Nunca en la larga historia de la producción de alimentos en la Argentina se recuerda una noticia similar a esta que sigue: Una de las empresas que moviliza el floreciente negocio de los hongos comestibles en el país anunció una inversión de 3 millones de dólares en 2026 para incrementar s u producción. Frente a esa novedad, es más que obvio que hay una tendencia y que es el crecimiento de la demanda de este tipo de alimentos.
“El negocio de los hongos frescos gana cada vez más espacio en Argentina. El consumo de este alimento viene creciendo alrededor de 6% anual, en línea con una tendencia global impulsada por cambios en los hábitos alimentarios. Su consumo comenzó a expandirse más allá de la gastronomía profesional y hoy forma parte de la cocina cotidiana de muchos hogares”, confirmó una gacetilla de la empresa Hongos del Pilar, que es la que está invirtiendo esa cantidad de dinero.
“Hongos del Pilar, que proyecta una inversión de 3 millones de dólares durante 2026 para expandir su infraestructura e incorporar nuevas tecnologías. El objetivo es aumentar su producción y alcanzar 3 millones de kilos anuales hacia 2030”, precisó la empresa.
El crecimiento proyectado es de cerca de 50%. Actualmente la compañía produce más de 2 millones de kilos de champignones y portobellos por año desde su planta de 13.500 metros cuadrados ubicada en la provincia de Buenos Aires. Con ese volumen abastece enre 45% y el 50% del mercado nacional de hongos frescos. La firma tiene ya 235 empleados.
“El crecimiento del negocio también se refleja en sus números. Hongos del Pilar registró una facturación estimada de 8 millones de dólares en 2025 y proyecta alcanzar 11 millones en 2026, con una red de distribución que se concentra principalmente en el Gran Buenos Aires, Córdoba y Mendoza”, amplió la información.

La historia de la empresa es, en gran parte, un reflejo de cómo se desarrolló esta industria en el país. “A comienzos de los años 80, conseguir hongos frescos de calidad en Buenos Aires no era sencillo. Los restaurantes los pedían cada vez más, pero los proveedores eran escasos y los tiempos de entrega resultaban poco confiables. Frente a esa situación, Gustavo Calderón, fundador de la empresa, tomó una decisión poco habitual para la época: empezar a cultivarlos él mismo”.
Lo que hizo aquel emprendedor fue alquilar una vieja criadora de pollos, la adaptó como sala de cultivo de hongos y comenzó a producir. “Por la mañana trabajaba en la producción y por la tarde salía a vender”, describió la gacetilla.
“El crecimiento de la compañía también estuvo ligado a una transformación más amplia del mercado. Durante años, el consumo de hongos en Argentina estuvo concentrado en restaurantes y hoteles. Con la expansión de los supermercados y la incorporación de nuevos hábitos alimenticios, el producto empezó a ganar espacio en las góndolas y, progresivamente, en la cocina cotidiana de los hogares”, amplía.
A diferencia de la mayoría de los cultivos agrícolas, el hongo se produce en ambientes completamente controlados. La temperatura, la humedad y los niveles de dióxido de carbono se regulan de manera constante para recrear las condiciones ideales de crecimiento. Este sistema permite mantener la actividad durante los 365 días del año, con cosechas continuas y una oferta estable para el mercado.
“Se trata de una producción que requiere planificación y control permanente. Cada sala funciona con ciclos coordinados que permiten mantener la calidad y asegurar el abastecimiento constante de nuestros champignones y portobellos”, explica Calderón, gerente general de Hongos del Pilar. “Nuestro objetivo es seguir ampliando la capacidad productiva y acompañar el crecimiento del consumo en el país”.




