El domingo, durante una entrevista en un estudio de radio instalado en la Exposición Rural de Palermo, Javier Milei interrumpió la conversación para insultar a José Ignacio “Vasco” de Mendiguren, a quien vio pasar frente al tráiler. Señalándolo por la ventana, lanzó acusaciones y descalificaciones personales: “Ahí está pasando alguien que le hizo muchísimo daño a la Argentina”, dijo. Lo acusó de haber sido “cómplice de Duhalde en la salida de la convertibilidad” y remató con un “vos sí, ladrón”, entre otras frases.
De Mendiguren no escuchó los insultos en el momento. Más tarde, ya informado por su hija, respondió en la misma emisora. Calificó las expresiones del presidente como “injurias absolutamente infundadas”, recordó que no tiene causas judiciales vinculadas a su gestión y adelantó que evalúa iniciar acciones legales para “poner un límite institucional” a ese tipo de agresiones.
Hoy me tocó a mí, como antes a tantos otros, ser injuriado por el Presidente. Algunos de los que recibieron insultos todavía peores en el pasado, y aún con causas,hoy son sus ministros.
Es triste que la máxima autoridad política del país degrade así su propia palabra, y con ella,… https://t.co/E8jdR0UbFt— Vasco de Mendiguren (@dmvasco) July 26, 2026
El episodio quedó instalado en la agenda política. Pero la pregunta de fondo es qué hacía De Mendiguren en Palermo, justo cuando Milei lo vio.
La respuesta está lejos de la política. De Mendiguren es criador de caballos Cuarto de Milla desde hace dos décadas, actividad que desarrolla en la estancia San Rafael, un campo de más de 140 años ubicado en López Lecube, provincia de Buenos Aires. Preside la Asociación Criadores Argentinos de Caballos Cuarto de Milla (CACCM) y forma parte del Comité Internacional de la raza, un cargo que lo ubica entre quienes toman decisiones en una entidad que reúne criadores de buena parte del mundo.
Su vínculo con la raza es conocido en el ambiente ecuestre. Ha participado en exposiciones, juras y remates, y llegó a posar en Palermo junto al embajador de Estados Unidos Peter Lamelas en la entrega de premios en plena pista central de la expo.
¡Un placer visitar a nuestros vecinos de @LaRural_BsAs! 🇺🇸🇦🇷 Estados Unidos y Argentina comparten una profunda tradición de campo y orgullo ganadero. Impresionado por la trayectoria y el enorme potencial de la agricultura argentina. ¡El motor del campo no se detiene! Muchas… pic.twitter.com/FeLvy1utwK
— Embajador Peter Lamelas (@USAmbassadorARG) July 18, 2026
Pero él mismo admite que la actividad no se sostiene por su rentabilidad: “Ninguno gana dinero criando caballos. De hecho, creo que más bien perdemos dinero”, suele decir. Para él, la cría de pedigrí se explica por la pasión y por el interés en mejorar la genética, no por un cálculo económico.
El Cuarto de Milla llegó al país a mediados del siglo XX, cuando el King Ranch de Texas —uno de los establecimientos fundacionales de la raza— compró campos en Argentina e introdujo los primeros ejemplares puros. De Mendiguren repasa con frecuencia el origen funcional de estos caballos. Según cuenta, los colonos ingleses necesitaban animales veloces y resistentes para avanzar hacia el oeste de Estados Unidos. De ahí surgió el Cuarto de Milla, conocido por ser el más rápido en 400 metros, con dos líneas bien definidas, la de carrera y la de trabajo rural.
José Ignacio de Mendiguren, de Cuarto de Milla: “Ninguno gana dinero criando caballos”
Con el tiempo, la raza se integró a la tradición ecuestre argentina y llegó a convertirse en la monta del Escuadrón Maipú del Ejército. Hoy el país cuenta con seis jueces certificados por la American Quarter Horse Association (AQHA), y De Mendiguren preside el comité que reúne a los referentes internacionales.
En 2021, viajó a Las Vegas para recibir el Best Remuda Award, el premio que la AQHA entrega a las explotaciones agropecuarias que mejor utilizan el Cuarto de Milla como herramienta de trabajo. El trofeo pesa 40 kilos y solo puede obtenerse una vez en la vida.
Con ese trasfondo, la presencia de De Mendiguren en Palermo se explica sin necesidad de recurrir a la política. Estaba donde suele estar cada año: entre los caballos, los criadores y las juras, cumpliendo con su agenda en la semana más importante del calendario ecuestre.




