En la cuarta entrega de la serie de notas que Bichos de Campo se propuso realizar para darle voz a referentes del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) que dejaron la institución, los protagonistas son Eduardo Vitta, Ignacio Erreguerena y Mariana Mascotti.
Vitta es ingeniero agrónomo y estuvo vinculado a la Agencia de Extensión Rural Pago de los Arroyos, en Máximo Paz, Santa Fe. Su trabajo se enfocó en la producción agrícola del sur santafesino y, particularmente, en la tecnología y calidad de aplicación de fitosanitarios, temática sobre la que desarrolló actividades de extensión y capacitación.
Erreguerena, por su parte, es licenciado en Ciencias Biológicas y doctor en Ciencias Agrarias por la Universidad Nacional de Mar del Plata, especializado en fitopatología y enfermedades de cultivos extensivos. En INTA se desempeñó inicialmente en la EEA Balcarce, donde estuvo a cargo del Servicio de Diagnóstico de Enfermedades Vegetales, y posteriormente continuó como investigador en la EEA Manfredi, Córdoba, trabajando especialmente sobre enfermedades de trigo, cebada y otros cereales.
Mascotti es licenciada en Comunicación Social y especialista en Comunicación Ambiental por la Universidad Nacional de Rosario, con formación de posgrado en Comunicación Estratégica. Se desempeñó como comunicadora del INTA desde 1994, principalmente vinculada a la EEA Rafaela, Santa Fe, donde fue referente regional de comunicación y coordinó proyectos de comunicación estratégica aplicados, entre otros ámbitos, a la cadena lechera y a proyectos territoriales del organismo.
Las palabras de Eduardo Vitta
Mi carrera en el INTA inició como pasante de Gabriel Prieto en trabajos de legumbres, en la Agencia de Arroyo Seco, a fines de 2009. A fines de 2012 concursé para una agencia nueva que estaba en el sur de Santa Fe, ubicada en Máximo Paz, llamada Pago de los Arroyos, dependiente de Oliveros. En aquel momento, fue una agencia unipersonal y, de a poquito, se fue construyendo otra mayor que estaba dada por distintas áreas de expertise.
Entre 2014 y 2015 tomé la temática de calidad y tecnología de aplicación en periurbanos, en donde me fui formando. Cuando yo era estudiante, había un anhelo por trabajar en el INTA. Se lo reconocía y era algo sumamente prestigioso y valioso hacerlo.

Yo, sinceramente, estoy agradecido por permitirme la formación que logré, el ser siempre neutro. Los objetivos estaban claros y no existían sesgos a la hora de generar información. Información que, por más simple que a veces parezca, siempre es valiosa. Puntualmente rescato el valor, en el caso del INTA Oliveros, de la información de las redes de ensayos, de cultivares y de híbridos, por ejemplo, de maíz. Es una información muy simple, donde comparamos los rendimientos en forma de red.
Eso tiene mucha fortaleza en cuanto a sus datos y, a su vez, también en datos anexos que pueden estar vinculados al manejo sanitario o a la nutrición. Hay información que genera el INTA que realmente es muy valiosa.
El 2026 me encontró con cuestiones personales y, por otro lado, está la realidad de los sueldos y las paritarias. Todo eso generó una conjunción de cosas que me hicieron tomar el retiro. Pero estoy cercano a la institución, sigo hablando con mis excompañeros y colaborando en la medida de lo posible.
Tomé la decisión en base a estas necesidades y a la búsqueda de nuevos horizontes, nuevos desafíos y nuevas temáticas. Probablemente, si la situación económica no hubiese sido crítica, hubiera seguido en INTA. Pero es un análisis que hago hoy.
El INTA es una institución sumamente territorial y diversa, y por eso es tan complicada de entender a veces. No es lo mismo una agencia de Arroyo Seco que otra en Famaillá o en AMBA. Al cambiar las necesidades, cambian las formas de trabajo. Y todo eso creo que siempre fue valioso: a pesar de los territorios complicados, siempre se trató de abordar las necesidades de cada uno.
Creo que no existe una única palabra para definir qué significó para mí trabajar en INTA. Uno siente orgullo porque tiene la camiseta puesta de trabajar en una institución que genera investigación, extensión y desarrollo para el sector. Poder generar esa información y poder compartirla en el sector es gratificante. Estoy orgulloso de la institución de la que fui parte.
Las palabras de Ignacio Erreguerena
Empecé mi actividad formalmente con el INTA en 2011, donde me desarrollé como fitopatólogo, con manejo de enfermedades, en el INTA Balcarce. En 2020, por razones familiares, me mudé a Córdoba e ingresé al INTA Manfredi, donde me desarrollé con el mismo puesto dentro de esa Experimental.
Tomar la decisión de dejar el INTA fue muy difícil. La institución me dio muchísimas cosas, me permitió desarrollarme tanto laboral como personalmente.
También siento que le devolví todo lo que me dio en términos de publicaciones, de hacer mi trabajo de la mejor forma, con responsabilidad y el nivel técnico que el INTA se merece. En ese sentido, me quedo muy tranquilo a nivel personal.

Cuando uno va creciendo y forma una familia, hay otros factores a considerar en términos del futuro laboral. Se estaba haciendo muy cuesta arriba por la coyuntura, por decisiones internas y externas, y no compatibilizaba.
Finalmente tomé la decisión y quiero aclarar que lo hice sin tomar el retiro voluntario. Fue algo muy personal, sentía que la forma de irme era sin sacarle nada más.
Aparecieron oportunidades en el sector privado, con las cuales estoy muy contento hoy en día. La decisión fue consciente y trabajada. Hoy estoy tranquilo con mi presente actual, pero, por supuesto, siempre con las ganas de que al INTA le vaya bien y pueda revertir esta situación. El INTA lo merece. Su aporte no lo ha logrado ninguna institución y, creo, difícilmente lo vaya a lograr.
El nivel técnico para Argentina es superador y lo va a ser siempre, incluso en esta situación. Soy un agradecido y tengo la convicción de haberle dado lo mejor de mí.
Las palabras de Mariana Mascotti
El INTA es un lugar muy querido para mí. Me permitió vivir de mi trabajo, desarrollarme profesionalmente, desplegar mi forma de entender la comunicación en el marco de diferentes equipos, aprender mucho, cruzarme con muchas personas valiosas y aportar a proyectos interesantes y desafiantes.
Pasé 31 años en la institución y estoy muy agradecida por esta trayectoria.

El momento en que me tocó tomar la decisión del retiro lo considero el más difícil que atravesó la institución, al menos desde que yo ingresé.
No me resultó fácil, pero, teniendo en cuenta mi edad y esta coyuntura particular, lo consideré una oportunidad que decidí tomar.





