Germán Sanko tiene 37 años, maneja tractores desde los 8 y representa a la cuarta generación de una familia de productores del Chaco. Sus bisabuelos llegaron cuando, según recuerda la historia familiar, “era todo monte”. Pero cuando mira hacia adelante, la continuidad ya no parece tan asegurada.
Lo que más lo inquieta está a la vista en los caminos rurales, en campos donde antes vivían familias que finalmente dejaron de producir. “En su momento uno pasaba por los caminos, por las casas, y veía las casas lindas, pintadas, llenas de plantas, de fruta, de todo, gallinas. Y hoy pasás por esos lugares y no hay nada. La verdad que te desalienta un poco”, contó Sanko a Bichos de Campo.
Para él no se trata solamente de una transformación del paisaje. Detrás de cada casa vacía hay un productor menos y una pregunta que inevitablemente termina proyectando sobre su propia familia.
“Te lleva a pensar, si proyectamos el tiempo, adónde llegamos nosotros de acá a 15, 20 años, 30. Incluso tal vez nos pase lo mismo”, planteó.
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Sanko produce en Colonia Necochea, en la zona de Las Breñas. Se define como un productor chico a mediano y durante muchos años hizo agricultura tradicional. Pero producir granos desde esa región, lejos de los puertos y con una estructura pequeña, se volvió cada vez más difícil. “La agricultura para un productor chico, tan lejos de los puertos y demás, es bastante complicada”, explicó.
Fue así que hace alrededor de una década comenzó una reconversión hacia la alfalfa. No abandonó completamente los cultivos agrícolas, que siguen formando parte de la rotación, pero el nuevo esquema le permitió encontrar una actividad con mejores posibilidades para su escala.
“Nos reconvertimos a hacer alfalfa. Hacemos mucha alfalfa porque la ganadería está ahí, hay que producir alimento y además es una mercadería que tiene bastante demanda mundial”, explicó. Parte de esa producción, señaló, tiene como destino mercados de Brasil, Paraguay y Bolivia.
Mirá la nota completa con Germán Sanko:
La cuenta con los granos, en cambio, se volvió demasiado fina. Sanko enumeró entre los problemas el costo de los fletes, los impuestos, las comisiones comerciales, los barbechos y los fertilizantes. Y aseguró que incluso haciendo las cosas bien el margen puede desaparecer.
“Está muy complicado el número para el productor. Si tiene que hacer todo bien, con todos los barbechos, con fertilizantes, los fletes que tenemos por estar lejos, la verdad que es muy cuesta arriba. Se sale empatando a lo sumo con tierra propia. En campo alquilado, ni loco”, resumió. A eso se agrega una variable que para los productores chaqueños puede definir casi por completo el resultado de una campaña y es el clima.
Sanko estimó que “prácticamente el 80%” de lo que hacen termina dependiendo de esa variable. Por eso tampoco considera que haber encontrado una alternativa como la alfalfa haya resuelto definitivamente el problema.
“Veo cómo viene la escala de alfalfa y no es algo que tampoco podamos garantizar una trayectoria. Vamos produciendo sin un rumbo o sin poder pensar si en 15 años voy a poder hacer un poco más de campo, tener un poco más para estar cómodo y para que mis hijos puedan seguir produciendo”, reconoció. Sin embargo, entre tantas incertidumbres, sigue viendo en esa pastura una oportunidad concreta para los productores de menor escala que todavía resisten en la región.
Según explicó, para alguien con 100 o 200 hectáreas competir haciendo cereales se vuelve particularmente difícil. La alfalfa requiere otra estructura de costos, tiene demanda y permite escapar parcialmente de esa competencia.
“El productor que tiene 100 o 200 hectáreas para abajo la tiene muy difícil a la hora de sembrar cereal. La alfalfa puede ser una opción porque no depende tanto de insumos ni de una cuenta grande”, sostuvo. Sanko asegura que compradores existen y que el desafío pasa por producir calidad y salir a buscar esos mercados. “El mundo demanda alfalfa de buena calidad”, afirmó.
En su caso, esa reconversión también explica por qué sigue en el campo. Cuando le preguntamos por qué, habiendo tenido otras oportunidades, nunca decidió irse, la respuesta fue bastante menos económica: “Te tira, te retiene. Nunca creo que vayamos a dejar de hacer lo que nos gusta, un poco más o un poco menos”, dijo.





