Hace 50 años que Eduardo Postacchini está vinculado al sector de los contratistas rurales. Empezó cuando aún iba al colegio primario y acompañaba a su padre, fue punta de lanza del “boom” de las picadoras de forraje -cuando trabajaban las 24 horas y no daban a basto- y hace ya algunos años que saltó el mostrador y montó su empresa dedicada a distribuir insumos y a atender las emergencias de sus antiguos colegas.
Eduardo, hermano de Reynaldo, quien trajo las picadoras Claas al país ,viene de la época en que, recuerda, ser contratista era vivir “con una adrenalina constante”, buscando campos sin GPS en plena madrugada, intentando capturar señal arriba de un árbol para hacer un llamado telefónico y haciendo malabares para conseguir un repuesto o, simplemente, un almacén abierto a cientos de kilómetros de casa.
“Me alegra haber vivido eso. Me enseñó a apreciar lo que tenemos hoy”, expresó el referente, que sabe bien lo que implica ser contratista, y asegura haber capitalizado eso para ser útil del otro lado del mostrador. En una entrevista con Bichos de Campo, Postacchini dio cuenta de esa experiencia y analizó cuánto ha cambiado el sector en todos estos años.

Atrás han quedado los “trajines” y las aventuras de trabajar en campos ajenos, más no sus aprendizajes. En su caso, Eduardo fue pionero en la puesta en marcha de las primeras picadoras de forraje, a principios de la década del noventa, y, muchos años más tarde, de implementar un servicio técnico especializado para ese sector, que es justamente más joven que el de los contratistas convencionales y vino de la mano de la intensificación en la producción de carne y leche.
Con el “boom” de los forrajes para establecimientos de engorde y tambos llegaba también el trabajo ininterrumpido para las máquinas, que no eran suficientes y no daban abasto para cubrir la demanda. “Antes eran las 24 horas porque había mucha demanda de trabajo y había que aprovechar. Se paraba a cargar combustible y a cambiar el personal y se seguía picando”, recordó.
Hoy ya no corren esos tiempos, las máquinas no operan más de 16 horas al día, son mucho más completas y hasta avisan cuando están por romperse, pero no cambiaron en absoluto las urgencias del sector: siempre se necesita un repuesto o un técnico a última hora, y en eso Eduardo ya tiene mucha experiencia.
Mirá la entrevista completa:
Consciente de la angustia que significa perder tiempo con una máquina parada, el contratista, que ahora vende los repuestos, señala que en su casa “el teléfono nunca se apaga”. Y no importa el grado de gravedad, los tiempos para atender a sus ex colegas son muy claros.
“Si damos una respuesta dentro de las 24 horas estamos dentro de lo óptimo. Si ya alcanzamos las 48 hay una tirada de oreja. La idea es lograr que la máquina vuelva a trabajar en el menor tiempo posible”, explicó.
Desde ya que hubo desafíos en el medio, porque así como los contratistas son trabajadores nómades, también deben serlo quienes atienden sus demandas. Y, además de formar técnicos e instruir a los propios empresarios, Eduardo ha tenido que aprender mucho de logística para cumplir con los tiempos deseados.
“El desafío del contratista siempre fue ser lo más eficiente posible, desde consumir menos combustible, hasta hacer más toneladas y más hectáreas”, describió. ¿Mandar repuestos en remis? Hasta eso hizo para cumplir con ese mandato de la actividad.
Claro está que corren otros tiempos, en los que además la maquinaria cuenta ya con decenas de módulos, sensores muy complejos y sistemas automatizados con inteligencia artificial que no sólo aumentan la productividad, sino que se adelantan a posibles imponderables. Tal vez el trabajo del contratista sea menos artesanal y tenga una menor cuota de “olfato”, pero ha ganado muchos casilleros en términos de eficiencia.
“Para lo que nos gusta la tecnología es espectacular. Tenemos avances aeroespaciales en el agro”, celebró este apasionado del sector.
A tono con la tradición familiar, iniciada en la década del cincuenta, Eduardo fue contratista mucho antes que la vida lo preparara, y aprendió desde muy chico de la vida en casillas, de los largos viajes con la maquinaria a cuestas, y de la adrenalina de trabajar a contrarreloj. De lo que está seguro es que una y mil veces recorrería ese camino.
“Volvería a ser contratista, es algo que me apasiona y es una adrenalina permanente porque está lleno de desafíos”, expresó, y celebró que haya hoy “sangre joven” en el sector, con proyectos, más energía y ganas, que hagan ese trabajo.




