Para un investigador, buena parte del trabajo puede terminar condensado en un paper, una tesis o algún otro documento académico. Mauricio Tcach, mejorador de algodón del INTA Sáenz Peña, tuvo esta vez la satisfacción de recorrer el camino completo: una investigación que comenzó varios años atrás en el laboratorio llegó finalmente a convertirse en una variedad que los productores podrán sembrar.
Se trata de Arandú INTA BGRR IMIcott, un nuevo algodón desarrollado por el organismo público en vinculación con la empresa chaqueña Gensus, que incorpora resistencia a herbicidas de la familia de las imidazolinonas. Según informó el propio INTA al presentar oficialmente la variedad, esa característica no tiene antecedentes comerciales a escala mundial.

“Es una gran satisfacción porque pasamos de la ciencia básica a la aplicación directa”, resumió Tcach en diálogo con Bichos de Campo.
El punto de partida estuvo varios años atrás, cuando el equipo de mejoramiento entendió que ya no alcanzaba solamente con desarrollar buenas variedades de algodón. “Para jugar en las grandes ligas necesitábamos meternos en ese mundo”, explicó el investigador, en referencia a la incorporación de herramientas biotecnológicas, mutagénesis y edición genética.
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Fue en ese proceso que encontraron una mutación capaz de otorgarle al cultivo resistencia a las imidazolinonas, una familia de herbicidas que hasta ahora no podía utilizarse de esa manera en algodón.
La importancia, explicó Tcach, está especialmente en su efecto residual. Eso permite atacar las malezas cuando están germinando o todavía son muy pequeñas y, según señaló, conseguir un buen control utilizando una menor cantidad de herbicida.
Pero Arandú no fue pensado solamente alrededor de esa tecnología. El equipo del INTA también buscó que tuviera una característica que Tcach considera fundamental para las condiciones productivas de la región algodonera: plasticidad.
“Nosotros teníamos variedades de mucho potencial, pero faltaba incorporar una plasticidad de manera tal de producir en una zona que es irregular”, señaló.
¿Y qué significa eso fuera de la jerga de los mejoradores? Que el algodón pueda alcanzar rendimientos satisfactorios en distintos ambientes, sin depender de ajustes demasiado finos o protocolos difíciles de trasladar a la producción comercial.
“Nosotros en una parcela creemos que logramos todo. Ahora ese resultado lo tenemos que trascender a un campo de 200, 500 o 1.000 hectáreas”, graficó Tcach.

La tecnología que permitió obtener esa resistencia, además, no es transgénica. “Lo que hicimos fue cambiar un nucleótido del ADN por otro y eso genera ese cambio maravilloso que hace que el herbicida no lo mate”, indicó el investigador.
Esa característica abre incluso otras posibilidades. Tcach contó que el INTA ya está probando en Sevilla, España, versiones de Arandú y otros germoplasmas que contienen solamente esa resistencia, sin incorporar eventos transgénicos que encuentran mayores restricciones regulatorias en Europa.
Pero detrás de la llegada de variedad al mercado aparece otra historia que entusiasma al investigador: la construcción de un vínculo entre el INTA y Gensus que, según contó, comenzó con un acuerdo más acotado y fue ganando profundidad.
“Hemos logrado una simbiosis que va creciendo. A veces uno cree que las relaciones se dan de forma automática: declaramos que vamos a hacer un proyecto y listo. Pero acá lo interesante es que esa relación fue madurando”, señaló Tcach.
El esquema comenzó con una licencia y ahora avanzó hacia una instancia de “co-creación”, en la que ambas partes intentan definir conjuntamente qué herramientas necesita el productor y cómo convertirlas en nuevos productos.
Arandú pretende ser solamente el primer resultado visible de esa asociación. El programa que encararon tiene una meta ambiciosa: lanzar diez nuevas variedades de algodón en los próximos cinco años. Y según aseguró, ellas no están tan lejos de ver la luz. Una podría llegar dentro de unos dos años al mercado e incorporaría tolerancia a glufosinato, otro herbicida cuya utilización, según afirmó, es demandada por los productores.
“Tenemos una futura variedad con tres eventos en algodón. Es una cosa que soñamos, que parecía algo lejano, pero está a dos años vista de ser posible”, afirmó Tcach.
Para el investigador, después de tantos años de selección, parcelas experimentales, invernáculos y trabajo de laboratorio, el lanzamiento comercial de Arandú ofrece finalmente una medida bastante concreta de todo ese recorrido: esta vez, la investigación no quedó guardada en un paper.





