l avance de los incendios forestales en la Patagonia volvió a mostrar su cara más cruda en Chubut, donde el fuego avanza desde hace días sobre zonas rurales, áreas de montaña y sectores de bosque nativo.
Más allá de las estadísticas oficiales y de los partes diarios, el drama se vive en primera persona en los campos, donde productores y familias ven cómo el incendio se acerca, entra y arrasa con todo a su paso.
Ese es el caso de Juan Goya, productor agropecuario de la zona de Esquel y dirigente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), que desde hace una semana convive con el fuego dentro de su propio establecimiento.
Si bien Juan no puede cuantificar aun las hectáreas quemadas, recuerda el inicio de todo: “Había dos incendios que empezaron medio cerca, uno en el Parque Los Alerces, adentro del parque, y otro en la localidad de Epuyén. Esos dos lugares estaban lejos de nuestro campo, pero con el correr de los días veíamos que el incendio se aproximaba”, relató.
Como muchos productores de la región, Goya siguió el avance de los focos a través de imágenes satelitales. “Hay una página de la NASA que va mostrando el avance de los incendios día por día, entonces uno puede más o menos calcular hacia dónde está yendo y si está en peligro o no. En algún momento vimos que se empezaba a acercar ya medio imparable”, contó a Bichos de Campo.
Ante ese escenario, la primera decisión fue preventiva, y comenzó mover la hacienda antes de que el fuego llegara. Para entender esa urgencia, Goya explicó o una práctica productiva y cultural típica de la región cordillerana. “Hay que explicar que los campos acá son de invernada y de veranada. En el verano nos vamos arriba, a la montaña, como estamos ahora, y nos llevamos la hacienda para ir después, en invierno, a lugares más bajos. Esa es la forma cultural de trabajar acá, de toda la vida”, detalló.
En su caso, toda la hacienda estaba en la veranada. “La veranada es la cordillera, bosque alto, de lenga o ñire, que son unos árboles que frenan, digamos”, explicó.
El incendio finalmente cruzó el límite del establecimiento. “El domingo pasado, hace una semana, entró al campo nuestro, y a partir de ahí ya lo teníamos dentro, con días mejores, días peores. Eso depende mucho del clima, del viento, sobre todo”, describió.
Desde entonces, la situación es de combate desigual. “Lo estamos tratando de combatir en la medida de las posibilidades, porque es tan grande y tiene tantos focos que es muy desigual la pelea. Más allá del esfuerzo de los brigadistas, de la gente que trabaja, de los voluntarios y de los medios aéreos”, dijo. Y marcó una de las grandes limitantes: “Hoy, por ejemplo, hay mucho viento y no pueden operar los medios aéreos, así que es un día en donde no se puede trabajar con todos los medios que se dispone”.
El impacto emocional y productivo es difícil de poner en palabras. “Es muy angustiante, porque va quemando absolutamente todo, no deja nada. Quedan los palos quemados y la tierra, la nada”, expresó. Además, explicó un fenómeno que agrava la situación: “Hay veces que, dos días después, se vuelve a prender en el lugar donde ya quemó y, con el viento, se levanta de vuelta”.
En ese contexto, la lluvia aparece como la gran esperanza. “Todos estamos esperando que llueva, que es la manera más efectiva, o casi la única, de apagar un incendio”, afirmó. Pero el escenario climático no ayuda. “Estamos atravesando una sequía de hace mucho tiempo, con lo cual las condiciones no son de lluvia”, agregó.
Goya es productor de tercera generación en la zona. “Yo soy la tercera generación de productores. Siempre hemos hecho ovinos y también bovinos en el mismo lugar”, contó. Y remarcó el carácter excepcional de lo que está viviendo: “Es la primera vez que tenemos un incendio grande dentro del campo. Tenía incendios cerca, en campos de otros vecinos, pero nunca dentro del campo nuestro, y mucho menos de esta magnitud. Es un fenómeno extraordinario”.
El productor describió al incendio casi como una entidad que avanza sin control. “Es tan severo, tan grande, que de repente se hace como una especie de monstruo que se va llevando todo. Es difícil de explicar una catástrofe así”, resumió.
Gracias a una decisión anticipada y al trabajo del personal, hasta ahora no hubo pérdidas de animales. “Nosotros, sabiendo que se venía el incendio, fuimos corriendo la hacienda con algún tiempo, gracias al personal que trabaja con nosotros, que conoce bien estos lugares. Bajamos con la hacienda antes que llegara el incendio y no hemos tenido, hasta acá, gracias a Dios, pérdida de hacienda”, explicó.
Sin embargo, el daño productivo ya es importante. “Es solo pérdida de material forestal y de campo”, señaló, al tiempo que reconoció que el fuego obligará a replantear el manejo. “Por ahora, lo que estamos haciendo es resguardarlos, los bajamos, los llevamos a otro lado. Después vendrá la etapa de ver cómo seguimos productivamente. Ahora estamos cien por cien abocados a parar este incendio, a poder dirigirlo y a que no nos queme áreas más sensibles o lugares donde tenemos mejoras, corrales o instalaciones”, detalló.
La dimensión real del daño todavía es incierta. “El análisis de qué se quemó vendrá después del día que se apague, porque hay muchos lugares que todavía no podemos llegar. Primero, por el humo, y después, como está ardiendo, es muy riesgoso entrar a mirar, porque el fuego se levanta de golpe y te puede rodear y te podés morir. No es la primera vez que sucede”, advirtió.
Por eso, hoy no hay números concretos. “Todo el mundo pregunta cuántas hectáreas, cuántas hectáreas. No lo sé. Además, estamos transitando el incendio, no sé si estamos en el final. No sé cuánto más va a estar el incendio dentro del campo”, reconoció.
El establecimiento de la familia Goya tiene unas 15.000 hectáreas, donde crían ovinos Merino y bovinos Hereford. Es sobre ese territorio donde hoy el fuego avanza y retrocede según el clima.
Al cierre de la charla con este medio, el productor mantenía la expectativa puesta en un cambio de condiciones. “Esta noche podría caer algo de lluvia. Aunque lloviera poco, eso baja mucho la temperatura. Este fin de semana tuvimos viento y días de 32, 33 grados de calor. Eso, para un incendio, es perfecto, es lo que necesitan”, explicó. Y agregó: “Ahora está bajando la temperatura, esperamos que llueva algo esta noche o esta madrugada. El pronóstico da una semana con algunas lluviecitas y temperaturas a la baja. Eso nos puede ayudar mucho”.
Más allá de lo productivo, Goya destacó un aspecto humano que atraviesa la emergencia. “Una de las cosas que yo más resalto es la solidaridad entre los productores. Todo el mundo te ofrece algo, te ofrece una ayuda, te acompaña, te pregunta. Los medios se interesan, la gente en la ciudad está preocupada. Vas a un almacén y te preguntan a ver cómo estás”, relató.
Para él, en medio de la catástrofe, eso deja una enseñanza. “Humanamente, enseña el valor de vivir en el interior. La gente te pregunta porque te quiere acompañar”, concluyó.




