Aunque de perfil bajo, Félix Noguera es un hombre muy reconocido en la ganadería argentina: Como director de la firma Compañía General de Hacienda, es dueño de varios miles de hectáreas en Corrientes y en San Luis, que puebla no solo con varios miles de cabezas de ganado bovino sino también con búfalos, una especie de la cual ha sido pionero y desde hace rato el mayor productor del país. Como tal, ejerce además la presidencia de la Asociación Argentina de Criadores de Búfalos.

Es tan grande que mucho más no puede crecer Noguera, al que algunos atribuyen poseer casi la mitad del stock de búfalos, que el Senasa estimó recientemente en unas 200 mil cabezas. Pero de tan grande que es, quizás no pueda reparar lo que sucede debajo suyo, donde hay muchos productores que están incorporando los bubalinos a sus campos, convencidos de que esa especie es una alternativa mucho más viable que los bovinos para algunas zonas rústicas, especialmente del NEA.
Corrientes es una de las provincias donde la producción de búfalos esta explotando. Hace unos días se realizó en la ciudad de Ituzaingó con gran convocatoria y auspicios importantes (como el INTA y el propio gobierno provincial) el “1° Congreso Internacional Bubalino y la 1° Expo de la Asociación Búfalos del Iberá”. Somos puntillosos en escribir el nombre de dichas actividades, que reunieron cerca de 400′ personas, porque esas nominaciones han causado un gran revuelo. Noguera, el estanciero, se enojó con ellas y expuso algunas miserias.
El primer dato de que habría jaleo sucedió a principios de octubre, cuando la Asociación Argentina de Criadores de Búfalos, que preside Noguera y tiene a Marcelo Breard como representante en Corrientes, publicó una nota aclaratoria diciendo que no tenía ninguna vinculación con esa actividad. “Los animales de la especie bubalina que allí se expongan no cuentan con la admisión ni el aval de esta asociación”, avisó la entidad, que de todos modos no pudo evitar que se realizara tan convocante evento.
“La Asociación Argentina de Criadores de Búfalos fue fundada en 1983 para fomentar el desarrollo de las razas bubalinas en la Argentina. promover la producción de búfalos y difundir el conocimiento sobre los mismos, organizando congresos , exposiciones y remates además de investigaciones (sobre carne, leche y reproducción). En 1985 se abrieron los Registros Genealógicos de las 3 razas existentes en el país, Mediterránea, Murrah y Jafarabadi”, se presenta esa entidad, que evidentemente ya no está conteniendo a todos los productores.
La primera explicación razonable que uno encuentra e este cisma es que la AACB realiza su propia actividad en Corrientes todos los meses de mayo y por eso desacreditaba esta segunda convocatoria realizada desde un nuevo grupo llamado Búfalos del Iberá. “Esta compuesto por productores de búfalo, ingenieros agrónomos, directivos de instituciones y promotores gastronómicos de renombre”, se explica a si misma esta asociación, que trabaja sobre dos ejes claves: la diferenciación de la carne de búfalo y el agregado de valor.
Invitado a participar de los eventos en Ituzaingó, el segundo de la Secretaría de Agricultura de la Nación, Manuel Chiappe, fue testigo involuntario de estas pelea intestina entre los productores de búfalos, que va mucho más allá que la organización de congresos. Los productores le contaron al alto funcionario que Noguera, desde la Asociación, está accionando contra varios de ellos para que no puedan ni siquiera utilizar palabras claves vinculadas con su actividad. Para empezar, parece que el empresario se quiere apropiar con exclusividad de la palabra “búfalo”. Y por eso intima legalmente a los otros.
Tibio como ha sido en toda su gestión, Chiappe no pudo decir demasiado frente a la evidencia que le presentaban: apenas propuso gestionar una reunión entre ambos sectores para que acercaran posiciones.

Una consulta a las bases de datos del INPI (Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual) confirma que la AACB ha registrado algunas marcas, cuya protección rige desde el año 2018 y durará hasta 2030, aproximadamente. Estas marcas son el logo de la asociación, como corresponde, pero también “Expo Búfalos” y “La fiesta del búfalo”. Por eso el primer gran recelo con la denominación elegida por el primer congreso bubalino realizado por los bufaleros del Iberá. La fiesta es mía y solo mía.
“Mientras esos signos permanezcan registrados, nadie podrá registrar ni usar marcas idénticas o similares o que generen confusión. Ahora bien, eso no significa que nadie puede registrar marcas con la palabra ‘búfalo’ o ‘búfalos'”, dijeron especialistas en marcas frente a una consulta específica sobre este espinoso caso. La ley es clara respecto de que ninguna palabra genérica puede ser patentada para uso exclusivo. Por ejemplo, el INPI acepta que se registra “Toyota”, pero no “camioneta”.
Pero es evidente que Noguera, pionero de la producción de la especie en la Argentina, las quiere todas. La mejor prueba de ello también surge de los registros de ese Instituto, donde existe un largo listado de “oposiciones” presentadas por la entidad que él preside. ¿Qué es una oposición? Cuando una solicitud se publica en el boletín de marcas, el INPI habilita un período de treinta días para que terceras personas presenten objeciones si entienden que dicha marca es igual o tan similar que puede confundirse con la suya.
Hay en total 46 oposiciones presentadas por al AACB en los últimos años. Apuntan no solo contra productores de la especie, como “Búfalos del Litoral”, sino contra empresas avícolas (“Avícola Búfalo”), productoras de bioinsumos (“Búfalo”), alimenticias (“Buffalo Salsas salvajes”), y hasta grupos de mujeres (“Búfalas”). Incluso a otro pionero de la actividad, el agrónomo entrerriano Carlos Cadoppi, se le cuestiona el uso de la denominación “Búfalos Argentina”.
La denominaciones cuestionadas son muchísimas y curiosas: “Bufaleras Wine & Beer”, “Los Búfalos Sedientos”, “Bufalita hamburguesas de carne 100%”, “Bravo, carnes y búfalo”, “Búfalo café”, Búfalo Gin”, “Búfalo proyectos”, “Bufanesa”, “BufArg”, “Pechugas Búfalo Mexicana Café”… Todas esas marcas han recibido oposiciones de una Asociación que lejos de alegrarse por la divulgación de la especie se dedica a reclamar una muy dudosa exclusividad.
Un caso paradojal de esta insólita ofensiva es el de “Lord Buffalo”, que fue la marca que ideó una familia productora que solo pretendía vender carne de esa especie con marca y envasada al vacío. La propia asociación de criadores, que debería aplaudir y apoyar iniciativas de ese tipo, objetó la marca y hasta reclamó un canon económico por su uso. Finalmente ese proyecto se truncó y ese fue uno de los motivos.
¡Qué desmesura! ¡Qué picardía! ¿Qué puede explicar semejante contrasentido?
Una hipótesis es que el fuerte crecimiento del stock los búfalos -pasó de 100 mil a 200 mil cabezas en los últimos diez años- y la aparición de muchos nuevos jugadores pone en jaque la conformación tradicional del negocio, que era mandar los animales producidos a faena en los frigoríficos habilitados para bovinos, para vender la carne en el circuito tradicional de carnicerías que no exigen una segregación (más allá de que las normas sanitarias si lo eijan), ya que ambos alimentos son similares y no pueden diferenciarse a simple vista: la carne de búfalo bien puede confundirse con la de una vaca consumo.
La estrategia planteada por los nuevos actores agrupados en Búfalos del Iberá -y de hecho hubo muchos ejemplos en el reciente congreso en Corrientes- parece ser diferente: vender búfalo como búfalo, para hacerlo reconocido entre los consumidores y valorar sus atributos. También se plantea añadir todo el valor posible a esos cortes y a la leche de búfala con productos más elaborados. E incluso se piensa en una veta exportable. De hecho, la Argentina cuenta con un cupo para exportar 1000 toneladas de carne bubalina a la Unión Europea que no cumple, justamente porque no existe una buena diferenciación.
Sin duda este conflicto crecerá a medida que siga creciendo la especie.
En la web de la Asociación Argentina de Criadores de Búfalos, la que preside Noguera, se presenta al sector como “la raza ganadera del futuro”. Lo que no se aclara es para el futuro de quién.





