Cuando se presenta, el ingeniero agrónomo Fernando Cocconi, rosarino con 74 años de edad, cuenta que comenzó su profesión con la intención de dedicarse a la ganadería con pastoreo rotativo intensivo, pero no pudo “porque en este país es muy difícil”, dice. Entonces en el año 2000 se abocó a brindar el servicio de control de aves con diferentes métodos, tanto en el campo como en la ciudad. Comenzó aplicando repelentes en los árboles, para disminuir las plagas de palomas.
Fernando trabajó para la ex semillera Monsanto en Santiago del Estero, y gracias a su intervención, la empresa llegó a poder cosechar 24 quintales de semillas de girasol por hectárea, es decir, unos 2400 kilos, cuando otros apenas cosechaban 6 quintales. Explica que antes usaba un repelente tóxico y que luego remplazó por uno en base a alicina, que es extracto o aceite de ajo y aceites esenciales, y más económico, además de que se puede usar en áreas urbanas.

“Para saber si no contaminaba los granos de girasol, la empresa Monsanto hizo un ensayo en la localidad de Fernández, triplicando la dosis. Se hizo prueba con cromotógrafo de fase gaseosa y no se hallaron residuos del mismo en el grano”, dice orgulloso.
Cocconi también realizo este tipo de controles para Advanta y Nidera, realizando en aquel tiempo 39 viajes solo a la provincia de Santiago del Estero, recuerda.
“Hay zonas en esta provincia, como también en el Chaco y norte de Santa Fe, donde no se puede cosechar por la cantidad de palomas que hay. Una vez que se instalan en los cultivos, es muy difícil cosechar. Llegamos a contar 300 nidos en una hectárea, con dos pichones cada uno y dos adultos”, señala.

Comenta el agrónomo que también trabajó para el aeropuerto de Rosario, y los aeródromos de Sunchales y de Rafaela. “Hace dos años decidí usar el mismo repelente líquido, junto a un suministro de semillas mezcladas con un producto anticoccidial o antiparasitario. El mismo hace que las palomas no asimilen el calcio, de modo que el huevo no forma cáscara. Entonces solo ponen una especie de gelatina, por lo que se logra disminuir su reproducción”, indica Cocconi. Señala que actualmente lo está aplicando en 16 plazas de la ciudad de Rosario y están logrando una gran disminución aviar.
Este ingeniero rosarino tiene un posgrado en ingeniería ambiental en la UTN. Ha realizado varios cursos sobre la misma temática y sobre bosque nativo. Cuenta que otro problema grave, lo constituyen las cotorras y que les ha aplicado repelente en un lote con duraznos, en Pavón Arriba, al sur de Rosario. Además, en un viñedo ubicado en Soldini, en la misma zona.
“En la provincia de Buenos Aires, durante el gobierno de María Eugenia Vidal, se sancionó una ley por la que se pueden matar aves bajo ciertas condiciones. Pero en la provincia de Santa Fe, la paloma no se ha decretado plaga, de modo que no se la puede matar”, advierte.
Fernando da detalles sobre los perjuicios que provocan las plagas de palomas: “Ponen dos huevos y cada 21 días nace una nueva generación. A las 6 semanas de nacida, esta nueva generación ya está poniendo sus huevos. Además, defeca 5 kilos de excremento por año, y como no poseen por separado, un aparato urinario y otro excretor, sino que orinan y defecan por el mismo lado y a la vez. Como posee amoníaco, donde cae, causa corrosión. Por lo que en áreas urbanas provocan muchísimos daños, en monumentos y estructuras edilicias”.
En el mismo sentido comento: “Estoy brindando mis servicios a General Motors, porque les arruinan la pintura de sus autos nuevos”, dice, y además señala que portan muchas enfermedades, pero insiste en que no se las debe exterminar, sino controlar su reproducción cuantitativa.

Comenta, el agrónomo Cocconi que en el municipio de Médanos, al sur de la ciudad de Bahía Blanca, las cotorras están causando muchos daños. “Yo les presenté mi proyecto, pero implementaron un láser, que no les está resultando. Considero que mi producto con granos es lo más efectivo, aunque sea a largo plazo”.
Estuve en Uruguay, porque les dañan los viñedos. En la forestación, rompe el brote y éste no logra regenerarse. En Villa Minetti, al noroeste de Santa Fe, y en Coronda, más hacia el centro sur de la misma provincia, no se puede cosechar por culpa de las plagas de palomas”, enumera.
Con el repelente el rosarino ha trabajado también en Rafaela, Franck, Esperanza y Lehmann; en arroceras de San Javier y de Romang, lo que le valió para exponer en un congreso organizado por Aves Argentinas, en Uruguayana. Dice que él prefiere estar presente durante las primeras aplicaciones, y a los seis meses evalúa el impacto para el cliente.
Agrega Fernando que las aves están desmadradas en todo el mundo. “En Barcelona y en New York pusieron aguiluchos y ahora éstos se les volvieron plaga. En Puerto Madryn están teniendo problemas con las gaviotas, en el aeródromo y porque atacan a las ballenas”.
Tiene una explicación a este fenómeno: “A medida de que se va desmontando, las aves naturalmente van a buscar comida a los cultivos. La plaga de loros en la provincia de Buenos Aires se debe al incendio de los bosques de chañar en La Pampa, que ya no existen”.
Y aporta más datos: “Una paloma puede volar 50 kilómetros, descansar y seguir. Sus necesidades básicas son el agua, el alimento y el refugio”, indica.
Lo último que quiere advertir el ingeniero: “Es importante realizar un plan regional para el control de palomas, preferentemente en el norte de Santa Fe. El Ministerio de Agricultura de esa provincia hizo dos reuniones, pero está en la etapa de medición de daño. El INTA Anguil, en La Pampa, está haciendo mediciones, pero opino que hay que brindarle al productor un paquete de medidas de control, porque es urgente empezar a hacer algo”.
Sobre su especialidad, infiere: “Yo creo que el control de aves va a ir en aumento, y los productores no pueden estar perdiendo cosechas. Además, espero que todos tomemos conciencia de que tenemos que cuidar nuestro ambiente y el ecosistema, ya que de lo contrario, cada vez sufriremos más plagas”.
Fernando Cocconi, eligió dedicarnos la canción “Se equivocó la paloma”, un poema de Rafael Alberti musicalizado por Carlos Guastavino, e interpretado por Joan Manuel Serrat.




