Lo encontramos en la Exposición Rural de Palermo y nos llamó la atención. Estaba en el exitoso stand de la provincia de San Juan, junto a muchos otros emprendedores ligados a la vasta oferta exportable que tiene esa provincia cuyana. Pero lo que él ofrecía no tenía antecedentes, pues era una serie muy completa de sales saborizadas. Pensamos: San Juan no tiene grandes salinas ni se destaca en la oferta de sal. Entonces decidimos enrevistarlo.
Jorge Suárez, que de él se trata, tiene una vida plagada de historias por contar: estudió pisicultura en Bariloche, fue jefe de reservas y parques naturales de San Juan, manejó durante mucho tiempo la reserva provincial de San Guillermo, el más grande reservorio de camélidos sudamericanos como el guanaco y la vicuña. También fue director del cementerio de la capital sanjuanina o jefe de la feria municipal. Creó la primera filial de Federación Agraria Argentina en la provincia, armó una organización local de pequeños productores. Y así muchas cosas más: Sin dudas es un gran personaje.
“Y bueno, ya estoy jubilado, soy un pibe de 69 años, y en esta en esta etapa nueva de la vida estoy emprendiendo con un proyecto de sales saborizada, que es toda una experiencia de vida lo que yo estoy ofreciendo”, se nos presentó.
-Pero en San Juan no hay grandes salinas- le marcamos desde Bichos de Campo.
-Es cierto, no hay salinas en San Juan, por lo menos no están descubiertas todavía. La materia prima que yo adquiero es de origen cordobés, pero tienen incorporadas los productos propios de San Juan, como la jarilla, la algarroba, el ajenjo. No es que estén mezclados sino que están inyectados al cristal de sal, está inyectado el sabor, pues yo no trabajo con aromatizante ni conservantes.
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Suárez recuerda, entre las cientos de anécdotas que debe llevar consigo, que fue un compañero de estudios de origen japonés el que le enseñó el secreto para “inyectar” los sabores a la sal. “Después de 50 años buscando qué hacer de mi vida me acordé de esa anécdota. Como soy muy inquieto, quiero hacer algo que me permita recuperar lo que pierdo como trabajador activo, y ya como jubilado, se me ocurrió repetir lo que me ha enseñado aquel japonés en un producto que no tuviera conflicto con la sociedad”.
“Algo que a mí también me encanta es hacer de comer, entonces, en la sal encontré el producto apropiado”, reseñó el ex guardaparque.
En la Expo de Palermo, este inquieto emprendedor estaba mostrando un kit clásico de sus sales saborizadas Campestre de Oro. Estaba compuesto por cuatro salmueras, con condimentos y aromáticas para diferentes tipos de carne. Como sugerencia, Jorge recomendaba preparas esas salmueras con un líquido que puede ser agua, agua con limón, agua con vino, vino solo, cerveza. Es decir, con lo que cada uno quiera.

-¿Hay un mundo detrás de la sal que no descubrimos todavía los argentinos?
-Exactamente, porque si vos observás la sal ves un producto blanco, inoloro. Muy insípido, que sirve para salar. En este caso, lo que yo aprendí de este japonés amigo es cómo inyectarle sabor, y en esto no es que yo en una sal le meto condimento de aromática, lo cierro y que se mezcle. Esto tiene un proceso totalmente distinto, que me lo ha dado a la experiencia. Yo lo que digo es que no vendo sales. Porque si vos querés comprar sal, andá al supermercado y compra sal. Yo lo que te estoy ofreciendo es una experiencia de vida, que es lo que creo que es lo que muchas veces la gente no tiene. Y el que la tiene no sabe cómo expresarla o cómo difundirla.
Desde su empresa, entonces, Suárez se ha puesto a crear de lo lindo: además de las sales con sabores sanjuaninos, tiene un kit premiun que incorpora otras cosas como una tisana, que es como un bajativo para aquellas grandes comilonas. También ofrece un un set exclusivamente para la mujer parrillera. Y otro para aquellos que son veganos, vegetarianos, diabéticos, celíacos. De nuevo, la lista parece interminable.

“Esto me permite estar ocupado y un poco para la gente que ya está transitando otra etapa en la vida, que es la jubilación, que si uno se propone, puede darle una vuelta de tuerca y lograr cosas que a veces uno ni se imaginaba”, es la enseñanza que deja el incansable Jorge, que además y por si fuera poco incluye en sus kits de sales un adminículo para encender el fuego más conocido como “la chispa gaucha”.
Nos despedimos de Jorge sabiendo que la entrevista había valido la pena, pero todavía espacio para más sorpresas. Por caso, cuando nos contó que el nombre de su emprendimiento, Campestre de oro, venía a cuenta de que él tenía una ligazón directa con Fray Justo Santa María de Oro y Albarracín, nada menos que el famoso diputado que supo representar a la provincia de San Juan, en el Congreso de Tucumán que declaró la Independencia.




