Después de meses de anuncios, promesas y una larga secuencia de gestos políticos, el Gobierno confirmó este jueves la firma del acuerdo comercial entre la Argentina y Estados Unidos.
La novedad fue comunicada por el canciller Pablo Quirno, quien informó en la red social X que se había rubricado en Washington el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco entre ambos países, junto a las autoridades comerciales norteamericanas.
Más allá del paquete general, que incluiría compromisos de apertura, rebajas arancelarias y eliminación de barreras para distintos sectores, el dato que rápidamente captó la atención del campo y, en particular, de la cadena de la carne, es el de la ampliación de la cuota de exportación de carne vacuna argentina hacia el mercado estadounidense.
Acabamos de salir de la firma del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco entre Argentina y Estados Unidos.
Felicitaciones a nuestro equipo y gracias al equipo del @USTradeRep por construir juntos este gran acuerdo.
🇦🇷🤝🇺🇸
La Argentina será próspera! pic.twitter.com/TSXaFCzwnu
— Pablo Quirno (@pabloquirno) February 5, 2026
Si bien no se publicó el documento con los detalles, propio Javier Milei, en consonancia con autoridades del gobierno de Donald Trump habían anunciado que el acuerdo consolida el salto desde las históricas 20.000 toneladas anuales a un total de 80.000 toneladas, un volumen que cuadruplica el cupo tradicional que la Argentina tenía asignado desde los acuerdos multilaterales.
Para el negocio cárnico, se trata de un cambio de escala que puede modificar de manera relevante el flujo de exportaciones hacia uno de los destinos más atractivos para la carne argentina.
Estados Unidos se convirtió en los últimos años en un mercado estratégico para los frigoríficos exportadores. Aun con la cuota limitada, la Argentina logró crecer en ese destino, combinando envíos dentro del cupo con exportaciones fuera de cuota que pagan aranceles elevados.
En 2025, los embarques a ese país superaron las 44.000 toneladas y generaron ingresos por más de 340 millones de dólares, un récord histórico que reflejó tanto el interés del mercado como el esfuerzo de las plantas por sostener ese negocio pese a los costos arancelarios.
Por eso, desde que el presidente Javier Milei comenzó a hablar públicamente de una ampliación del cupo, el tema se transformó en una de las principales expectativas del sector.
A fines de 2025 y durante los primeros meses de 2026, el presidente repitió en varias oportunidades, incluso desde Estados Unidos, que la cuota pasaría de 20.000 a 80.000 toneladas, y llegó a atribuir el compromiso a conversaciones directas con Donald Trump.
Sin embargo, durante varios meses, la situación en los frigoríficos estuvo marcada por la incertidumbre. Mientras el discurso político hablaba de una nueva cuota, en los hechos la Secretaría de Agricultura siguió administrando únicamente las 20.000 toneladas tradicionales. Se abrieron inscripciones, se distribuyeron cupos y se renovaron permisos, pero siempre sobre el volumen histórico, sin que apareciera en los papeles la ampliación prometida.
Por ahora, en los frigoríficos exportadores nadie tiene precisiones sobre cuándo se va a instrumentar el nuevo cupo, ni bajo qué condiciones sanitarias, arancelarias y administrativas. Esa falta de definiciones llevó a que muchas plantas siguieran exportando fuera de cuota, pagando aranceles del 26,4%, lo que redujo márgenes y limitó la posibilidad de expandir el negocio con mayor agresividad.
En ese contexto, la firma del acuerdo vendrá a ponerle marco formal a una ampliación que hasta ahora existía más en el plano político que en el operativo.
Para la cadena de ganados y carnes, el impacto potencial es significativo. El salto de 60.000 toneladas adicionales abre la puerta a un incremento sustancial de los volúmenes exportados, con un mercado que paga buenos precios, ofrece previsibilidad y permite diversificar destinos en un escenario internacional cada vez más exigente.
En el sector ya se habla de un potencial ingreso adicional del orden de los 300 millones de dólares anuales, siempre sujeto a la capacidad de respuesta de la oferta y a la competitividad de los frigoríficos. Y a que se confirme el dato adelantado por las autoridades.
El momento en que se concreta el acuerdo también tiene su peso. Con China mostrando señales de mayor selectividad luego de la cuotificación de su importación y con otros mercados más tradicionales enfrentando restricciones sanitarias o comerciales, Estados Unidos aparece como una pieza clave para sostener el crecimiento exportador. Además, el tipo de cortes que demanda ese mercado encaja bien con el perfil productivo argentino, lo que facilita el armado de programas de exportación más estables. También generará una apertura ante el freno de mano que se le puso al acuerdo con la Unión Europea, que ahora está en la justicia, y también auguraba una apertura de la cuota de ese mercado para las carnes argentinas, sin precisiones aun de volumen.
Todavía quedan puntos clave por definir. En el sector esperan conocer en detalle cómo se instrumentará la nueva cuota, qué criterios se utilizarán para la distribución de las 80.000 toneladas, cómo se repartirán entre frigoríficos y proyectos de exportación, y desde cuándo estará plenamente operativo el nuevo esquema.





