Ante un aumento en la frecuencia de los incendios forestales en todo el globo, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) lanzó una dura reflexión: los animales siguen siendo la última prioridad en los planes de emergencia. Sucede que mientras el foco se coloca en las llamas y su dispersión, poca atención se le presta al impacto que el fuego genera en la fauna de cada lugar, que se ve obligada a desplazarse en busca de alimento y agua, lo que, a su vez, reordena el mapa de enfermedades.
Las estimaciones internacionales arrojan que en 2025 se quemaron cerca de 335 millones de hectáreas en todo el mundo, lo que despliega una enorme lista de consecuencias que van desde la destrucción del hábitat de innumerables animales silvestres, hasta el riesgo para las comunidades rurales, que en muchos casos pierden sus medios de subsistencia.

A nivel local las cifras también evidencian la tendencia: la temporada 2024/2025 fue la peor de la región andino-patagónica en tres décadas. Entre octubre de 2024 y marzo de 2025, el fuego arrasó 31.722 hectáreas de bosques, cuadruplicando la superficie del período anterior, con 11.782 hectáreas en Neuquén, 10.218 en Río Negro y 9.722 en Chubut. En el otro extremo del país, el INTA Corrientes contabilizó 164.054 hectáreas quemadas entre enero y marzo de 2025, mientras que Córdoba mapeó 675 incendios forestales y rurales durante ese año.
“Si bien las devastadoras consecuencias de los incendios forestales sobre las personas y el medio ambiente son ampliamente reconocidas, sus efectos sobre la fauna suelen recibir menos atención”, indica la declaración publicada recientemente la OMSA.
“Los incendios pueden provocar un sufrimiento y una mortalidad animal generalizada, alterar la producción ganadera, destruir hábitats y biodiversidad. También pueden modificar la forma en que interactúan la fauna silvestre, los animales de producción y las personas mucho después de que las llamas se hayan extinguido. La fauna desplazada puede acercarse a zonas agrícolas y asentamientos humanos, y los ecosistemas degradados pueden alterar la dinámica y los mecanismos de transmisión de enfermedades”, alerta a continuación.
Esto vuelve vital la acción coordinada entre los sectores de la sanidad animal, la salud pública, el medio ambiente y la gestión de emergencias, con especial foco en el trabajo en territorio.
De acuerdo con esta organización internacional, los servicios veterinarios están en una posición ideal para actuar previo a la ocurrencia de estos fenómenos, a través de iniciativas como la promoción del pastoreo y la planificación del uso del suelo, así como la planificación de protocolos de emergencia.
“Durante las emergencias, contribuyen a la evacuación de animales, la atención veterinaria de urgencia, las evaluaciones del bienestar animal y la coordinación con los equipos de respuesta. En la fase de recuperación, ayudan a restablecer los servicios esenciales de sanidad animal, fortalecer la vigilancia de enfermedades, supervisar la salud del ganado y de la fauna silvestre, y apoyar la recuperación de los medios de vida rurales y de los ecosistemas afectados”, destaca la misiva.
Pero, a pesar de ese accionar, estos servicios todavía se encuentran “insuficientemente integrados en los sistemas nacionales de gestión de desastres y emergencias”. Por tal motivo, la OMSA llamó a repensar las estrategias de prevención y atención de casos para mejorar el nivel de respuesta, y alentó a los países miembros a adoptar alguna de las siguientes medidas:
- integrar la sanidad y el bienestar animal, incluida la fauna silvestre, en los planes nacionales de preparación, respuesta y recuperación frente a incendios forestales;
- fortalecer la colaboración entre los Servicios Veterinarios, las autoridades responsables de la gestión de emergencias, las agencias ambientales, las autoridades competentes en materia de fauna silvestre y otros socios pertinentes;
- invertir en Servicios Veterinarios y sistemas de sanidad animal capaces de responder eficazmente a las emergencias relacionadas con el cambio climático y los desastres;
- adoptar un enfoque que involucre al conjunto de la sociedad;
- promover medidas de preparación que protejan a los animales domésticos, el ganado y la fauna silvestre.
“A medida que el riesgo de incendios forestales continúa aumentando, la protección de los animales no puede seguir siendo una consideración secundaria. Fortalecer la resiliencia de los Servicios Veterinarios no solo constituye una inversión en sanidad animal, sino también en la preparación frente a las emergencias relacionadas con el clima y el medio ambiente, que son cada vez más frecuentes y complejas”, concluye la declaración.




