Aunque la madera forma parte de la foto tradicional de los establecimientos ganaderos, estando presente tanto en mangas como en alambrados, corrales, establos y todo tipo de estructuras, su necesidad de mantenimiento, así como su menor resistencia y durabilidad, la dejan en desventaja frente a nuevas alternativas que aparecen en el mercado.
Una de esas opciones es la que ofrece la firma Warp, de origen chileno, que encontró la forma de aprovechar descartes plásticos industriales y convertirlos en tableros resistentes para la construcción. Y aunque su portfolio excede a la producción agropecuaria, sus desarrollos ya han sido bien recibidos entre ganaderos de Estados Unidos e Irlanda, a los que pronto se sumarán ingleses y, por qué no, argentinos.
“Formamos parte de un pequeño grupo industrial. Nuestra empresa madre se llama NeXtgrouP y tiene dos plantas en Santiago de Chile abocadas a la industria del plástico, desde distintos focos y tecnologías. En 2019 nos surgió la necesidad de buscar una herramienta que nos permitiera avanzar en el reciclado de estos materiales y dimos con un genio loco que creó la máquina que hoy utilizamos, y que nos permite absorber todo tipo de plásticos sin necesidad de lavarlos o segregarlos previamente”, contó a Bichos de Campo Martín Pérez, gerente general de Warp.
Ese trabajo logró un doble propósito: evitar que miles de toneladas de aquel material descartado terminen en vertederos y obtener un insumo útil para construir distintas instalaciones.

“Trabajamos con diferentes tipos de plástico. Tenemos polietileno de baja densidad, polietileno de alta densidad, polipropileno, poliéster y también productos laminados, que son muy frecuentes en la industria alimenticia. El único que dejamos de lado es el PVC, por la toxicidad de los gases que genera. Todo eso se muele y aglomera en planchas que pueden ir desde los 4 milímetros hasta los 50”, señaló Pérez.
Desde el comienzo de sus operaciones, Warp logró procesar más de 7.200 toneladas de plástico. En 2025 exportó más de 5 contenedores de producto a Irlanda que terminaron en corrales, mangas, salas de ordeñe y en revestimiento de puertas y pasillos de establos.
“Por el clima que tienen, el producto funcionó muy bien ya que repele el agua al 100%. Nos lo han pedido hasta para bebederos y carrocerías de camiones y carros agrícolas. Se puede ensuciar con barro o excremento y es fácilmente lavable”, destacó el gerente.
Pero eso no es todo. La empresa sometió estos tablones a distintas pruebas que determinaron que no liberan sustancias contaminantes por sobre los límites permitidos como bisfenol A (BPA) o formaldehído.

“El cliente es quien le da el uso que necesita y lo manipula. Este producto se puede trabajar prácticamente de la misma forma que la madera, incluso con las mismas herramientas. Se puede pintar, cortar, lijar, perforar y trabajar con sierras, clavos y tornillos. Por eso cada quien lo adapta a sus condiciones y necesidades”, indicó Pérez.
Aun así, la empresa no descarta avanzar en la fabricación de productos terminados. Incluso sumaron un pequeño taller para productos puntuales en base al pedido de ciertos clientes.
“Un ejemplo fuera del sector agropecuario y que muestra la versatilidad de nuestro producto es lo que le vendemos a los cementerios. Hacemos una segregación previa de los plásticos para conseguir un material de un color más blanco y fabricamos lápidas. Los cementerios luego imprimen los nombres sobre ellas. Es un nicho donde vimos que podemos agregar valor al material”, señaló el empresario.

-¿Qué capacidad de producción tienen?- le preguntamos a Pérez.
-La máquina tiene una capacidad de procesamiento de entre 600 y 700 toneladas mensuales. Es una línea de producción muy grande, por eso insistimos en un modelo de negocio de escala industrial. Hoy estamos en un 40% de nuestra capacidad total.
-¿Es un producto más costoso que la madera?
-Estamos en un precio similar o apenas superior. Nuestra apuesta está en la durabilidad y la vida útil del producto. Quizás al principio tengas que hacer una inversión un poco mayor, pero a largo plazo te termina saliendo más barato porque no necesitás reemplazar el material tan frecuentemente. A pesar de ser un descarte, el plástico no tiene un costo cero y hay cuestiones logísticas que también entran en juego.
-¿Por qué les interesa ingresar en el mercado argentino?
-Después de ver el éxito que tuvimos en Irlanda, especialmente por los volúmenes que nos están comprando y por los usos que les están dando a nuestros tableros, pensamos que hay una oportunidad de replicar esa experiencia. Argentina es un país grande, agrícola y ganadero, que además tiene situaciones climáticas similares, con condiciones bastante extremas en determinadas regiones. Y encima es un país vecino de Chile. Tenemos plantas al otro lado de Mendoza.





