Durante ese período, convirtió su oficio en una forma de colaboración concreta. Las ganancias obtenidas por sus jornadas de esquila eran destinadas íntegramente a la cruzada solidaria, que apoyaba a niños y personas con discapacidad.

En 1999 protagonizó una de sus proezas más recordadas: permaneció 65 horas realizando actividad de manera ininterrumpida y esquiló 1.300 ovinos. Por ese desafío recibió 1 millón 200 mil pesos, que se vinculaban con la recaudación de la jornada solidaria.
Los registros audiovisuales de aquella época permiten recuperar su voz, su forma de explicar el oficio y el sentido que le otorgaba a la actividad. Más allá de las cifras, las imágenes documentan una práctica tradicional de la ganadería patagónica y el esfuerzo de un trabajador que decidió poner su capacidad al servicio de otros.
En sus testimonios, García también hablaba de la importancia de cooperar durante las jornadas laborales. Para él, el trabajo no se reducía al desempeño individual, sino que incluía la disposición a ayudar a los demás.
Recomendaba a sus compañeros aportar siempre que fuera posible, incluso cuando ese gesto no recibiera reconocimiento público. Esa mirada resulta especialmente significativa en un oficio que se desarrolla en equipos, donde la organización de las tareas, la confianza entre trabajadores y la experiencia compartida forman parte del funcionamiento cotidiano de la esquila.
Su enseñanza vinculaba la destreza con la responsabilidad colectiva bajo el compromiso de trabajar bien, cuidar el cuerpo y colaborar con quienes comparten la jornada.
Quizás uno de los aspectos más perdurables de su legado esté en las enseñanzas que compartió: el oficio se aprende con el tiempo, el cuerpo necesita cuidado y la solidaridad puede construirse desde el trabajo cotidiano.





