Está probado que las certificaciones de calidad, indicaciones geográficas de origen y las normas ISO, entre otros métodos de acreditación comprobada, abren a los productores agrícolas las puertas a un nuevo mundo de desarrollo comercial, exportador y turístico.
La vitivinicultura argentina concentrada en Cuyo y el oeste del país es un gran ejemplo para tomar el mismo envión y ponerse de pie. Es lo que estan intentando hacer por estos días los productores de orégano argentino, cuya gran mayoría se concentra en un pequeño rincón del Valle de Uco, región central de la provincia de Mendoza.
Se trata de Pareditas, localidad del departamento de San Carlos, donde finaliza de forma literal el oásis de la región central: la zona cultivada llega hasta un punto visible y de golpe, arranca violentamente el desierto como si hubiese caído ahí mismo desde el cielo.
Hace un año, los productores de orégano de Pareditas consiguieron una conquista crucial: que su orégano obtuviera la primera IG (Indicación Geográfica) para una planta aromática en todo el mundo. Ese hito fue un disparador para potenciar otras ideas y proyectos.
Y es aquí donde los productores trabajan para darle un nuevo giro a la actividad: Se trata de “El camino de Indias”, antiguamente llamada así en los tiempos de la conquista de América a la ruta de las especias, que españoles y portugueses buscaban desesperadamente para dar con una vía marítima hasta el gran subcontinente que hoy conocemos como la India.
En Pareditas, quieren recrear con ese nombre una ruta de las especias (como lo son hoy las rutas del vino) aprovechando no solo el orégano, sino otras plantas aromáticas que se pueden producir en este rincón de San Carlos, para ofrecer un recorrido rural con gastronomía maridada con estos productos.

El presidente de la Sociedad Rural del Valle de Uco, Mario Leiva, se lo adelantó a Bichos de Campo: “Esto de la Indicación Geográfica recién empieza. Durante muchos años la gestionamos desde la Rural y la conseguimos finalmente en 2025, para cinco productores que ya se han certificado, y ya tenemos seis o siete más comprometidos para que obtengan la IG el año que viene”
Leiva destacó que “ha dado muy buenos resultados porque ya hay demanda de muchas empresas por el orégano con Indicación Geográfica”.
Entonces, tiró la novedad: “Este tema del orégano como aromática emblemática de la zona está inscrito en un proyecto mayor de la Sociedad Rural del Valle de Uco, que ya está en marcha y se llama Camino de Indias”.
“El orégano -continuó- es la aromática que más se vende y más se produce. Pero detrás de esto hay todo un trabajo con el que vamos a salir dentro en unos meses, para sumar romero, albahaca, tomillo, es decir, una gama de especias que van a estar a disposición en los jardines aromáticos”
El dirigente rural precisó al respecto: “El jardín aromático madre va a estar en el predio de la Sociedad Rural y además ya tenemos comprometidos otros cuatro conducidos por mujeres, por esposas de los productores. La idea es que sean jardincitos chicos donde la experiencia aromática se va a acompañar con comida relacionada a esas especias”.
El envión que ha dado la IG lo testimonia también a Bichos de Campo Omar Savina, productor de una de las mayores fincas de orégano, con una producción de 24 hectáreas, cuya marca “Las Acacias”, consiguió la indicación geográfica: “La IG la hemos obtenido cinco empresas y creo que a medida que se vean los resultados se va a seguir sumando gente”.

“La indicación geográfica garantiza no sólo el origen sino también la calidad del orégano, que ha sido producido y fraccionado en San Carlos y que no ha sido alterado, algo vital porque nosotros sabemos que vendemos el producto a granel y que en otras provincias lo estiran con otras plantas similares que no son orégano”.
Por esta práctica contra la que la actividad lucha, los productores que obtuvieron la Indicación Geográfica tuvieron que dar un paso más, y crear marcas para poder usar el sello de la IG en envases fraccionados pequeños.
Savina precisó: “El sello de la IG sólo se podrá usar en orégano fraccionado en paquetes de hasta 1 kilogramo o menos, pero no más de eso, porque es la manera que tenemos, por ahora, de asegurarnos que no se va a alterar el producto”.
“Porque, – continuó Savina- enviás 100 kilos de orégano a otras provincias y de golpe se transforman en 200 kilos, es así de simple, lo mezclan con salvado y lo tiñen y es muy parecido, el consumidor no lo nota, o también con trufa, y así lo estiran”.

“De esta forma -señaló- le colocamos el sello de la IG a los fraccionados de hasta un kilogramo lo que nos permite que nuestro producto se venda bajo una marca garantizando que el cien por ciento de lo que está en el paquete es orégano”.
Conseguir que todos los productores de orégano se vayan sumando de a poco a la Indicación Geográfica podría neutralizar a futuro la práctica del estirado, que daña la actividad, y poder así elevar la demanda y volúmenes de producción.
Uno de los requisitos que incluyó la IG es que se deben utilizar dos variedades de cultivo de orégano. Una es el “cordobés”, que es la variedad más antigua y la otra es el “compacto” que tiene más aroma y mejor color, pero menor rendimiento. Savina indicó que “al compacto muchos productores le huyen por el menor rinde, pero se ha incluido para que esa variedad no se pierda”.
Recalca que “el orégano mendocino se vende muchísimo a Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, pero no ha escapado de la baja de precios por la situación económica, tal es así que la IG no va a aumentar el precio, el que hoy está un 20% más abajo que hace un par de años”.
La caída del precio también suele obedecer a las bondades del orégano, cultivo noble que permite rentabilidad y mucho tiempo de acopio. Esas ventajas son las que en tiempos de crisis suelen atraer a muchos agricultores, a los que si les va mal en otros cultivos se mudan al orégano, lo que genera mayor volumen de producción, porque, por si, la especia tiene sus virtudes en comparación con otras actividades agrícolas en Cuyo.

Por un lado “se pueden hacer dos cosechas al año, una en diciembre que es la más importante y otra en mayo o un poco antes, que tiene un menor rinde”. Por otro, “se puede acopiar por dos y hasta tres temporadas sin que pierda sus propiedades”, señala el dueño de la marca “Las Acacias”. Tercero, “la planta puede producir hasta cuatro años, sin tener que volver a plantar”.
Además, casi todo el orégano que se produce en Argentina se cultiva en San Carlos, Mendoza, porque en esta parte del país, y concretamente, de la provincia, tiene condiciones ideales que se ajustan en las altas temperaturas en verano, con días que llegan a los 30 o 35 grados y noches frías de pleno verano, que se derrumban por debajo de los 10 grados.
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Otra ventaja, es que prácticamente no llueve, lo que suma un estándar de calidad para la aromática: “La poca incidencia de lluvias es fundamental para que el orégano no se manche, porque la más mínima humedad mancha la hoja y si eso sucede el producto ya vale menos”, explica Omar Savina.
El mismo riesgo se corre a la hora de la cosecha: “El orégano hay que cortarlo en la mañana y dejarlo que se oree un poquito en la planta, y tipo cuatro o cinco de la tarde, empezar a levantarlo y taparlo, porque hasta un rocío de la propia humedad ambiente, que es muy normal que aparezca en esa época, lo mancha”.
“Esa pequeña gotita que se posa en la hoja lo termina manchando y si eso ocurre ya vas a tener un orégano de segunda, porque el orégano de primera, cuando abrís la bolsa, tiene que ser todo verde, sin manchas, pura hoja y que no tenga palo, nada de palo”.
El mapa del orégano, como mucho de lo que se ve en las economías regionales, no se parece en nada a la Pampa Húmeda. Aquí, la actividad está sustentada por un total de 120 productores, la mayoría con plantaciones pequeñas de 4 a 5 hectáreas y un grupo menor que supera los dos dígitos de extensión, todas economías familiares.
En total, en San Carlos hay unas 1.200 hectáreas cultivadas, lo que da como resultado un promedio de 10 hectáreas por productor y que todas juntas, rinden en dos cosechas, unas 3.600 toneladas.
Por esto, la IG fue una conquista clave, a la que por ahora se han sumado un puñado de productores, pero que en Pareditas y la Sociedad Rural esperan se extienda a toda la actividad.





