En la pequeña localidad de Molinos, al oeste de Salta, en los Valles Calchaquíes, la tradición artesana acumula siglos de historia, con algunos períodos más fuertes que otros. A mediados de la década de 1980, la decisión de fundar la Asociación Civil de Artesanos y Productores San Pedro Nolasco de los Molinos sirvió para que aquellos más pequeños no dejaran la actividad y, por el contrario, encontraran los medios para subsistir y crecer.
Es detrás de ella que se esconde una historia desconocida por muchos pero de gran importancia por la provincia, que a pesar de haberse visto truncada por circunstancias fortuitas de la vida -y debilidades de la política- dejó una marca. Es la que tiene como protagonista al Criadero Coquena, nombre que asociado a la deidad protectora de los camélidos silvestres, que se abocó a la cría –nada sencilla- de vicuñas, ya que esos animales viven en silvestría.

“La que arrancó el proyecto de la Asociación fue Mercedes Puló. Entre 1984 y 1985 empezamos a restaurar la casa que se volvió nuestra sede, y que se construyó en 1870. Fue una de las casas más importantes de aquella época, y luego se convirtió en estancia”, recordó Juan Quiroga, pequeño productor de Molinos, en charla con Bichos de Campo.
Como la especialidad de aquellos artesanos era el tejido, tanto de ponchos como de fajas, alfombras y tapices, la provisión de materia prima de calidad se volvió un asunto central para ellos. Y si bien la mayoría de la fibra utilizada proviene de llamas y ovejas, un convenio firmado por el INTA en 1994 permitió soñar también con sumar fibra de vicuña al proyecto. Se trata de una de las fibras más cotizadas a nivel global, por su finura.
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“Firmamos con el INTA Abra Pampa, que estaban dando animales para reproducción y aprovechamiento. En aquel momento era una especie a cuidar y repoblar. Nos dieron 12 madres y 2 reproductores, y con eso se adaptaron a la zona. Por supuesto que no es un animal doméstico, pero sí se puede tener en cautiverio”, explicó el salteño.
Durante varios años, los artesanos hicieron crecer esa población, que se adaptó bien a la zona. Su cría no resultó nada sencilla, en tanto los períodos de gestación se extienden por casi 12 meses y las peleas entre machos son muy comunes.
“Se los cría en manada hasta el año y medio, más o menos. Luego se deben separar para que convivan tranquilos, a eso de los dos años, porque empiezan las peleas y se separan en tropas”, contó Quiroga.
La obtención de fibra tampoco es un proceso sencillo, dado que se requiere mucho personal y por cada animal se obtienen apenas 300 a 350 gramos de fibra al año.
“Es poco. Imaginate que un poncho pesa 900 gramos a un kilo. Eso dependiendo del hilado y grosor que se le dé. Hay que esperar dos años para esquilar, y hay que separar entre fibra oscura y clara. En el lomo es más oscura y en la parte de la panza mucho más clara”, señaló el productor.
Si bien durante varios años la producción marchó, al punto de alcanzar las 132 cabezas en 2011, la crecida del río Luracatao, en julio de ese año, no perdonó a los productores.
“Teníamos 3 hectáreas con cercos, pasto y bebederos. Tuvimos varios días de lluvia y el 20 de julio el río rompió las defensas y entró de noche. Fue imparable. Se llevó puestos postes, alambrados, bebederos, todo. Eso nos impidió hacer más pasto para los animales, que empezaron a mermar. Hicimos notas al INTA y a lugares donde se podían conseguir ejemplares para reponer, siempre de forma legal, pero nunca se nos contestó”, lamentó Quiroga.
Para 2016, según da cuenta un viejo artículo del medio El Tribuno, la población de animales en ese criadero había descendido a 19, número que continuó bajando por el ataque de pumas y perros.
“Se hicieron todo tipo de actas por las pérdidas pero nadie nos respondió. Hoy conservamos algunos pero desilusiona la pérdida tan grande, la matanza de los animales”, sentenció el salteño.
-¿Les gustaría poder continuar con esto?– le preguntamos.
-Sí, pero primero hay que recuperar los campos. Siempre estuvo el tema de seguir pero se hace difícil andar rogando que vengan. Nadie se mueve por ayuda.
-¿Y los artesanos que hacen mientras tanto? ¿Cómo consiguen la fibra?
-No, no se consigue. El tema está en comprar de lugares que estén habilitados, como el INTA Jujuy o Laguna Blanca, en Catamarca. Hay algunos lugares pro no se consigue. Es escaza, cara y además no hay dinero para comprar. Hoy no te cierran los números, no se vende como en esa época. Todo está difícil, no hay turismo.

Aún así, la Asociación Civil de Artesanos y Productores San Pedro Nolasco de los Molinos se esfuerza por seguir adelante, intentando mantener viva la tradición y esencia de los pequeños artesanos de aquella localidad. Sueñan con que en algún momento pueda regresar aquel anhelado criadero.





