Tras haber sido declarado el 2026 como su año a nivel global, pareciera que la discusión por la desaparición de los pastizales está ahora en todos lados. Y ciertamente es así, aunque en realidad se trate de un problema ambiental de larga data.
En las últimas dos décadas, se estima que Argentina perdió una superficie equivalente a la provincia de Misiones -alrededor de 4 millones de hectáreas- de este ecosistema, y que en la ecorregión pampeana el flagelo alcanza a 8 de cada 10 hectáreas. Fue uno de los casos que se discutió a más de 18.000 kilómetros entre representantes de todo el mundo.

La situación de los pastizales no fue ajena a la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD COP17), llevada a cabo en Mongolia semanas atrás. El encuentro puso en relieve que un 40% de las tierras globales están degradadas y que tanto ese ecosistema, como el de la sabana, tienen que estar en el centro de la agenda global sobre restauración de tierras, desertificación y sequía.
Entre ONGs, instituciones y funcionarios de todo el mundo aprovecharon la ocasión para lanzar la “Rangelands Flagship Initiative”, un fondo de 1200 millones de dólares para financiar proyectos orientados a conservar, manejar sosteniblemente y restaurar pastizales.
Pero, como contracara, decidieron “patear” parte de la discusión para 2028.
Luego de 12 días de debates y negociaciones en Ulán Bator, los delegados de 196 países y de la Unión Europea acordaron que urge avanzar en soluciones urgentes, porque si se suma el impacto de las sequías, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, el problema de la desertificación alcanza ya a 3200 millones de personas en el mundo.
Curiosamente, no hubo quórum en torno a un protocolo global que sea vinculante y que establezca medidas ante la sequía. La discusión, aseguraron, continuará en la COP18, prevista para 2028.
No obstante, el encuentro global tuvo su réplica luego a nivel local, con la iniciativa llevada a cabo por la Fundación Vida Silvestre en Diputados, cubierta oportunamente por Bichos de Campo. Allí, representantes locales e internacionales dieron cuenta de la urgencia que reviste el trabajo sobre los pastizales, nada menos que el ecosistema que alcanza a casi el 50% del territorio argentino.

“Cada país tiene algo que aportar para la conservación. Dependemos de todos los países”, señaló durante el encuentro en Diputados Aída Luz Aquino, directora de WWF Paraguay. Esa integración es la que consolida hoy el proyecto regional en el que trabajan Argentina, Colombia y Paraguay junto al gobierno alemán.
Se enmarca en la Iniciativa Internacional para el Clima (IKI), mediante la cual el país europeo apoya propuestas que buscan fortalecer la conservación de estos ecosistemas y a la vez promover prácticas de manejo sostenible, que estrechen lazos entre producción y protección.
En el caso del área pampeana, sin ir más lejos, se estima que un 80% de los pastizales naturales ya fueron “convertidos” en producción agropecuaria, y que apenas el 2,6% configura áreas protegidas. Un especialista de la Fundación Vida Silvestre explicó cómo hoy se busca incorporar a la ganadería en las prácticas de conservación.
“El desafío es reconocer que conservar los pastizales no significa dejar de producir. Se trata de proteger la naturaleza y los beneficios que estos ecosistemas nos brindan, como el agua, el suelo y la biodiversidad, al mismo tiempo que promovemos formas de manejo que permitan sostener la producción en el largo plazo”, señaló por su parte Sebastián Fermani, director de conservación de dicha entidad.





