La historia del emblemático Rastrojero, uno de los vehículos más exitosos de la industria estatal argentina, inició, curiosamente, a partir de un error.
A comienzos de la década de 1950, el entonces Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) -creado durante la presidencia de Edelmiro Farrell, pero con vigencia central durante el gobierno de Perón- importó desde Estados Unidos unos 2.500 tractores Empire, con la idea de modernizar al sector. Pero el resultado no fue el esperado: derivados de material de posguerra, resultaron inadecuados para el trabajo agrícola local y fueron retirados del mercado.
Relata el documental “Inoxidables: Rastrojero”, de Canal Encuentro, que fue el brigadier Juan Ignacio San Martín el que, convencido de que el Estado debía desarrollar una industria automotriz propia, propuso aprovechar las piezas de ese tractor para crear un utilitario que sí responda a las necesidades del sector local.
Utilizando los conocimientos que había acumulado en su paso por el Instituto Aerotécnico de Córdoba y apoyado en el ingeniero Raúl Gómez, San Martín inició en Córdoba un proyecto que se volvería central para IAME (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado).
Las primeras unidades fueron nafteras y presentaban un diseño sencillo, resistente y barato de mantener. Tenían caja de madera y una capacidad de carga cercana a los 500 kilos. La recepción fue tal que en poco tiempo los componentes de aquellos Empire importados se agotaron. Lejos de descontinuarlos, IAME comenzó a fabricarlos con motores diésel de la marca Borgward, que se instaló en Argentina.
Hacia 1955 ya se producían más de 3.000 unidades anuales, en articulación con proveedores privados nacionales y extranjeros. A finales de la década de 1960, el Rastrojero pasó por profundas modificaciones: abandonó su carrocería original, que pasó a ser metálica, y aparecieron distintas configuraciones: doble cabina, furgón, ambulancia, etc.
De acuerdo con el mencionado documental, se produjeron más de 139.000 Rastrojeros a lo largo de su historia, llegando a quedarse, hacia mediados de 1970, con cerca del 80% del mercado argentino de pickups diésel.
Pero su final llegó, y no porque su demanda hubiera bajado. Durante la última dictadura militar, el IME fue liquidado -en el marco de un cambio en la política industrial- y la producción de este vehículo se detuvo entre 1979 y 1980, pese a que seguía teniendo una participación muy importante en su segmento.
Eso, claro, no implicó que su circulación desapareciera por completo. Muchos se esforzaron por reparar unidades viejas del Rastrojero, al punto de que en algunas localidades del interior todavía circulan. Otros, en cambio, los atesoran cual piezas de un museo.
Ahora bien, de haber continuado su producción, ¿el Rastrojero seguiría siendo tan elegido por los productores? El chaqueño William Pucheta elige creer que sí y hoy lleva adelante una iniciativa que, de a poco, gana cada vez más adeptos.
“La idea nació en el estudio contable que tenemos con mi mujer. Yo nací cerca de Sáenz Peña, pero hoy vivo en Saladas, provincia de Corrientes. Ahí tenemos clientes que son chacareros, pequeños productores, comerciales, e increíblemente siempre termina saliendo en las conversaciones el recuerdo del Rastrojero. Y llama la atención el amor con el que lo recuerda”, contó Pucheta en charla con Bichos de Campo.

“Acá en la ciudad tenemos dos. Uno de los más viejitos y otro que es naranja, que fue de los últimos. Me interioricé en su historia, empecé a buscar información y, como estaba estudiando herramientas de IA, me puse a ver cómo sería un Rastrojero hoy en día”, señaló a continuación.
Sus clientes no tardaron en prenderse a su juego y le acercaban sus críticas y comentarios para pulir los diseños que Pucheta iba generando.
“Las primeras versiones eran muy genéticas. Una se parecía a una Hilux, incluso, y a la gente no le gustó nada”, comentó entre risas. Con cada vez más curiosos, el contador decidió abrir una página de Instagram y empezar a subir allí los diseños. En poco tiempo, el usuario @rastrojeroargentino superó los 30 mil seguidores. ¿Pero podían esos diseños convertirse en realidad?

“Investigando llegué a una legislación que indica que se puede hacer un vehículo artesanal o de preserie. Incluso podemos armar el Rastrojero original, con las mismas características, con el motor y sus componentes, si lo hacemos de forma artesanal. El Ford Cobra es un ejemplo de eso. En Argentina existen varios talleres de fabricación de vehículos artesanales y uno de los que se hace es el Cobra, que dejó de fabricarse en forma masiva hace muchísimos años”, explicó Pucheta.
Y aunque algunos le sugirieron hacerlo directamente en China, el chaqueño está convencido de que este proyecto puede servir para desarrollar una industria local.
“Hacerlo en China es factible desde los números, pero ya no sería un vehículo de industria nacional. Y esa es su esencia, su identidad. Mi visión es que se funde una empresa automotriz con la capacidad de diseñar, homologar y fabricar al Rastrojero. Que sea una camioneta moderna, robusta, pero simple y orientada al trabajo. Esa es la filosofía que se perdió hace mucho tiempo y que quiero recuperar”, indicó.
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Con eso en mente, Pucheta lanzó un libro en el que incluye no solo el manifiesto de esta iniciativa, sino todos los planos para el armado de este Rastrojero moderno, que comercializa a través de redes y con el cual busca financiar el lanzamiento del prototipo.
“Muchos se acercaron a ofrecerme apoyo, colaboración. Yo creo que este libro es una forma de transparentar el proyecto y los recursos que obtengamos. Arranqué con unas pocas hojas y hoy tiene más de 500. Vale 15.000 pesos y ya son muchos los que lo adquirieron”, dijo.
-¿Estás cerca de la marca o te falta?- le preguntamos.
-Falta mucho. Llegamos al 1% de lo que necesitamos, pero paso a paso vamos llegando. Para mí siempre hay que festejar los pequeños logros, porque gota a gota es como se llena un vaso. Es como si fuéramos un grupo de estudiantes vendiendo empanadas para viajar a Bariloche. No hay un grupo empresarial multimillonario detrás. Esto es todo a pulmón, con pasión y la ilusión de que este vehículo vuelva a las calles.

