En medio de una recorrida por el interior de Formosa, Bichos de Campo dialogó con Rubén Solalinde, coordinador de la región subtropical norte del Instituto PAIPPA, la política pública que desde 1996 asiste a miles de familias campesinas de la provincia con vivienda, infraestructura, insumos y canales de venta para que sigan produciendo en sus propias chacras.
Antes de hablar del programa, Solalinde describió la zona donde trabaja: la provincia, dijo, es “multiétnica, pluricultural”, con un norte de fuerte impronta guaraní por las familias que llegaron desde Paraguay tras la revolución de los años treinta, y un sur, hacia El Colorado y Villafañe, con más rasgos europeos. Él mismo es oriundo de Riacho He-Hé, una localidad a unos 110 kilómetros de Formosa capital y 80 de Clorinda, a apenas 100 de Asunción.
Fue maestro rural durante 23 años, conviviendo con familias productoras de las colonias, e intendente de su pueblo durante ocho antes de sumarse al organismo, que este año cumple tres décadas. “Es un programa único a nivel país”, lo definió, y ubicó su creación, en septiembre de 1996, “como uno de los pilares fundamentales del modelo formoseño” impulsado por el gobernador Gildo Insfrán.

El PAIPPA es el Instituto Provincial de Acción Integral para el Pequeño Productor Agropecuario y su objetivo declarado es el arraigo, es decir, que las familias que producen en pequeña escala no terminen emigrando a Formosa Capital o a otras ciudades del país.
Como todo en Formosa, el PAIPPA no escapa a la polémica y tiene detractores. Una provincia fuertemente atravesada por la polarización política, tiene a quienes aseguran que este instituto es un brazo más del asistencialismo que en la provincia Insfrán denomina como “El modelo formoseño”. Del otro lado de la mecha, muchos productores aseguran ser orgullosos “paipperos”, como se denomina a los protagonistas de la agricultura familiar en dicho territorio.
Según contó Solalinde, el Estado provincial invierte en darles una vivienda en su propia chacra y en llevar hasta ahí caminos, comunicación, escuelas de nivel inicial y primario cercanas al domicilio, y en los últimos años también el secundario rural, para que “los hijos de estas familias terminen toda la secundaria en su propia colonia”.
Quienes siguen estudios superiores pueden hacerlo en la Universidad Provincial de Laguna Blanca, donde ya se recibieron ingenieros, ingenieras y enfermeros universitarios hijos de productores paipperos, apuntó, y donde el organismo espera sumar pronto a los primeros médicos surgidos de esas familias.
A esa infraestructura educativa se suma, según describió, una red de salud escalonada, con centros próximos al domicilio que derivan, según la complejidad del caso, hacia hospitales de mayor nivel. “Tenemos educación pública gratuita y de calidad, salud pública gratuita y de calidad, y también toda la asistencia es gratuita”, resumió.
Para explicar qué distingue al modelo formoseño de otras zonas productivas del país, Solalinde apeló a una imagen de sus propios viajes: “Me ha tocado hacer algún que otro viaje a la capital del país, y he visto pasar por provincias donde uno ve miles de hectáreas de producción, pero uno ve una sola casa. Nosotros, al revés: tenemos, por ejemplo, en una localidad, a lo mejor, 500 familias paipperas que producen en dos hectáreas, tres hectáreas, una hectárea.”

Esa dispersión de pequeñas unidades productivas, sostuvo, es al mismo tiempo la marca del programa y la explicación de por qué hoy esas chacras proveen miles de kilos de alimentos a los distintos programas gubernamentales y también a emprendimientos privados, como verdulerías. “Las familias paipperas, orgullosamente, hoy son una fuente de alimento que el mundo hoy está careciendo, y aparte tienen productos sanos, frescos, saludables, no solamente para vender sino para consumir en su propia casa”, afirmó.
Mirá la entrevista completa con Rubén Solalinde:
Según Solalinde, buena parte de las colonias formoseñas tenía en el algodón su cultivo histórico, y el PAIPPA trabajó para que una familia con tres hectáreas, que antes sembraba un solo producto, hoy pueda llegar a tener hasta diez variedades distintas, según cómo se organice y qué le sugiera el equipo técnico según el clima de su zona.
En el conjunto de la provincia ya se siembran, dijo, más de treinta variedades repartidas en distintas regiones, para “no abarrotar el mercado con uno o dos productos”. El organismo diferencia un programa de hortalizas para autoconsumo de otro más intensivo orientado a la venta, y sumó en los últimos años el de cultivos no tradicionales de la zona como papa, arveja, cebolla, chía, sésamo y mandioca industrial, esta última destinada a las líneas de valor agregado del PAIPPA, que también capacita a familias en la elaboración de dulce de mamón o de quinoto a partir de semillas provistas por el CEDEVA, el centro de validación de tecnologías agropecuarias que trabaja junto al Ministerio de Producción provincial.

Toda esa producción, sostuvo Solalinde, depende de la infraestructura hídrica construida en la provincia a partir del agua que ingresa al Bañado La Estrella y se distribuye por distintos riachos hacia toda la provincia. En la zona que él coordina, son diez localidades que se nutren de las aguas que llegan por el Riacho Porteño, canalizadas y reguladas mediante compuertas. “En estos últimos años hemos tenido casi diez años de una terrible sequía que, de no ser por esta inversión del Estado y estas obras hídricas, muchas localidades no hubiesen tenido agua”, afirmó, tanto para consumo como para riego.
En cuanto a la comercialización, Solalinde enumeró varios canales que conviven entre sí y que las familias pueden elegir con libertad, sin obligación de venderle al Estado. El más directo son las ferias paipperas, que se realizan todos los viernes en cada localidad, en plazas o lugares públicos, donde cada familia puede vender su producción a nivel local.

A eso se suma el programa Soberanía Alimentaria, que busca esos productos, los trae a Formosa Capital, los vende y le lleva el dinero a la familia productora. Un tercer canal es el plan Alimentario Nutrir, que arma bolsones con esos mismos productos y los reparte en forma gratuita a más de 18.000 familias de la capital provincial. En este último caso el pago no es inmediato sino que los móviles del programa retiran la mercadería en cada chacra, dejan un comprobante por lo entregado, y el organismo liquida mensualmente a través de una cooperativa paippera que trabaja en toda la provincia y dos consorcios zonales, que a su vez depositan en la cuenta bancaria de cada familia, accesible con una tarjeta. “Tienen varios canales de comercialización”, resumió Solalinde. Según el formoseño, los productores pueden cobrar mensualmente por esa vía, vender de forma directa y semanal en las ferias o los programas, o comercializar de manera particular donde y como lo deseen.
Consultado sobre el rédito económico del programa para la provincia, Solalinde no habló de números sino de una decisión política. “Acá no hay un rédito económico, el PAIPPA no se queda con nada económico, al contrario, es una inversión para el gobierno de la provincia, para el modelo formoseño; esto no es un gasto, sino una inversión”, sostuvo.
Ese retorno, explicó, se mide en el ascenso social de esas familias que viven, producen y se desarrollan en su propia colonia, y en que sus hijos “tienen asegurado un lugar donde estudiar y una asistencia médica”, muchos de ellos como primera generación de universitarios en su familia.
Sobre el orgullo que genera el programa entre sus beneficiarios, Solalinde contó que familias de otras provincias que ven publicaciones sobre el PAIPPA le preguntan, con curiosidad, qué es un paippero. Él mismo, dijo, se siente agradecido al gobernador por haberlo puesto en ese lugar de trabajo, por el recibimiento que encuentra en cada visita a una chacra: “Te reciben con los brazos abiertos, con alegría, y tienen una particularidad, que te ofrecen lo que tienen; es realmente indescriptible.”
Para describir a un paippero, probó varias palabras antes de quedarse con estas: “un ejemplo de sacrificio, un ejemplo de lucha, un ejemplo de espíritu, y también de una calidez humana increíble”. Y agregó que cualquier familia visitada, con orgullo, se presenta de la misma manera: “Soy una familia paippera”.





