Hace unos meses, para maquillar un dato alarmante que mostraba que el consumo de carne vacuna había caído fuerte en su primera año de gestión, el gobierno de Javier Milei publicó un informe en el que ya no hacía las cuentas en cantidad de kilos de bifes sino de proteínas animales, sumando la oferta de pollo y cerdo a la dieta habitual de los argentinos. Eso le permitió morigerar la impresión negativa sobre una crisis de consumo: Con las tres “proteínas” juntas la cuenta daba que cada argentino consumió en 2024 unos 110 kilos anuales, solamente 4 kilos menos que en 2023.
¿Y en 2025? Bichos de Campo se adelantó a las usinas de propaganda del gobierno para anticiparles una muy buena noticia: en base a los datos oficiales, sumando la ingesta per cápita de carne vacuna, carne aviar y carne porcina se puede establecer que el consumo de proteína animal creció en el segundo año de Milei nada menos que 6%, saltando de los mencionados 110 kilos de 2024 a nada menos que 116,5 kilos anuales per cápita a fines del año pasado.

Fenómeno mundial, esta fuerte recuperación del consumo de carnes (los tres rubros muestran un crecimiento interanual importante) nos permite alardear con una segunda consigna muy potente para el gobierno: Milei logró en su segundo año de gestión tener los niveles combinados de consumo más elevados de la historia.
Dicho de otro modo, nunca antes se logró -en la sumatoria de vacuno, pollo y cerdo- un consumo interno tan elevado. Es la primera vez que se llega a 116,5 kilos anuales por habitante.
¿Nunca? Nunca. Ni siquiera en 1978, el año del primer mundial ganado por el país, cuando el consumo de carne vacuna llegaba a explosivos a 90 kilos anuales por persona, casi el doble que ahora. Es que en aquel momento la ingesta de pollo y cerdo era muy baja, de 10 y 8 kilos per cápita, respectivamente.

¿Es todo un dato no? Manuel Adorni podría usarlo en su próxima conferencia de prensa para mostrar una sólida recuperación. Siempre según la estadística oficial, los argentinos en promedio comimos el año pasado 49,9 kilos de carne vacuna (3,4% más que en 2024), más 47,7 kilos de carne aviar (un 2,9% más que el año anterior), más 18,9 kilos de carne porcina (con un fuerte 8,8% de crecimiento). En total las tres proteínas sumaron 116,5 kilos anuales por habitante. Son 6,5 kilos más respecto de los 110 kilos que se habían comido el anteaño.

Ni Cristina Kirchner (que cerró su mandato en 2015 en 115,8 kilos por habitante y por año), ni Mauricio Macri (que en 2019 logró 110,7 kilos), ni tampoco Alberto Fernández (que en 2023 dejó el consumo en 114,6 kilos), lograron registrar indicadores tan elevados como el que obtiene ahora el presidente Javier Milei.
Fenómeno mundial. Porque con estos 116,5 kilos de proteínas animales para su propia gente, la Argentina volvería a ubicarse segunda en el ránking global, superando a Australia (que en 2024 había llegado a 115 kilos per cápita) y solo detrás de Estados Unidos, que ostenta un consumo de casi 123 kilos y viene bajando. 
El consumo interno tan elevado logrado por Argentina el año que pasó implicó -en números brutos- que el mercado local absorbiera cerca de 5,25 millones de toneladas de estas tres carnes: unas 2,29 millones de carne vacuna; 2,17 millones de carne avícola y 800 mil toneladas de carne porcina.
Los 6,5 kilos per cápita adicionales consumidos este año incrementaron la demanda interna sobre la producción de estos tres tipos de carnes en cerca de 290 mil toneladas respecto de 2024. Pero como la producción se mostró bastante estancada en los tres casos, fue necesario achicar las exportaciones y recurrir a elevadísimas importaciones para poder cubrir esos tonelajes.
Así las cosas, las importaciones de carne porcina (sobre todo bondiolas desde Brasil) fueron las más relevantes. Sumaron el año pasado 53.500 toneladas por 171 millones de dólares. Aquí el salto en volumen fue de 135% respecto del año precedente.
Las importaciones de carne aviar también se elevaron de forma significativa desde 2024, nada menos que 348%. Ingresaron (también sobre todo desde Brasil) 24.660 toneladas por valor de 62,4 millones de dólares.
Finalmente, aunque son marginales, en el rubro de la carne vacuna el ingreso desde el extranjero creció un 580%, pues llegaron unas 17.000 toneladas desde países vecinos, por casi 74 millones de dólares.
En los tres rubros, en definitiva, se importaron más de 95 mil toneladas, que cubrieron una tercera parte de la mayor demanda local, sin que esto tuviera impacto en una baja de los precios. El resto de la carne necesaria para saciar el creciente consumo de los argentinos provino de recortar las exportaciones, en especial unas 85 mil toneladas de carne vacuna (los embarques bajaron de 935 mil a 850 mil toneladas) y achicar cerca del 10,4% los envíos de carne de pollo (que redondearon 169 mil toneladas).
Esta es la contracara de la buena noticias sobre la recuperación del consumo: sin políticas consistentes que permitan producir más carne, esa mayor demanda se cubrió recortando exportaciones o trayendo más carne de afuera.





meta pollo vacunado congelado y a la bolsa