Los pastizales ocupan un lugar central en la producción ganadera mundial, pero siguen siendo ecosistemas muchas veces relegados a la hora de recibir inversiones. Con ese diagnóstico, la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) lanzó una iniciativa internacional destinada a movilizar fondos para su manejo sostenible y restauración.
La denominada Iniciativa Emblemática sobre los Pastizales fue presentada durante la COP17 de la convención, que se celebra en Mongolia, y propone trabajar sobre tres ejes: generar y compartir más conocimiento, aumentar la inversión pública y privada mediante proyectos de restauración y manejo sostenible, y fortalecer las instituciones y políticas destinadas a proteger estos ambientes.
La relevancia productiva de estos ecosistemas no es menor. Según datos de la CNULD recogidos por la Agencia EFE, los pastizales sostienen a alrededor de 2.000 millones de personas y proporcionan cerca del 70% del alimento consumido por el ganado a nivel mundial, por lo que constituyen uno de los grandes sistemas de producción de alimentos del planeta.
La iniciativa coincide además con el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores 2026, declarado por Naciones Unidas para poner en valor el papel de estos ambientes en la producción de alimentos, la biodiversidad y el almacenamiento de carbono. Se estima que unos 500 millones de personas dependen directamente de ellos para su sustento.
Como parte del impulso financiero, Mongolia firmó con el Banco Europeo de Inversiones una carta de intención por hasta 200 millones de euros, mientras que con el Banco Mundial acordó un programa que prevé movilizar otros 100 millones de dólares para manejo sostenible de tierras, protección ambiental y desarrollo económico local, informó EFE.
El lanzamiento se da en un contexto de creciente degradación de estos ambientes, que abarcan desde las estepas euroasiáticas y las sabanas africanas hasta las praderas sudamericanas. La COP17 busca precisamente avanzar en respuestas frente a la desertificación, la sequía y la degradación de tierras, un proceso que ya afecta al 40% de la superficie terrestre del planeta.
De mantenerse las tendencias actuales, señalaron, un 11% adicional de la superficie terrestre -una extensión equivalente a Sudamérica- podría degradarse de aquí a 2050, con graves consecuencias para el clima, la biodiversidad y la producción de alimentos.




