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Tan “aquerenciados” y cabezaduras como su amigo Ricardo Iorio, los hermanos Camisasso multiplicaron 50 veces la producción de su tambo en Laspiur, donde generan trabajo para 120 personas

Matias Longoni por Matias Longoni
21 mayo, 2026

Cuando andaba por la zona, Ricardo Iorio solía pegarse algunas escapadas hasta Saturnino María Laspiur, ubicado en el departamento San Justo, en Córdoba, donde nacieron y trabajan los hermanos Javier y Diego Camisasso. Es difícil imaginar que allí, en un pueblo de 2.500 a 3.000 habitantes, puedan escucharse los acordes duros del metal pesado, pero así sucedía. Además de producir leche, cada tanto Javier se subía a los escenarios de la zona con su propia banda heavy. Y hasta se armaba pogo.

“Conocí a Ricardo Iorio hace 30 años; era mi ídolo, y pasó a ser un gran amigo”, explicará Javier en una nota concedida a Cadena 3, que más allá de esa relación de amistad contaba la historia del establecimiento lechero “La Querencia”, uno de los más potentes de la provincia de Córdoba. Los hermanos Camisasso lo levantaron casi desde cero en los últimos veinte años, retomando la tradición lechera de su familia. Y ahora le dan trabajo nada menos que a unas 120 personas de su pueblo.

 Iorio llegó a decirle a Javier en una de sus visitas, cuando los hermanos estaban montando el tambo calesita en el que ahora ordeñan a sus vacas: “Vos no vas por el oro, vos vas por el bronce”. Y ciertamente parece ser así: tan aquerenciados y cabezaduras como su referente, los Camisasso están escribiendo una gran historia dentro de la lechería.

“Nuestra empresa se llama La Querencia. Le cuento a la audiencia que la querencia es el lugar donde nace un caballo, y cuando se va a otro lado, cuando se escapa vuelve al lugar. Nosotros estamos aquerenciados, valga la redundancia, a ese lugar”, relata Javier a Bichos de Campo en la reciente exposición Todo Láctea en San Francisco, donde se expuso este modelo exitoso de producción lechera.

Mirá la entrevista completa:

La historia que escriben estos productores rockeros nos ubica primero en 2004, cuando montaron un pequeño tambo. Su familia venía del negocio de la leche, pero habían tenido que dejarlo en medio de la gran crisis económica del fatídico año 2001. “Tuvimos que vender un montón de animales y nos quedamos con los peores, porque vendimos los mejores para pagar todas las deudas y para poder quedarnos con los campos. Ahí hubo una división de bienes con, entre mi papá y un tío. Y, bueno, arrancamos con 2800 litros diarios, con 2 tractores viejos y muchas ganas”.

Tantas ganas que ahora producen más 50 veces más que hace veinte años. “Ahora estamos en 110.000 litros, y proyectamos para la primavera estar entre 135 y 145 mil litros”. afirma Javier.

-¿Y cómo se crece tanto?

-Con mucha perseverancia, mucha resiliencia a las inundaciones, sequía, y todas las inclemencias del tiempo y de las economías que hemos pasado, metiéndole para adelante. Creo que nosotros supimos ganarle a los créditos a tasas negativas para incorporar tecnología, infraestructura, confort animal, comprar mucha hacienda.

Camisasso recuerda entre tantos tropiezos la gran inundación en toda la cuenca lechera de 2015. En ese momento, en vez de recular, ellos aprovecharon porque muchos tambos aflojaban y se vendían las vaquillonas en 2000 litros de leche, un precio nunca antes visto por lo barato. “Ahí le digo a mi hermano que tenemos que salir a comprar vaca, pero no teníamos la plata. Y mientras gestionábamos los créditos, compramos como 1000 animales de tambo. Íbamos a la feria y comprábamos todo lo que había en las ferias”, rememora Javier.

Luego concluye: “Después la leche se fue arrriba. Se veía que, por culpa de la inundación, iba a valer mucho la leche, y nosotros teníamos la comida, teníamos el espacio, y lo pudimos hacer”.

La Querencia vivió un proceso de crecimiento mucho más acelerado en los últimos cinco o seis años, también apalancado en créditos y respectando un “master plan” diseñado por Juan Monge, uno de los asesores lecheros más respetados. Allí se proyectaba el salto hacia un nuevo modelo lechero que se está imponiendo en todo el país, con 7 galpones de 138 por 64 metros, y un galpón con el tambo calesita, que permite eficientizar la tarea del ordeñe.

“La calesita ya la tenemos y tenemos 4 galpones de 138 por 64, 1 de 84 por 42, y ahora ya compramos otro de esos grandes. Nos faltaría dos”, resume el empresario lechero, en medio del río.

-¿Meterle techo a los tambos mejora la productividad a las vacas?

-Usemos el sentido común. En un mes llovieron 500 milímetros y las vacas estaban enterradas en 1 metro de barro en los corrales comunes. Comparalo con un galpón donde estaban bajo techo y con cama de compost. Ahí tenés 7 u 8 litros (de producción diaria de leche) de diferencia. Según los expertos, te da 3 litros más por vaca.

Con ganas de completar el plan maestro diseñado para La Querencia, “Cabeza de Yunque”, como lo apodaron en el ambiente del metal, lamenta que no haya una oferta de créditos acorde a la necesidad del sector. “Estamos discutiendo con los bancos para que nos den créditos a 8 años para construir los galpones que nos faltan, porque esa inversión se repaga en 7,6 años. Son créditos de un plazo largo, pero no existen esos plazos”.

“Según creo yo, se necesitan 10 años de plazo para estas inversiones, y para inversiones más grandes. Ponele, nosotros nunca nos pusimos un techo, y ahora tenemos ganas de hacer una calesita más y 7 galpones más en espejo en otro campo. Pero para eso necesitaríamos crédito a 20 o 30 años”, añade.

-¿Entonces están convencidos que la lechería va a ser negocio en Argentina?

-No creo saber si va a ser un gran negocio o mal negocio. Creo que es lo que sabemos hacer, nos gusta mucho lo que hacemos, y le metemos para adelante.

-¿Y qué consejo le das a esos tambos más chicos que están tambaleando? O a los chicos que dicen “no quiero hacer lo mismo que mi abuelo, que le fue tan mal y reniega tanto”.

-Juntarse con gente que te haga un master plan sobre qué es lo que querés hacer, tener un flujo de fondo. Eso yo lo hice hace 20 años. Yo, la verdad, tengo tercer año de secundario, pero me enseñaron el Excel cómo funcionaba, y me hice un flujo. Lo hice, inventando el precio de la leche, inventando el precio del dólar, inventando el precio de la soja, más o menos, para poder pensar  como voy a estar dentro de uno o dos años.

-Eso es imprescindible. Leer el futuro, trazar horizontes.

-Claro. Saber medianamente cómo vas a estar financieramente. Incluso, hay momentos en que vos podés saber que dentro de 8 meses vas a tener un problema financiero y empezar a hablar con los bancos para que te den capital de trabajo para poder subsanar ese momento. Hay que trabajar con previsibilidad. En el medio de toda la incertidumbre que tenemos, en el medio de todos los vaivenes económicos, climáticos que tenemos, hay que tener un poquito de previsibilidad para poder proyectar a futuro.

Camisasso insiste con ese concepto que a ellos les ha dado gran resultado: “A lo mejor, tenés una empresa que vale un montón de dinero, pero si te falta liquidez, estás frito. Entonces, lo que hay que tratar en esos momentos que te falta liquidez es apoyarse en los bancos. El consejo que le doy a los productores es que los créditos están saliendo, pero hay que tener las carpetas en orden, hay que tener mucha paciencia para presentar papeles. Hoy hay mucha burocracia todavía en los bancos, pero son las reglas de juego, hay que jugar con eso, y hay que tener todos los balances al día. Por más que no quieras sacar ningún crédito, por lo menos tener todo en orden por si te sale un negocio.

El productor también considera que, para tener éxito en el negocio de producir leche, “no hay que renegar para pedir asesoramiento”.

“Nosotros contamos hoy con 2 veterinarios de cabecera, pero en total hay 6 veterinarios, 2 nutricionistas, 2 ingenieros agrónomos, hay un asesor de confort animal, y hay un asesor ahora nuevo que incorporamos hace unos 6 meses, en gestión empresarial. Armamos protocolos y los bajamos. Y todos los meses nos traen informes de cómo fueron los índices, si buenos, malos, regulares. Entonces nos enfocamos en esos problemas y tratamos de ajustar para que se solucionen”, añade con clara visión empresaria.

-Y al final, para La Querencia, ¿qué significa que ustedes hayan tenido este crecimiento?

-Hay 120 personas trabajando en La Querencia, más los prestadores de servicio, que hay gente que se dedica al movimiento de suelo, a hacer galpones, electricistas, gasistas. Hay mucha gente involucrada. Y es un orgullo para mí que esa gente me responda todos los días. porque el tambo son los 365 días que se trabajan. Hay que ponerse la camiseta.

Y ahí volvemos al rock. al Metal pesado. A Ricardo Iorio y su legado.

-Me contaron que a vos te dicen “Cabeza de Yunque”, que tenías una banda de rock y que eras muy buen amigo de Ricardo Iorio. Eso no se condice con la imagen del empresario exitoso que sabe que debe invertir y maneja todos los índices y pide asesoramiento.

-¿Por qué no? Ricardo era un tipo, te lo puedo describir, que creía en el trabajo, que creía en la inversión, que creía en la capacidad de las personas. Para mí fue mi ídolo y después fue mi amigo, y y creo que, en parte, soy gracias a la impronta de él. Iorio era muy coherente con la persona de trabajo. Hay un tema que se llama Gil trabajador.  No te lo voy a recitar acá, pero escúchenlo y se van a dar cuenta. Yo me creo un gil trabajador, con mucho orgullo.

-¿Y lo de Cabeza de Yunque es por cabeza dura? Porque hay que meterle, meterle, meterle…

-No, Cabeza de Yunque era por otra cosa, pero no lo podemos contar en cámara.

Luego nos contarán las malas lenguas que Javier, cuando tenía su banda de metal y tocaba en los pueblos de la zona, bajaba a cantar alguno de sus temas en medio del pogo que armaban los seguidores de su banda, a quienes les apostaba que no iban a poder derribarlo. Muy pocos pudieron hacerlo y de allí que hacía honor a su apodo: Cabeza de Yunque.

A los pocos que lo lograron, los premiaba pagándoles con un vaso de fernet.

Fotos: Cadena 3 y El Regional Digital
Etiquetas: galponesjavier camimsassola querencia hermanos camisassolaspiurlecheríaproducción lecheratambo calesita
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