La nutrición de los cultivos se transformó en un aspecto crítico en la agricultura moderna. Los nutrientes del suelo se extraen cosecha a cosecha y no se repone lo mismo que se extrae. Según la Asociación Civil Fertilizar, que nuclea a las empresas productoras de fertilizantes, el 60% de los lotes de Argentina presenta niveles de fósforo cercanos a la insuficiencia. De acuerdo con estudios recientes de la entidad, solo se repone el 22% del nutriente exportado desde el suelo.
Este déficit nutricional, puesto en números respecto a la condición prístina en la que el proceso de agriculturización intensiva comenzó, hace unos 30 años, se podría calcular en unos 30 mil millones de dólares. Es decir que el suelo está financiando campaña a campaña la falta de reposición, y para volver a la condición inicial habría que invertir dicha cifra sideral en el suelo.
Con este proceso en curso, desde Fertilizar se propusieron atacar las causas de este proceso, y llevan desde hace años una campaña para hacer que se incremente la fertilización de los cultivos, teniendo en cuenta las condiciones económicas.
Según expertos científicos globales, Argentina es uno de los países productores de granos con menor tasa de reposición de la extracción por cosecha de los nutrientes en general.
En este contexto, el investigador emérito Daniel Ploper advierte que la falta de reposición de nutrientes en los suelos se convirtió en una de las principales amenazas para la producción agrícola argentina. Con más de cinco décadas de trayectoria en la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, sostiene que el deterioro de la fertilidad y el bajo nivel de fertilización comprometen la sustentabilidad de cultivos clave como soja, maíz, poroto, garbanzo y caña de azúcar.
A Ploper, esta situación lo alerta por demás. Entiende esta preocupación como central dentro del entramado productivo actual y a futuro, sobre todo en la zona central del país, a quien considera “un bebé” por los cuidados que requiere. Por eso explica a Bichos de Campo: “Cuando uno observa los mapas de estudios recientes de los niveles de distintos nutrientes en el suelo, ha sido un decrecimiento muy marcado. Entonces, cuando uno analiza, además, la información sobre la difusión de la práctica de fertilización en los distintos cultivos se puede observar que no se están reponiendo los nutrientes que se sacan en cada cosecha”.
Ploper señala que esta situación también impacta en la competitividad del productor argentino. “Cuando uno comenta con investigadores o productores extranjeros que el productor local puede sobrevivir, en el caso de la soja, con retenciones que llegaron al 33% y que actualmente se ubican en torno al 24%, no pueden entender cómo es posible sostener la actividad en esas condiciones”, afirma.

El investigador advierte que, a diferencia de lo que ocurre en otros países donde la producción recibe subsidios, en Argentina esa capacidad de resistencia se sostiene a costa del suelo. “Es el recurso natural con el que fuimos bendecidos. Tenemos una región espectacular, como la pampeana, y otras zonas menos fértiles, pero lo estamos consumiendo. Los mapas actuales de nutrientes muestran niveles que ya no tienen comparación con los de décadas atrás. Si esta tendencia continúa, a la larga vamos a producir cada vez menos”, resalta.
Con este escenario, le preguntamos a Ploper como se entrelaza esta coyuntura del suelo con la actualidad de los productores que tienen los márgenes cada vez más finos y no optan por un paquete tecnológico más caro. Lo que responden los expertos es que fertilizar mas y mejor da mejores resultados. Pero pocos reparan en los gastos que requiere fertilizar más. Es como el huevo de la serpiente.
Para Ploper, “existen estudios bastante interesantes que muestran cómo la inversión en fertilizante hoy tiene retorno. Entonces, son decisiones empresariales”, dice. “El verdadero empresario es el que es capaz de sentarse, hacer los números, mirar los datos de ensayos, de experiencias que muestran que hay que invertir para después recuperar. Y, además, deberíamos tener un plan más agresivo todavía para empezar a reponer lo que le supimos quitar al suelo. Empezar a devolverlo. No solo dejar de consumir, sino empezar a devolverlo” agrega.
Entonces, le preguntamos a Ploper cuanto tiempo estima que queda hasta que se agote esa caja de ahorros de la que se extrae en cada cosecha. El experimentado experto responde: “Es bastante obvio que queda relativamente poco tiempo”.
Roberto Rotondaro, presidente de Fertilizar, expresó su preocupación en línea similar a la expuesta por Ploper. El especialista recordó que, según los cálculos realizados por Fertilizar sobre una serie histórica iniciada en 1993 y extendida hasta la campaña 2024/25, para devolver los suelos a una condición similar a la original sería necesario aplicar más de 50 millones de toneladas de fertilizantes, y la cuenta va en aumento paulatino: “El número es más o menos similar al que veníamos manejando. Si uno quisiera volver a esa condición original de fertilidad, simplemente para poner en evidencia la deuda, habría que aplicar esa cantidad de nutrientes que el suelo nos brindó durante estos últimos 30 años”, explicó.
En ese marco, el titular de Fertilizar remarcó que el objetivo de las recorridas técnicas y de las acciones de difusión de la entidad es visibilizar el rol estratégico de los fertilizantes en la producción agropecuaria. En particular, destacó la importancia del fósforo como un insumo esencial para sostener y mejorar los rendimientos.
Consultado por este medio sobre la dificultad que enfrentan muchos productores para invertir más en fertilización en un contexto de márgenes ajustados, Rotondaro sostuvo que el desafío es incorporar una mirada de mediano plazo: “Hay que demostrarle al productor y al empresario agropecuario que, con un manejo adecuado del recurso suelo, buena rotación de cultivos, siembra directa y una fertilización correcta, es posible levantar los pisos de rendimiento y asegurar producciones más estables en el tiempo”, señaló.

Para graficarlo, mencionó el caso de un productor de La Pampa, en una zona semiárida, que hace dos décadas comenzó a trabajar junto a un asesor del INTA preocupado por el estado de sus suelos. A partir de una estrategia basada en siembra directa, rotación y fertilización, logró sostener una política empresaria de largo plazo con resultados económicos concretos. “Todos los años cosecha bastante más que el vecino que hace un manejo más tradicional”, afirmó.
Rotondaro consideró que una baja progresiva de las retenciones podría mejorar la ecuación económica del productor, pero advirtió que el cambio de fondo debe ser cultural. “El productor tiene que pasar a tener una mirada empresaria, de mediano plazo, y entender que, si cuida el suelo, lo fertiliza bien y lo rota correctamente, va a aumentar los rendimientos y también los pisos productivos”, planteó.
Esa lógica, agregó, también permite amortiguar años climáticamente difíciles o momentos de precios internacionales adversos para los insumos. Si el suelo fue manejado correctamente y cuenta con una reserva de nutrientes, el productor puede atravesar esas coyunturas con mayor margen de maniobra, sin comprometer por completo la producción.
El presidente de Fertilizar también puso el foco en la soja, uno de los cultivos donde la brecha de fertilización aparece con mayor claridad. Según explicó, durante años fue el cultivo que menos respondió visualmente a la falta de fósforo, porque logra sostenerse mejor que otros cuando los niveles del nutriente todavía no son extremadamente bajos. Sin embargo, advirtió que ese escenario cambió.
“Los suelos se han agotado de tal manera que hoy la soja también responde, y responde con muchos kilos al agregado de fertilizante”, sostuvo. Por eso, recomendó avanzar con diagnósticos, análisis de suelo y esquemas de nutrición balanceada en este cultivo, que no es la práctica más generalizada: “El productor tiene que saber en qué condición está su lote y, en base a eso, definir una estrategia que le permita cosechar más rendimiento”, resumió.




