“El alambre no debería elegirse únicamente por costumbre o por precio por rollo. Hay que mirar qué animales va a contener, qué presión tendrá el cerco, cómo es el terreno, si será permanente o móvil y cuánto mantenimiento podrá sostener el establecimiento”. Recién entonces, cuando se estudian todos esos factores, “el alambrado deja de ser un gasto defensivo y se transforma en una herramienta de manejo”.
Lo dice Marcelo Pascual, presidente de Herpaco, una empresa especializada en acero que también abarca el rubro agropecuario. En la empresa saben que están en un momento soñado, con el regreso de la ganadería a muchos campos. Pero recomiendan a sus clientes actuar con prudencia.
La ganadería cerró 2025 con un rodeo menor, pero con mejores indicadores reproductivos y exportaciones récord. Se estima que esta tendencia seguirá unos cuantos años más, y que eso empujará inversiones en campos donde las vacas regresarán luego de años de exilio forzado por la soja o donde se mejorarán las instalaciones, buscando una mayor eficiencia productiva.

El manejo para incrementar la producción ganadera es un factor clave. En 2025 el stock bovino cerró en 50.920.790 cabezas, un 1,36% menos que un año antes, pero la relación entre terneros logrados y vacas se mantuvo en 65,2%, por encima del promedio de 62,3% registrado en la serie 2007-2025. De este modo el país contabilizó 14.405.022 terneros y terneras, un resultado que, aun dentro de una reducción del rodeo, muestra una búsqueda sostenida de eficiencia reproductiva.
En Herpaco se ilusionan con que esta tendencia redundará en mayores inversiones en estructura, y allí el alambrado saca ventaja. Ellos tienen una división especial dedicada al agro y estiman incrementarán sus ventas. Pero en un a gacetilla, su presidente advirtió que ese gasto no debe ser realizado al tun tun sino con criterio y planificación
La explicación es que ya no se debe alambrar con conceptos antiguos: “Durante décadas, el alambrado fue una de las imágenes más estables del paisaje rural argentino. Marcaba una propiedad, separaba un camino y contenía animales. En 2026, esa función permanece, pero ya no alcanza para explicar su importancia. En establecimientos que buscan producir más kilos por hectárea y ordenar el uso del forraje, el alambre empieza a ser leído como infraestructura productiva: define movimientos, tiempos de ocupación, descansos y accesos al agua”, explicó la empresa proveedora.
La búsqueda de más peso por animal, mejores índices reproductivos y mercados externos más exigentes trasladan el foco hacia decisiones que antes podían descuidarse. Desde la visión de Herpaco, “un cerco mal dimensionado puede generar escapes, mezcla de rodeos, sobrepastoreo, roturas frecuentes o mayor demanda de mano de obra”. En cambio, “un sistema diseñado según el uso permite administrar el campo como una secuencia de ambientes y no como una única superficie abierta”.
En este sentido, se explicó que una de las tendencias más visibles en el negocio del alambrado es el “esquema híbrido”. Consiste en perímetros permanentes y durables, combinados con subdivisiones internas flexibles, hechas con eléctricos. La lógica responde al avance del pastoreo rotativo y del apotreramiento, sistemas que requieren modificar la superficie disponible según la oferta forrajera, la categoría del rodeo y el tiempo de descanso previsto.
En 2025, un trabajo presentado en el Congreso Argentino de Producción Animal analizó el uso de boyeros eléctricos solares distribuidos mediante el Programa de Energías Renovables en Mercados Rurales, conocido como PERMER, en pequeñas producciones de Catamarca. Solo en esa provincia se entregaron 406 dispositivos. La finalidad original era facilitar los apotreramientos y el pastoreo rotativo, aunque el seguimiento detectó usos diferentes según el ambiente, la escala productiva y las necesidades de cada familia. El dato muestra que la innovación rural no depende únicamente del dispositivo: necesita un diseño adaptado al territorio y una infraestructura física capaz de acompañarlo.

Otros trabajos publicados por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria avanzaron en la misma dirección. En el sur de San Luis se evaluó un sistema de pastoreo rotativo con ciclos de 35 días sobre pasturas megatérmicas. En el norte santafesino, en tanto, se utilizaron imágenes satelitales para estimar la producción de forraje dentro de un sistema rotativo.
La tendencia es similar: dividir, medir y ajustar. En este modelo, el alambrado funciona como la interfaz material entre la planificación agronómica y el movimiento real de los animales.
Para los cercos permanentes, el mercado ofrece alambres de alta resistencia, distintos calibres y tejidos adaptados a especies y usos específicos. Dentro de la línea para el campo comercializada por Herpaco aparecen alternativas como Super Bagual, Baqueano 16/14, Boyero en distintas medidas, San Martín 17/15, tejidos Tejimet, postes de acero Facón y sistemas de unión y tensado como Gripple.
Pero la propia empresa proveedora es clara: “La elección no consiste en encontrar un producto universal, sino en combinar componentes según la función del cerco, la especie, la presión que ejercerán los animales y las condiciones del terreno”.
“El nuevo criterio de diseño rural evita analizar cada elemento por separado. El punto de partida es el mapa de uso: dónde pastorea cada categoría, cómo llega al agua, qué recorridos realiza el personal, dónde se concentran los animales y qué sectores necesitan descanso. A partir de allí se define qué tramos deben ser permanentes, cuáles pueden ser móviles y dónde conviene reforzar esquineros, tranqueras o accesos. El diseño debe contemplar también la circulación de vehículos y maquinaria, la ubicación de mangas y corrales y la posibilidad de modificar el planteo productivo en el futuro”, explican los proveedores.
También cambia la relación entre el cerco y el paisaje. Los tejidos cuadrangulares, hexagonales o romboidales permiten resolver necesidades diferentes de contención, protección de cultivos y seguridad perimetral sin repetir la misma solución en todo el establecimiento.

“Hoy vemos consultas mucho más específicas. El productor ya no pregunta solamente qué alambre es más fuerte; pregunta cómo resolver un corral, una división interna, un perímetro o una zona que después necesita reconfigurar”, señaló Pascual. “Eso obliga a pensar en sistemas: alambre, postes, tensado, accesos y mantenimiento. La durabilidad surge de la combinación y de la instalación correcta, no de una sola pieza”, agregó el presidente de Herpaco.
La modularidad tiene además una dimensión económica. Un diseño que permite retensar, reparar por sectores o modificar subdivisiones reduce la necesidad de reemplazar instalaciones completas. En campos extensos, donde cada intervención implica traslado, personal y tiempo, la mantenibilidad puede ser tan relevante como el costo inicial.
Por eso ganan espacio los componentes estandarizados, los sistemas de tensado rápido, los postes metálicos y las soluciones que permiten ampliar o reconfigurar el tendido sin rehacer toda la estructura.
Desde el 1 de enero de 2026, los terneros y terneras deben ser identificados con dispositivos electrónicos oficiales al destete o antes de su primer movimiento. La medida forma parte del Sistema Nacional de Identificación Electrónica de Animales y apunta a fortalecer la trazabilidad individual. Esta innovación digital, consideran estos fabricantes, no reemplaza la infraestructura física: la vuelve más necesaria. Identificar individualmente a los animales resulta más útil cuando el establecimiento puede separar categorías, ordenar movimientos y registrar con precisión qué ocurre en cada potrero.
Esta convergencia entre datos, energía y materiales redefine una tecnología centenaria. El perímetro robusto continúa siendo indispensable, pero se complementa con boyeros solares, subdivisiones móviles, sensores remotos, caravanas electrónicas y registros productivos. El objetivo no es llenar el campo de dispositivos, sino lograr que cada metro de cerco responda a una decisión de manejo.
Para Pascual, el cambio es cultural además de técnico. “Durante mucho tiempo el alambrado se revisaba cuando se rompía. Hoy empieza a planificarse junto con la carga animal, el agua, el forraje y la circulación. Esa mirada preventiva permite usar mejor los recursos y evitar que un problema aparentemente menor termine afectando toda la operación”.





