Hace 10 días, la cotización del dólar en Uruguay perforó valores mínimos en los últimos 5 años y reavivó un debate que, en efecto, sobrevolaba dentro del sector productivo: la apreciación del peso uruguayo pone en riesgo la competitividad, acota los márgenes de ganancia y daña la inversión.
De hecho, con una pérdida de más de 3 puntos porcentuales, esa moneda es la que más se apreció durante el último tiempo en todo el mundo, por encima de los países nórdicos o de otras potencias.
La consultora Blasina y Asociados destacó el dato que pone en cifras concretas este debate y es el del “Índice Big Mac”, que define si el tipo de cambio está “caro” o “barato” usando como unidad de comparación la famosa hamburguesa de la M dorada. La última medición ubica a Uruguay en segundo puesto, sólo por debajo de Suiza, y señala que el peso oriental está 43,1% sobrevaluado respecto al dólar.

Hace más de 40 años que, cada 6 meses, la prestigiosa revista The Economist elabora y difunde el “índice Big Mac”, que compara cuánto cuesta esa hamburguesa en distintos países, convertida a dólares. La base es Estados Unidos, respecto a lo cual se define si una moneda está sobrevaluada o subvaluada.
A enero del 2026, los países con Big Macs más caros en dólares son Suiza, Argentina y Uruguay. Mientras que en Estados Unidos la hamburguesa cuesta cuesta 6,12 dólares, en el país europeo se consigue a 7,99, aquí a 7,37 y en Uruguay a 6,91 dólares.
A esos precios se los cruza con el tipo de cambio oficial y se lo compara con el de de “equilibrio”, es decir, lo que igualaría el precio en dólares en ambos países. Así, el índice establece que el franco suizo y el peso uruguayo están, respectivamente, 48,4% y 43,1% sobrevaluados.
Para igualar el precio de la hamburguesa con Estados Unidos, el cambio debería ser de 55,39 pesos uruguayos por dólar, pero hoy se ubica en torno a los 38,5 pesos.
Anteriores mediciones habían ubicado a Argentina entre las monedas sobrevaluadas, fruto de la política de devaluación “controlada” (al 2% mensual) y mucho menor que la tasa de inflación. Pero ese encarecimiento en dólares se retrajo a mediados del año pasado, cuando el ranking arrojó que el peso pasó de ser la segunda moneda más apreciada del mundo a estar subvaluada.
La razón está en que, el tipo de cambio debería ser de 1307,19 pesos para que la Big Mac cueste lo mismo en dólares aquí que en el país del norte. The Economist tomó como referencia la cotización en torno a los 1.445 pesos y, por ello, señaló que la moneda nacional cotiza 9,6% por debajo de su valor.
En la misma línea se ubican el peso chileno (11,4%), el sol peruano (17,8%) y el real brasileño (27,3%). Dentro de América Latina, Uruguay tiene hoy el tipo de cambio más apreciado (43,1% por encima), y a nivel global se ubica incluso por encima de la corona noruega (22,8%), la danesa (16,7%), la libra británica (15,7%) y el euro (15,3%).

La situación local generó una firme réplica desde el sector productivo, que exigió al gobierno de Yamandú Orsi contradecir sus promesas de campaña e intervenir en el mercado para revertir la tendencia.
Desde la región del Litoral, donde se concentra el grueso de la actividad destinada a la exportación, señalaron que la depreciación del dólar (en casi 20 puntos durante los últimos meses) combinada con el aumento de costos en moneda local (de hasta el 8%) perfora los márgenes de rentabilidad, incluso sin tener que afrontar los distorsivos derechos de exportación (DEX) que aquí sí se cobran.
Es el mismo argumento que nuclea el debate local, donde el sector agropecuario reaviva la presión por devaluar o exige medidas alternativas cada vez que la apreciación del peso le quita competitividad o complica su estructura de costos.

La respuesta del equipo económico uruguayo no se hizo esperar. Lo primero fue una fuerte baja de tasas anunciada por el Banco Central y celebrada por los exportadores. La reducción de la política monetaria fue de unos 100 puntos básicos y se ubica hoy en torno al 6,5%, con el objetivo de reactivar la economía.
De hecho, el “enfriamiento” ha sido tal que en 2025 la inflación cerró en 3,65%, el nivel más bajo de los últimos 2 años e inferior a las estimaciones de la autoridad económica. Acompañado por una caída sostenida del dólar, el Banco Central decidió entonces sumar más herramientas para atenuar su impacto.
La más importante es la intervención directa en el mercado de capitales, mediante la compra de dólares a futuro y la coordinación con las empresas públicas –sobre todo, la petrolera Ancap y la eléctrica UTE– para que hagan lo propio y cumplan con sus obligaciones.
Asimismo, el ministro de Economía, Gabriel Oddone, señaló que se acelerará la puesta en práctica de “medidas concretas” que mejoren la formación de precios en insumos clave, como lo son las regulaciones de productos medicinales y fitosanitarios.




