Si uno recorre hoy cualquier ruta de la región agrícola argentina, difícilmente se sorprenda al encontrarse con esos enormes “chorizos blancos” desparramados por los campos. Parecen haber estado ahí desde siempre, pero lo cierto es que el silobolsa, tal como lo conocemos, tiene apenas unas tres décadas de historia.
Y hay otro dato que puede resultar incómodo para el orgullo nacional: no se inventó en Argentina. Sus antecedentes están en Europa y Estados Unidos, donde las bolsas plásticas comenzaron utilizándose para conservar forrajes. Lo que sí ocurrió acá fue otra cosa: técnicos, empresas y productores tomaron aquella idea y desarrollaron un sistema para almacenar grano seco que terminaría revolucionando la poscosecha.
Sobre esa historia trata el último episodio de “Un Momento”, el ciclo conducido por Sofía Selasco, parte del plantel periodístico de Bichos de Campo y Rivadavia Agro, y producido por AgroLink. Esta vez participan Ricardo Bartosik, coordinador del área de Poscosecha del INTA Balcarce, y Mariano Klas, presidente de IPESA, dos nombres directamente vinculados con la evolución de esta tecnología.

Uno de los grandes protagonistas de aquella transformación fue Cristiano Casini, investigador del INTA Manfredi. A mediados de los años 90 comenzó, junto con otros técnicos, a ensayar el almacenamiento hermético de granos primero en pequeños bolsones y luego en bolsas comerciales. Había que demostrar que el grano podía permanecer durante meses ahí adentro sin perder calidad.
Al mismo tiempo, la industria privada comenzó a mover sus fichas. En Tandil, Martínez y Staneck desarrolló primero equipos para embolsar grano húmedo y luego, en 1997, avanzó sobre el grano seco. Y del lado del plástico apareció IPESA, la empresa fundada por Zacarías Klas, que ya tenía experiencia fabricando grandes coberturas y bolsas para el agro. Así se fue armando un engranaje entre ciencia pública, industria y productores que convirtió una idea importada en una tecnología con sello argentino.
Este es el capítulo de Un Momento:
El resultado fue contundente. A comienzos de este siglo se almacenaban apenas unos pocos millones de toneladas de granos mediante este sistema. Hoy se guardan alrededor de 50 millones de toneladas por año, cerca del 40% de la producción argentina, y la tecnología desarrollada en el país llegó a más de 50 mercados internacionales.
Pero el silobolsa hizo bastante más que resolver un problema de espacio. Le permitió al productor decidir cuándo vender. Antes, buena parte de la cosecha debía salir rápidamente hacia un acopio o un puerto porque no había suficiente lugar donde conservarla. Con la bolsa, el grano podía esperar en el propio establecimiento. De allí aquella definición de Casini que quedó para la historia: “El silobolsa es una caja de ahorro en el propio campo”.
Y quizás por eso mismo terminó haciendo una carrera que ninguno de sus desarrolladores había imaginado: se convirtió también en un actor de la política argentina.

Durante el conflicto por la Resolución 125, en 2008, permitió que muchos productores conservaran la cosecha mientras la protesta se extendía durante meses. Años más tarde, distintos gobiernos cuestionaron públicamente la decisión de los productores de mantener granos almacenados esperando mejores condiciones comerciales. En 2020, además, una sucesión de ataques y roturas de bolsas terminó de transformar aquel objeto estrictamente productivo en un símbolo de la pelea política alrededor del campo.
El silobolsa siguió mientras tanto haciendo su trabajo y también cruzó las fronteras. Hoy forma parte de un paquete tecnológico argentino integrado por bolsas, embolsadoras, extractoras y otros equipos, que se exporta a decenas de países. Y el desarrollo continúa: la próxima etapa incluye sensores, monitoreo remoto y herramientas digitales para conocer qué pasa con el grano sin necesidad de abrir la bolsa.
Treinta años después queda, además, un desafío menos épico: qué hacer con todo ese plástico una vez utilizado. Cada bolsa tiene un solo uso y su reciclado todavía no alcanza a cubrir todo el volumen generado. Es probablemente una de las discusiones que marcará la próxima etapa de esta tecnología.
Porque quizás ahí esté la mejor definición de esta historia. Argentina no inventó el silobolsa, pero convirtió un invento en una innovación: lo adaptó, lo hizo masivo, construyó una industria alrededor suyo y terminó exportándolo al mundo. Y de paso, como suele ocurrir con tantas cosas en este país, también consiguió meterlo en la política.






Sin dudas el silo bolsa fue una gran innovación desarrollada por el INTA, conenzando en l EEA Manfredi y seguidamente por la EAA Balcarce. Comenzamos experimentando con una embolsadora americana llamada AGBAG y bolsas importadas. Los primeros ensayos los hicimos en trigo, girasol y maní. Pero no fue muy fácil su difusión. Tuvimos mucha resistencia por la Cámara de Acopiadores, algunas Coooerativas y algunos técnicos del INTI. Pero el tiempo nos dió la razón. El productor le tomó la mano y descubrió sus ventajas y poco a poco fuimos avanzando en la investigación. Establecimos varios ensayos, en diversas zonas del país, con diferencias climáticas para observar su cimportamiento. Esto gracias a un convenio de vinculación tecnológica con los fabricantes de bolsas. Así pudimos establecer las bases del manejo de esta tecnología, que hasta hoy en día prevalecen. Hubo mucho esfuerzo compartido con las empresas privadas fabricantes de bolsas y maquinaria para esta tecnología. Ya establecido este sistema en el país, fuimos al exterior, siendo Sudáfrica el primer paso. Fue en colaboración con empresas dell sector. Asi fue creciendo en el país y en el exterior. Podemos decir que es un ejemplo de como se puede progresar con un esfuerzo público- privado
Correccíon del comenyario anterior sobre silobolsa. Perdón, la difusión fue muy difícil, no fácil..
Sigue el comentario sobre silo bolsa, que lo podemos llamar Evolución de esta tecnología. Desde luego, que al principio tuvimos muchas dificultades para que productor pudiese entender lo que significaba un buen llenado y armado de la bolsa. En esto, debido a la difusión de la correcta tecnología que se hizo, hoy en día ya se ven bolsas muy bien armadas en el campo y acopios. Además ya hay muchos contratistas especializados en este tema. También se desarrolló todo un sistema altamente tecnificado para el control y monitoreo de la bolsa y de la calidad de los granos alli almacenados. Se puede monitorear remotamente el estado de las bolsas, se puede determinar la hermeticidad de las bolsas y se avanzó sobre el control de insectos. Es decir, que el contexto de investigación se mantuvo en permanente y significativo avance, sobre todo por parte del Inta Balcarce.
El otro lado de la evolución tuvo como protagonistas a los fabricantes de bolsas, los que mejoraron contínuamente la calidad de las mismas, lo fabricantes de embolsadoras, de extractoras y tolvas autodescargables, todas altamente tecnificadas . El progreso en la calidad de esta maquinaria fue extraordinario. Es decir, que todo sumado, hoy la Argentina tiene un liderazgo en el almacenamiento de granos en bolsas plásticas, en el medio local e internacional. Sin duda esto repercutió en una serie de beneficios socio- económicos para el país y el INTA surge como gran protagonista.