El establecimiento “San José del Oeste” combina agricultura, cría, recría y engorde a corral y busca agregar valor en cada etapa del negocio ganadero. La empresa produce gran parte de los granos que consume en sus propios campos y desarrolla un ciclo completo en unas 13.000 hectáreas ubicadas en la zona de Olavarría, donde se concentran nada menos que 6.000 vacas de cría.
“Somos una empresa agrícola ganadera que, además, damos el servicio de hoteleria en nuestro feedlot. En la zona de Trenque Lauquen y América producimos la mayor parte del grano que necesita nuestra ganadería, y después tenemos un establecimiento de ciclo completo en Olavarría, donde hacemos cría, recría y engorde”, explicó Pablo Grahamann, gerente general de la firma, quien dialogó con Bichos de Campo sobre cómo se administra un circuito de esa escala.

La base del sistema son unas 6.000 madres, de las cuales entre 3.500 y 4.000 son inseminadas cada año para concentrar los servicios y lograr terneros más parejos. Desde hace tres campañas incorporaron genética Brangus sobre vientres Angus para mejorar la eficiencia productiva.
“El Brangus nos dio mucha rusticidad y también más kilos al destete. Hoy un ternero nace y llega al destete con entre 15 y 20 kilos más que antes. Además, estamos buscando animales con mejor marmoleo porque estamos convencidos de que en el futuro la calidad de carne se va a pagar y dejará de ser un commodity”, sostuvo Grahamann.
La empresa viene trabajando desde hace cinco años con identificación electrónica individual de los animales, lo que le permite seguir toda la trazabilidad del rodeo y comenzar a medir parámetros vinculados a la calidad de carne, datos fundamentales en un negocio en expansión.

Los índices reproductivos muestran la apuesta por la eficiencia. Según explicaron, la preñez ronda el 93% sobre vacas en servicio y el destete alcanza el 92% sobre vacas preñadas. Las vaquillonas ingresan al sistema con apenas 15 meses de edad.
“Cuanto antes lográs incorporar esa vaquillona al rodeo, antes empezás a producir un ternero. Después hay que cuidar mucho el segundo servicio, porque es la categoría más sensible, pero es una herramienta muy eficiente”, afirmó el productor.
Toda la recría se realiza a campo, sobre pasturas de agropiro y festuca, con ganancias promedio de entre 400 gramos diarios durante el invierno y hasta 700 gramos en primavera. Según cómo evoluciona el año forrajero y las condiciones del mercado, la empresa decide si vende parte de esos animales recriados o completa el ciclo en su propio feedlot de 6.000 cabezas, donde además presta servicio de hotelería para terceros.

“Muchas veces capturamos el valor de la recría y vendemos una parte, pero otra la terminamos nosotros. Los animales más pesados van para exportación y los que no alcanzan el peso necesario se destinan al consumo”, indicó Grahamann.
De eso depende mucho la coyuntura. En los últimos meses, por ejemplo, llegaron incluso a encerrar novillos de 400 kilos y vender animales terminados de hasta 620 y 650 kilos, aprovechando la buena relación entre el precio del maíz y el valor de la hacienda. “Hoy el grano está barato y cada kilo adicional que produce el animal deja margen. Por eso conviene alargar los engordes y aprovechar los buenos precios del novillo pesado”, afirmó el gerente.
La contrapartida está en otros puntos de la cadena, donde el negocio exige cada vez mayor eficiencia porque los costos en dólares crecieron con fuerza. “Los fletes, la mano de obra, la maquinaria y las reparaciones aumentaron mucho más que la devaluación. Hoy el productor tiene que mirar muy bien los costos puertas adentro y ser eficiente en cada etapa”, señaló.
Pero, más allá de los números, Grahamann cree que el principal desafío de las empresas ganaderas pasa hoy por el capital humano. Y eso explica por qué la firma desarrolla un programa permanente de capacitación para todo su personal y pone tanto énfasis en la tecnología como punto de apoyo para mejorar las condiciones de trabajo.
“La clave es la gente. Podemos tener genética, instalaciones y tecnología, pero si no tenemos equipos capacitados no hay eficiencia posible. Hoy los colaboradores participan de las decisiones, trabajan con herramientas digitales y tenemos que seguir adaptándonos a las nuevas demandas del trabajo rural”, destacó.

De cara al segundo semestre, el referente de “San José del Oeste” mantiene una visión optimista para la ganadería en general, ya que considera que la menor oferta de novillos pesados permitirá una recuperación de los precios y que el negocio seguirá siendo atractivo mientras continúe la buena relación entre los valores del grano y de la carne.
“Creo que toda esta gran oferta de novillo pesado se va a ir diluyendo y puede haber una recomposición de precios. Volver a los valores que tuvimos en marzo no me parece una utopía”, evaluó.
Finalmente, el directivo sostuvo que el contexto abre una oportunidad para que la ganadería argentina continúe creciendo. “Hay mucha tela para seguir mejorando. Con mejores precios la ganadería derrama en los pueblos, genera trabajo y demanda más servicios. Ojalá podamos seguir aprovechando este escenario”, concluyó.




