La ciudad correntina de Bella Vista fue históricamente reconocida como la Capital Nacional de la Naranja, pero el retroceso de la citricultura abrió espacio para una mayor diversificación productiva. Allí, cultivos como el tomate, el pimiento, la frutilla y en particular el arándano, fueron ganando terreno.
En ese escenario trabaja El Panqueque SRL, una firma frutícola con sede en Mar del Plata, donde produce kiwi, y presencia en Bella Vista, con una chacra dedicada al cultivo de palta, mango, vid y arándanos.
Actualmente, el establecimiento cuenta con unas 7 hectáreas de arándanos. El manejo de este cultivo exigente combina condiciones específicas de suelo, mallas de protección y una cosecha completamente manual. La firma, además, proyecta volver a ampliar la superficie e incorporar variedades más tempranas y de mayor calibre.

Manuel Rivero, más conocido como “Pato”, conoce de cerca esa historia. “Pertenezco a la empresa El Panqueque. Estoy en el tema de los arándanos desde 2006. Primero inicié como empleado y ahora estoy como encargado de campo”, dice a Bichos de Campo.
Los primeros pasos de la empresa con el arándano se dieron con la O’Neal, una de las pocas variedades disponibles en aquel momento para probar el cultivo en suelo correntino. “Los primeros años nos costó para que arranque y que la planta comience. Una vez que tuvo sus tres años de ciclo, la planta empezó a producir y ahí, desde la firma, se decidió seguir en el tema de arándanos”, recuerda Rivero.

Con el paso del tiempo, sin embargo, la superficie se redujo. El motivo estuvo relacionado con la fecha de ingreso de la fruta al mercado. “Tuvimos que dar de baja por el tema de que salíamos muy tarde. En el mes de octubre acá los mercados como Buenos Aires o Mar del Plata se saturan. Entonces, decidimos dejar en pie sólo lo que es la variedad temprana”, manifiesta.
Actualmente trabajan con Snowchaser, una variedad que permite concentrar la cosecha durante agosto y septiembre. Una hectárea reúne unos 3.000 arbustos que puede alcanzar, en promedio, un rendimiento de hasta 10.000 kilos de fruta.
Rivero explica que el arándano comienza su floración entre mayo y junio. Durante el inicio de julio aparecen las primeras frutas y, a partir de entonces, el cultivo atraviesa un ciclo de entre dos y tres meses de producción. Luego, llega el momento de preparar las plantas para la siguiente campaña.
El suelo es uno de los puntos centrales del manejo del arándano. “Sin corteza de pino, el arándano no funciona ya que tenemos un suelo ácido”, remarca Rivero. Las plantas se disponen en hileras sobre camellones cubiertos con plástico para controlar las malezas, mientras que la corteza de pino forma parte del sustrato utilizado en el cultivo para controlar la acidez.
También, es clave proteger la fruta. Si bien inicialmente se utilizaban mallas antipájaros para resguardar los frutos, la empresa optó por una estructura antigranizo que cumple ambas funciones.

A su vez, Rivero señala que las lluvias excesivas no sólo inciden el desarrollo del cultivo, sino también la cosecha y la logística. “Se complica bastante con la lluvia porque además complica la logística de la cosecha y la fruta comienza a pasarse. Una vez que cosechaste un lote, en cuatro días máximo tenés que volver a repasarlo, si no se te pasa”, advierte.
La cosecha del arándano requiere paciencia y una importante cantidad de trabajadores. Cada lote se recorre para retirar de manera manual únicamente los frutos que alcanzaron el punto adecuado de madurez. Los que todavía necesitan tomar color quedan en la planta hasta la siguiente vuelta.
“Con amor al arándano”, responde Rivero cuando se le pregunta cómo hacen para que la fruta llegue entera, atractiva y en buenas condiciones al mercado. El trabajo demanda entre 30 y 40 cosecheros para levantar la producción de una hectárea. La disponibilidad de mano de obra se convirtió, de hecho, en uno de los factores que contribuyeron también a reducir la superficie implantada. “Somos un campo de 24 hectáreas, en su momento hubo más de 300 trabajadores cuando era necesario. Y llegó el tiempo que no podías cosechar porque nos faltaba personal”, recuerda.
Una vez recolectada, la fruta pasa al galpón de empaque del establecimiento, donde se coloca en envases plásticos tipo clamshell, se acondiciona en cajas de cartón y se conserva en cámara de frío antes de su comercialización. Todo el proceso productivo y de envasado se realiza en el mismo predio de El Panqueque.
La totalidad de la fruta se comercializa en fresco y el establecimiento dispone de cámaras de frío y espacios de procesamiento tanto en sus instalaciones de Corrientes como en Mar del Plata. La producción dejó de tener como destino principal los mercados internacionales y actualmente se concentra en el consumo interno. “En los últimos años, toda nuestra producción se centra en lo que es el mercado local. Llegamos a Buenos Aires, Mar del Plata, Mendoza, entre otros destinos”, cuenta Rivero.

Después de cada campaña llega la poda de mantenimiento. Las plantas pueden permanecer alrededor de 20 años en producción, aunque en El Panqueque nunca llegaron a ese límite: el recambio de variedades acompañó la aparición de nuevas opciones genéticas.
Pese a la retracción, desde El Panqueque remarcan que el próximo paso es recuperar superficie. “Si bien ahora nos achicamos, la idea es poder ampliar y llegar a las 10 hectáreas, probando las nuevas variedades orientadas a una cosecha temprana”, concluyó Rivero.




