Hay jardines que se diseñan de una vez y quedan más o menos iguales durante años. Y hay otros que cambian todo el tiempo, acompañando la vida de quienes los habitan. El jardín de Claudia Pagouapé en Coronel Suárez, es de esos últimos.
Cuando llegó a su casa actual junto a su marido Diego y sus tres hijos, en 1995, el lugar era muy distinto al que se ve hoy. Después llegó un cuarto hijo, cambiaron las rutinas, crecieron los chicos y el jardín también fue encontrando nuevas formas.
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“Este jardín ha ido mutando”, cuenta Claudia mientras recorre los distintos sectores. Y alcanza con caminarlo unos minutos para entender a qué se refiere. Donde antes había espacios para jugar a la pelota hoy crecen árboles y arbustos. Algunos rincones que fueron pensados para los chicos cambiaron de función cuando ellos crecieron. El jardín nunca dejó de transformarse, pero sin perder su esencia.
Una de las cosas que más llama la atención es cómo logra mantener una identidad a pesar de tantos cambios. Parte de esa respuesta está en los buxus, una especie que aparece repetida una y otra vez en distintos sectores. Claudia calcula que tiene más de sesenta ejemplares distribuidos por toda la propiedad.
“Los buxus perviven en lo que une todo el jardín”, explica. También están las formas redondeadas, que se repiten en distintas escalas y terminan dándole carácter al conjunto. No es casualidad. Las esferas tienen un significado especial para ella. “El formato de esfera me moviliza”, dice. La frase ayuda a entender por qué esos volúmenes aparecen constantemente a lo largo del recorrido.

Pero más allá del diseño, lo que vuelve particular a este jardín son las historias que guarda cada planta. Muchas llegaron desde viajes, otras fueron regalos de amigos o intercambios entre apasionados por las plantas. Algunas incluso vienen acompañando a la familia desde otras casas.
“Está armado con plantas compradas, con plantas traídas de viaje”, resume Claudia. Por eso recorrer el jardín es también recorrer parte de la historia familiar. Cada sector habla de una etapa distinta. Hay recuerdos de la infancia de los hijos, de proyectos encarados en distintos momentos y de personas que dejaron su huella a través de una planta.

A Claudia le gusta que el jardín se descubra caminándolo. Que no se revele de una sola vez. Por eso fue creando distintos ambientes conectados entre sí, donde siempre aparece algo nuevo para observar. Con el paso de los años, ese espacio terminó convirtiéndose en una de sus principales formas de expresión.
“Creo que mi forma en la que más me he expresado artísticamente quizás es a través del jardín”, reconoce.
Después de más de tres décadas, el jardín sigue cambiando. Siguen apareciendo plantas nuevas, ideas nuevas y rincones que se transforman. Y quizás esa sea una de las razones por las que resulta tan interesante: porque no muestra una foto congelada en el tiempo, sino la historia viva de una familia contada a través de las plantas.






